{"id":7863,"date":"2026-05-02T03:09:52","date_gmt":"2026-05-02T03:09:52","guid":{"rendered":"https:\/\/neomano.com\/?p=7863"},"modified":"2026-05-02T04:50:28","modified_gmt":"2026-05-02T04:50:28","slug":"historia-de-una-fruta-que-se-alquilaba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/neomano.com\/en\/historia-de-una-fruta-que-se-alquilaba\/","title":{"rendered":"Historia de una fruta que se alquilaba"},"content":{"rendered":"<p>Hace un par de a\u00f1os andaba investigando para el libro <em>Guayaquil, Historias a Color<\/em>, revisando im\u00e1genes del Guayaquil de hace m\u00e1s de un siglo, cuando me top\u00e9 con una escena en el Club Metropolitano. La \u00e9lite guayaquile\u00f1a en pleno banquete, todos elegant\u00edsimos, las mesas vestidas con manteles impecables. Y en el centro, en lugar de flores o alg\u00fan arreglo elaborado, estaba <strong>aquella pi\u00f1a<\/strong>, equilibrandose sobre un plato, con su penacho verde en la cabeza. Como adorno, brillando como un foco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfUna pi\u00f1a sin cortar?<\/em>, pens\u00e9 para mis adentros. \u00bfAs\u00ed sin m\u00e1s, s\u00f3lo una pi\u00f1a puesta vertical, sin rebanar?. La pint\u00e9, pues esa era mi labor, colorizar el Guayaquil de &#8220;antes&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a fijarme en otras fotos del mismo per\u00edodo. Y all\u00ed estaban otra vez: pi\u00f1as erguidas, como adorno central. Pi\u00f1as en mesas de gala. Pi\u00f1as que claramente no estaban all\u00ed para comerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo no encajaba del todo. La pi\u00f1a, es una fruta muy com\u00fan, pero&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 se pon\u00edan <em>pi\u00f1as<\/em> como adorno en varios banquetes de la \u00e9poca?<br><br>&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p>Crist\u00f3bal Col\u00f3n fue el primero en llevar una pi\u00f1a a Europa, en 1496. La fruta ven\u00eda del Caribe y para los europeos era una rareza absoluta. Nada parecido exist\u00eda en el &#8220;viejo continente&#8221;: esa textura, ese dulzor, esa corona de hojas espinosas como si fuera un fruto dise\u00f1ado por alguien con mucha imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La fascinaci\u00f3n fue inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hab\u00eda un problema enorme: el transporte. A diferencia de otras frutas m\u00e1s resistentes, la pi\u00f1a no aguantaba bien los viajes largos en barco. Maduraba en alta mar, se estropeaba, se descompon\u00eda. De cada cargamento que part\u00eda del Caribe rumbo a Europa, apenas unos pocos ejemplares llegaban a los puertos en condiciones aceptables. El resto terminaba pudri\u00e9ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>Imaginen el resultado: una fruta ex\u00f3tica, deliciosa&#8230; y rar\u00edsima.<\/p>\n\n\n\n<p>La pi\u00f1a termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en el s\u00edmbolo de estatus m\u00e1s extravagante de la Europa de los siglos XVII y XVIII.<\/p>\n\n\n\n<h2>Una pi\u00f1a costaba lo que un auto<\/h2>\n\n\n\n<p>En la Inglaterra del siglo XVIII, una sola pi\u00f1a pod\u00eda costar el equivalente a unos <strong>ocho mil d\u00f3lares de hoy<\/strong>. <\/p>\n\n\n\n<p>Quienes pod\u00edan pagarla \u2014reyes, arist\u00f3cratas, \u00e9lite acomodada\u2014 no la compraban necesariamente para com\u00e9rsela. La compraban para <em>exhibirla<\/em>. La pi\u00f1a se convirti\u00f3 en el centro de mesa por excelencia en los banquetes. Era una manera silenciosa pero contundente de decirle a los invitados: <em>miren lo que puedo permitirme<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos las paseaban incluso por la calle, bajo el brazo, simplemente para que los vieran carg\u00e1ndola. Como hoy alguien pasea con un bolso de marca o llega a una reuni\u00f3n en un auto deportivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la pi\u00f1a terminaba muy verde o muy madura, daba igual. Lo que importaba no era la fruta. Era la apariencia. La pi\u00f1a pasaba de banquete en banquete, de evento en evento, hasta que se descompon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La obsesi\u00f3n lleg\u00f3 a tal punto que se la inmortaliz\u00f3 en piedra: si miran las dos torres de la Catedral de San Pablo en Londres, hay pi\u00f1as talladas en lo alto. Tambi\u00e9n en los obeliscos del puente de Lambeth. La pi\u00f1a se convirti\u00f3, literalmente, en un emblema arquitect\u00f3nico de la riqueza.