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	<title>Literatura &#8211; Neomano.com</title>
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	<description>Blog de tecnología, curiosidades e historia</description>
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	<title>Literatura &#8211; Neomano.com</title>
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		<title>La asombrosa historia de amor de Isabel de Godín</title>
		<link>https://neomano.com/la-asombrosa-historia-de-amor-de-isabel/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 May 2023 04:50:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Toda esta historia comienza en realidad con Sir Isaac Newton y sus Leyes del Movimiento, que causaron revuelo</p>
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<p>Toda esta historia comienza en realidad con Sir Isaac Newton y sus Leyes del Movimiento, que causaron revuelo mundial y permitían a los científicos del mundo convertirse en una suerte de hechiceros y predecir cosas. Entre estas cosas el propio Newton había predicho que la tierra no era una esfera perfecta, sino que se encontraba achatada en los polos y prolongada en el ecuador. Así que, los franceses, se dieron a la tarea de demostrarlo.</p>



<p>Recordemos que Newton era inglés y la reputada Academia de Ciencias de Francia no podía permitir que un inglés brillara por el mundo sin dar guerra antes, por lo que había que corroborar que esta predicción era cierta y dispusieron de todos los recursos necesarios para ello.</p>



<p>Así que enviaron dos equipos de científicos, uno al Polo Norte y otro a La República del Ecuador (aun no se llamaba así en ese entonces). Se preveía que el equipo del Polo Norte terminara su misión al final, pues las calamidades de llegar al inclemente Polo Norte suenan mucho más severas que las de viajar al Ecuador, pero resultó al revés… y por mucho. Los europeos de ese entonces (y esto continúa hasta la actualidad) no entienden cómo funciona la sociedad hispana y sus trámites burocráticos. También hay que recordar que los colonizadores españoles de ese entonces pusieron todo tipo de controles a los franceses, por temor de que todo fuera un ardid de los franceses para estar espiando cuestiones relativas a sus “secretos&#8221; coloniales.</p>



<p>En asunto es que fue en el año 1735, cuando la expedición científica liderada por Charles-Marie de La Condamine llegó al país para llevar a cabo la medición del meridiano terrestre y contribuir al estudio de la forma y dimensiones de nuestro planeta. Entre los miembros de esta misión se encontraba Jean Godín, un joven oficial francés apasionado por la ciencia y la aventura, quien, para no alargar la historia, se enamoró perdidamente de Isabel Gramesón, una hermosa ecuatoriana que hablaba perfecto francés. En realidad muchos miembros de la misión geodésica se vieron envueltos en líos de faldas, duelos a muerte y un sinúmero de entuertos durante esta misión de medición, la cual duró años, tantos, que al final ya nadie en Europa los estaba esperando, pues habían ya corroborado la predicción de Newton con los datos del equipo del Polo Norte.</p>



<p>Jean Godín tuvo el tiempo suficiente para sus amoríos y tratándose de una distinguida dama de sociedad lo procedente era, que entablara un noviazgo formal y así fue. De hecho, tuvo tiempo de enarmorarse y hasta de proponer matrimonio, casarse y embarazar a su esposa Isabel. Fue después de esto que se le acabó el tiempo.</p>



<p>Sucedió que en algún momento Jean Godín, tuvo que regresar a Francia a pelear una herencia familiar tras la muerte de su padre. Decidió hacer un heróico viaje por el Amazonas, con destino al poblado de Cayena, en la Guayana Francesa, para alcanzar el atlántico y tomar un barco que lo lleve a Europa. Su espíritu aventurero lo había llevado por una ruta difícil e incierta, llena de tribus y peligros. Si tenía éxito, de paso, habría establecido una nueva ruta con un territorio francés en América. Isabel, recientemente embarazada, se quedó al cuidado de su vientre. </p>



<p>Jean llegó finalmente a su Francia natal, pero Isabel no lo supo y pasó 18 años sin noticias de su marido. Desesperada, abatida, angustiada, pensó lo peor y lo más probable&#8230; pero un día recibió una carta que lo cambió todo.</p>



<p>A partir de allí, buscó desesperadamente una forma de llegar a la selva amazónica y reunirse con él. A pesar de los riesgos y las advertencias de aquellos que la rodeaban, decidió emprender una travesía épica a través de la selva, con la esperanza de encontrar a Jean y llevarlo de vuelta a casa.</p>