<\/p>\n\n\n\n<h2>El negocio del alquiler<\/h2>\n\n\n\n<p>Pero lo m\u00e1s curioso vino despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>En Londres, la demanda era tan alta y el precio tan prohibitivo que no toda la aristocracia pod\u00eda darse el lujo de comprar una. Y entonces surgi\u00f3 un negocio que hoy nos parece rid\u00edculo, pero que en su momento tuvo todo el sentido del mundo: <strong>alquilaban pi\u00f1as<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed. Si usted era londinense con cierto poder adquisitivo, pero sin el suficiente para comprar una pi\u00f1a entera, pod\u00eda pagar para <em>alquilarla<\/em> durante una velada. Llev\u00e1rsela a casa, ponerla en el centro de su mesa, deslumbrar a sus invitados durante el banquete, y al d\u00eda siguiente devolverla al comerciante. Quien probablemente la volv\u00eda a alquilar a otro cliente, y a otro, y a otro&#8230; hasta que la pobre pi\u00f1a ya no diera para m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Una sola pi\u00f1a recorr\u00eda as\u00ed, en sus \u00faltimos d\u00edas, varias mesas y varios anfitriones distintos. Cada uno la exhib\u00eda como si fuera suya. Como si hubiera podido pagar por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Imaginen el espect\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<h2>Cuando lo raro deja de ser raro<\/h2>\n\n\n\n<p>\u00bfHasta cu\u00e1ndo dur\u00f3 esto?<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que los ingleses lograron cultivar la pi\u00f1a en sus propios invernaderos \u2014los famosos <em>pineapple pits<\/em>, sistemas calefaccionados con esti\u00e9rcol que manten\u00edan el calor tropical en pleno invierno brit\u00e1nico\u2014 y, m\u00e1s tarde, en sus colonias. La oferta subi\u00f3. El transporte mejor\u00f3. Los precios cayeron. La pi\u00f1a dej\u00f3 de ser rara. Dej\u00f3 de ser ex\u00f3tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, casi inmediatamente, dej\u00f3 de ser un s\u00edmbolo de estatus.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy una pi\u00f1a cuesta menos que un caf\u00e9. Nadie alquila una para impresionar a sus invitados. Si la pones de centro de mesa, lo m\u00e1s probable es que alguien te pregunte si te olvidaste de servirla.<\/p>\n\n\n\n<h2>Lo que las cosas valen<\/h2>\n\n\n\n<p>Esta historia me dej\u00f3 pensando.<\/p>\n\n\n\n<p>El valor de las cosas no siempre tiene que ver con lo que las cosas <em>son<\/em>, sino con lo dif\u00edciles que son de obtener. Cuando algo deja de ser raro, deja de tener ese aura especial. Lo mismo aplica a las pi\u00f1as, a las modas, a las experiencias, a la tecnolog\u00eda, a casi todo lo que nos rodea.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hoy parece extraordinario, ma\u00f1ana es trivial. Lo que hoy es trivial, alguna vez fue extraordinario.<\/p>\n\n\n\n<p>Y vuelvo, claro, a aquellas tres pi\u00f1as sobre la mesa del Club Metropolitano. Ahora que conozco esta historia, esa fotograf\u00eda me cuenta otra cosa muy distinta. No son simples decoraciones. Son ecos de una \u00e9poca en que esa fruta \u2014esa misma fruta que hoy compramos sin pensarlo\u2014 hablaba en silencio del estatus, del poder y del esfuerzo de un anfitri\u00f3n por demostrar que pertenec\u00eda a la \u00e9lite.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces lo m\u00e1s extraordinario est\u00e1 justo frente a nosotros, esperando que descubramos su historia.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace un par de a\u00f1os andaba investigando para el libro Guayaquil, Historias a Color, revisando im\u00e1genes del Guayaquil<\/p>","protected":false},"author":1,"featured_media":7869,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[177,59,60],"tags":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v16.5 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Historia de una fruta que se alquilaba - Neomano.com<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, 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