<p>Armada con valentía y determinación, Isabel comenzó su viaje hacia lo desconocido. Atravesó ríos caudalosos, sorteó espesos bosques y enfrentó las inclemencias de la selva. En su camino, encontró tribus indígenas amigables que la ayudaron y protegieron, mientras que otros trataron de disuadirla de continuar, preocupados por su seguridad. Sin embargo, nada podía detenerla en su búsqueda desesperada por su amado esposo.</p>



<p>Pasaron meses y las dificultades parecían insuperables, pero Isabel no renunció. Siguió adelante, alimentada por la esperanza y el amor que sentía por Jean. Finalmente, después de una travesía agotadora y llena de peligros, Isabel llegó al campamento donde se encontraba la expedición francesa. La sorpresa y la emoción inundaron el corazón de Jean al ver a su amada esposa de pie ante él, contra todo pronóstico.</p>



<p>Su reencuentro fue un momento de alegría indescriptible. El amor que habían compartido durante tantos años se materializó en un abrazo que parecía fusionar sus almas. Isabel había demostrado que ningún obstáculo era lo suficientemente grande como para separarlos. Juntos, enfrentaron los retos restantes de la expedición y finalmente regresaron a Quito, donde pudieron disfrutar de una vida juntos, rodeados de amor y gratitud.</p>



<p>La historia de amor de Isabel de Godín y Jean Godín es un testimonio de la fortaleza del espíritu humano y la capacidad del amor para superar cualquier desafío. Isabel demostró una valentía y una determinación inquebrantables al aventurarse en lo desconocido para reunirse con su esposo, desafiando las convenciones sociales y los peligros de la selva amazónica. Su historia es un recordatorio de que el amor verdadero puede mover montañas y trascender las barreras impuestas por la distancia y las circunstancias.</p>



<p>Hoy en día, Isabel de Godín es recordada como una heroína en Ecuador, un símbolo de coraje y amor eterno. Su historia ha inspirado a generaciones de ecuatorianos a creer en la fuerza del amor y la posibilidad de superar cualquier obstáculo en busca de la felicidad. La increíble travesía de Isabel a través de la selva amazónica es un legado perdurable que nos recuerda que cuando el amor nos guía, no hay límites para lo que podemos lograr.</p>
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		<title>Amores de ultratumba</title>
		<link>https://neomano.com/amores-de-ultratumba/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Santiago Duque Arias Hacia 1930 corrió por todo el país la noticia que el mar estaba echando</p>
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<p><em><strong>Por:</strong> Santiago Duque Arias</em></p>



<p>Hacia 1930 corrió por todo el país la noticia que el mar estaba echando doblones de oro en las playas de Mar Bravo cercanas a Salinas, donde hoy se levanta la Base Naval.</p>



<p>Entonces el sitio era desierto y venteado, una brisa marina envolvía el ambiente y los pescadores evitaban sus playas por considerarlas de grave peligrosidad. Los buques que hacían cabotaje desde Guayaquil pasaban lo más lejos posible para no encallar en sus traicioneras rocas y las pocas familias guayaquileñas que invernaban por los contornos se cuidaban mucho de frecuentar la región; pero con la novedad de las monedas, en un dos por tres la región cobró vida y hasta se levantaban carpas para dormir y ser los primeros en bajar a las playas a hurgar las famosas monedas coloniales.</p>



<p>Pepe Viteri fue uno de los más entusiastas pues había visto algunos doblones en poder de don Primo Díaz en la fábrica de hielo “La Polar”, única que existía en la península y también quería tener en sus manos las tan ansiadas piezas de metal, que según anunciaban los periódicos provenían de un gran tesoro que transportaba la fragata “Leocadia”, cuando por los vientos y las olas encrespadas había naufragado cerca de las costas de Mar Bravo.</p>



<p>Así pues, también llevó su carpa y se estuvo con otros aventureros varios días, buscando y buscando, hasta que halló tres monedas de la época de Carlos IV, Rex Hispanorum, iguales a las que había palpado en Salinas. Feliz con su hallazgo emprendió el regreso, pero en mitad del camino fue asaltado y murió de una certera puñalada. Nunca se encontraron sus monedas que se perdieron con los asesinos. Sus amigos de aventura llevaron pocas horas después el cadáver a la estación del ferrocarril y la familia concurrió a recibirlo en la actual ciudadela Ferroviaria, donde su novia Carmela lo abrazó, como solía hacerlo siempre que se despedían.</p>



<p>Un año después Carmela se animó a conocer el sitio donde había muerto Pepe y pidió a sus padres que la llevaran a Salinas, pues quería depositar unas flores en Mar Bravo. Al principio trataron de explicarle que mejor era olvidar el asunto pero viendo la insistencia de su parte terminaron por acceder a sus deseos. Bien es cierto que se trataba de una chica resuelta, que cuando se le ponía algo en la cabeza no desmayaba hasta hacerlo.</p>



<p>Llegados a Salinas se alojaron en el Hotel Tívoli y al día siguiente empezó la marcha a Mar Bravo. Carmela portaba un ramo de rosas de la Sierra que había adquirido en Guayaquil y casi desde el comienzo fue arrojándolas de una en una, a la vera del caminito que la llevaba a cumplir su destino; claro está que esto último nadie lo sabía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="900" height="750" src="https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/hotel-tivoli-salinas.png" alt="" class="wp-image-5285" srcset="https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/hotel-tivoli-salinas.png 900w, https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/hotel-tivoli-salinas-300x250.png 300w, https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/hotel-tivoli-salinas-768x640.png 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p>Cuando llegaron a las rocas, se detuvo y quiso que le indiquen el sitio exacto donde su amado Pepe había buscado las monedas y entonces, sin que nadie pudiera sujetarla, se lanzó al vacío y se estrelló al caer, muriendo de contado.</p>



<p>Desde ese día dicen los cholos playeros dicen que no es bueno pasear por la zona, sobre todo si se lo hace en compañía del ser amado, porque unos brazos mortales jalan con fuerza hacia el mar; y que no han sido pocos los novios que se han estrellado y muerto, pues el club que iniciaran Pepe y Carmela aumentará mucho más hasta la consumación a los siglos, en amorosa unión de las almas de un asesinado y una suicida.</p>



<p>Otros pescadores relatan que de tarde en tarde se ve algo así como dos sombras que más que caminar se deslizan unidas por las playas y luego se internan en el mar plomizo y bravo, desapareciendo por momentos para reaparecer después; que estas visiones acarrean mala suerte y que quien las ve debe persignarse y huir.</p>
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		<title>El Conde de Montecristo</title>
		<link>https://neomano.com/el-conde-de-montecristo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Raúl Guerrero El primer libro que leí de tapa a tapa fue un resumen ilustrado de El</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Por:</strong> Raúl Guerrero</em></p>



<p>El primer libro que leí de tapa a tapa fue un resumen ilustrado de El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Lo gané en un concurso de composición a los siete años. Supongo que lo leí con tal gusto porque después de ganar el concurso me negaron el premio.</p>



<p>Vivíamos en Huigra, un pueblo diminuto y encantador. La compañía Guayaquil &amp; Quito Railway, constructora del ferrocarril del Ecuador, dirigida por el ingeniero Archer Harman, decidió establecer en Huigra la gerencia de la empresa ferroviaria que finalmente en 1908 culminó la monumental empresa de unir la costa y la sierra andina. Medio siglo antes habían abandonado los franceses la obra aludiendo que más fácil sería hacer volar a un burro que doblegar la barrera de los Andes.</p>



<p>Dos calles cruzaban Huigra: la Calle del Tren, paralela al Río Chanchán, y al otro lado del río se abría la otra calle, llamada, naturalmente, El Otro Lado. Huigra es un valle con medio kilómetro de ancho por dos de largo. En Huigra empieza un callejón ascendente hacia la imperiosa muralla rocosa de los Andes donde un pico enorme en forma de nariz se levanta como centinela infernal. Los constructores pronto tildaron al pico rocoso Nariz del Diablo.</p>



<p>Había tres escuelas, dos fiscales, la escuela de barones y la de niñas, y el colegio mixto del Padre Paredes. El concurso de composición lo organizó el Padre Paredes con motivo de la semana del Escolar Ecuatoriano.</p>



<p>A cuarenta años de distancia, y con nostalgia, recuerdo Huigra como el escenario de una película del Oeste con comedores, tiendas, cantinas, la iglesia en lo alto de la colina, un hotel administrado por la viuda del propietario inglés que le dio el nombre, Hotel Morley, y al norte, a un cuarto de kilometro, la ciudadela ferroviaria con una enorme casona donde funcionaba la gerencia.</p>



<p>Mi padre era Secretario Divisional del ferrocarril. Uno de los privilegios del cargo era residir en la vieja casona color verde perico y amarillo canario. No era privilegio cualquiera. Era vivir en una cápsula fuera de la geografía del Ecuador, mucho más cerca a la zona del Canal de Panamá, a su vez levantada en imagen y semejanza del Sur de los Estados Unidos. Teníamos teléfono, por ejemplo, en una época que la mayoría de los ecuatorianos no había visto un teléfono ni anticipaba usarlo jamás. Teníamos hospital privado, carpintería, herrería, bodegas llenas de dinamita, un gallinero bien surtido, árboles de aguacate y chirimoya, un jardín lleno de nardos, y muchachas y muchachos de servicio, y el guardián o wachimán.</p>



<p>El río, a la altura de la gerencia, tenía un recodo de agua dormida donde nadábamos o pasábamos la tarde sentados en las enromes rocas que con precisión fotográfica describió García Marques como huevos de aves prehistóricas. No había carretera a Huigra, pero nosotros teníamos estacionado a un costado de la casona un carro de mano, un automóvil de riel conchuevino.</p>



<p>Durante las primeras décadas del siglo veinte, la ciudadela ferroviaria fue una pequeña colonia americana. Entonces se transfirió la administración de la empresa al estado. La elección de Huigra para sede del ferrocarril obedeció a tres razones, según puño y letra de Archer Hartman: (1) Se encontraba justo a mitad de camino entre Guayaquil y Riobamba, el tramo comercial principal. En efecto dos trenes de pasajeros salían a las seis de la mañana de Riobamba y de Guayaquil y coincidían en Huigra para el almuerzo. Arroz con huevo frito y algún guisado de carne era el plato típico, acompañado de una gaseosa helada. Los vendedores pregonaban a pulmón suelto. Los pasajeros de primera comían en bajilla de hierro enlozado con cubiertos, los de segunda y tercera en hojas de col y con la mano. (2) Huigra era una eterna primavera. (3) Archer Hartman quería estar lo más lejos posible de la politiquería capitalina que a punto estuvo de truncar la empresa.</p>



<p>La primavera eterna incidió en que el padre Paredes, un cura independiente, instalara un internado a donde iban a parar los muchachos de la clase media alta de Guayaquil que habían sido expulsados de colegios prestigiosos. Debió tener un nombre oficial el colegio, pero se lo conocía como el Colegio del Padre Paredes.</p>



<p>Huigra también atraía personajes famosos de Guayaquil durante el invierno. En Guayaquil, el puerto principal y centro financiero del país, y en esa época la capital mundial del banano, el calor y los zancudos se confabulan para martirizar a la población. Entre diciembre y abril las familias pudientes escapaban. No pocas familias invernaban en Huigra.</p>



<p>Aprovechó el Padre Paredes que un destacado intelectual guayaquileño vacacionaba en Huigra para convocar el concurso de composición y comprometerlo a ser juez. Como era la semana del Escolar Ecuatoriano, el concurso fue para estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado. La idea del padre Paredes era incentivar a los estudiantes de su colegio a la escritura. El intelectual puso una condición antes de aceptar ser el juez: que también se invitara a participar a los estudiantes de la escuela fiscal.</p>



<p>Yo cursaba el tercer grado en la escuela fiscal. Escribí una composición sobre los curas y los gallinazos basado en mi observación de niño y las enseñanzas de un profesor comunista. Había dos curas en Huigra, el párroco, el cura oficial, y el padre Paredes, el cura independiente. Los dos andaban con sotana negra y a veces con ese peculiar sombrero de ala ancha y copa pequeña. Y había gallinazos en abundancia. Gallinazos negros con el pescuezo pelado y un copete que se parecía al copete de los curas. Eran los años sesenta y todos los hombres usaban copete. Mi profesor era comunista. Había sido estudiante de la Universidad Central de Quito, una universidad sumamente politizada. La familia lo había mandado de Riobamba a estudiar leyes, pero al cabo de dos años se acabó la plata y al futuro abogado no le quedó más que conseguir trabajo en el magisterio. Llegó a Huigra con ínfulas comunistas y su copete, porque también los comunistas usaban copete.</p>



<p>En la escuela fiscal un profesor enseñaba todas las asignaturas del grado, y nuestro profesor algunos días sólo hablaba de los grandes pecados de la iglesia. A él le escuché hacer la analogía entre gallinazos y curas, ambos aves de rapiña decía. En realidad, ahora sé que estuvo equivocado, los gallinazos son aves de carroña más que de rapiña. Por una semana me dediqué a observar las similitudes entre los gallinazos y los dos curas de Huigra. Plasmé mis observaciones en una composición que el intelectual guayaquileño seleccionó ganadora. Entre otras cosas, dijo al explicar su decisión, mi composición era la más corta.</p>



<p>Surgió una controversia. El concurso se convocó para estudiantes de cuarto, quinto y sexto grados. Los estudiantes perdedores esgrimieron en su defensa la ilegitimidad de mi participación pues yo estaba en tercer grado. Los profesores del quinto y sexto grado del colegio del padre Paredes me descalificaron y otorgaron el premio a uno de sus estudiantes sobresalientes. La composición ganadora era una elegía a la disciplina en rima que si mal no recuerdo comenzaba con las siguientes líneas: La disciplina es una mina cuya riqueza al niño empina. Mientras la mía comenzaba así: El cura y el gallinazo, pálidos seres ojerosos, de negro van y vienen en busca de alguna rata muerta o limosna.</p>



<p>El intelectual tomaba cerveza todas las noches en un salón que tenía una potente rocola. Comenzaba a beber con Bésame Mucho de Lucho Gatica. Es lo que decían en casa cuando a eso de las siete los acordes del bolero volaban por el pueblo: Ay, ya habrá comenzado el intelectual a beber solo. En casa yo crecía rodeado de mujeres: la abuelita, mamá, la tía Raquel, tres hermanas, casi siempre una o dos primas y alguna comadre de paso, las vecinas y las muchachas. Qué hombre tan raro, decían las mujeres de la casa, como si le costaran las palabras, hay que sacárselas con tirabuzón. La abuelita, que ya no oía nada pero habiendo aprendido a leer los labios metía su cuchara en todas las conversaciones, razonó que a lo mejor el intelectual era medio mudo, y advirtió que se anduvieran con cuidado pues había dos tipos de mudo, el mudo que por voluntad de Dios no hablaba, y el que se hacía el mudo, el mudo sabido.</p>



<p>Me puse un gorro y baje al pueblo a ver al intelectual. En efecto, estaba en una mesa tomando cerveza sólo. Vestía camisa blanca y pantalones oscuros, y a través de gruesos lentes, los que se llamaban de culo de botella, tenía extraviada la vista en el horizonte oscuro. Como yo era niño pensaba que a lo mejor los intelectuales podían ver a través de la oscuridad. Le escuché a mi profesor decir: Hay hombres que miran a través de las sombras, hombres que por sabios se los cree locos. Las mujeres de la casa así pensaban del intelectual. Ese hombre bebe solo, decían, sin entender como prefería el silencio a su locuaz compañía.</p>



<p>&#8211; <em>Buenas noches</em>, lo saludé.</p>



<p><em>&nbsp; &nbsp;&#8211; Cuidado</em>, me advirtió el propietario del salón, <em>a un intelectual no hay que molestarle cuando piensa</em>.</p>



<p>No era mi intención molestarle sino denunciar una injusticia. Me presenté. Le expliqué que me había negado el premio por estar en el tercer grado. El intelectual soltó una enorme carcajada. Recuerdo claramente su voz gruesa:&nbsp;<em>Te han negado el premio por ser demasiado joven.&nbsp;</em>No dijo más. Yo interpreté su silencio como una manera de despedirme. Regresé a casa derrotado.</p>



<p>La entrega del premio fue el domingo después de la misa que el padre Paredes pronunciaba ataviado elegantemente. Me parece que el padre Paredes en ciertas ocasiones vestía de cardenal (no sé si inventé este recuerdo.) Lo cierto es que después de cada misa el padre Paredes manifestaba su afecto a las feligreses con efusivos abrazos. Me cuenta mi madre que disimuladamente manoseaba a las señoritas y a las madres jóvenes con sus manos escurridizas. El cura era un Tenorio pero nunca abusó a menores. Su mujer oficial, se rumoraba, era la señorita rectora del colegio.</p>



<p>Inmediatamente después de la Bendición, el padre Paredes pidió a los feligreses que permanecieran sentados. Y prosiguió así: Y ahora nos es grato presentarles al distinguido intelectual que nos honra con su presencia para entregar el premio a la mejor composición en esta la semana del Escolar Ecuatoriano. El premio lo levantó para que todos lo vieran. Se trata nada menos y nada más que de una preciosa novela ilustrada del gran escritor francés Alejandro Dumas para inspirar en la muchachada el amor por las letras y el buen hábito de la lectura. El Padre Paredes también elogió la labor del profesor de sexto grado. Qué no hay alumno sin su profesor, dijo.</p>



<p>El intelectual no había asistido a la misa. Entró a la capilla justo ese momento y se dirigió al altar. Yo asistía con indignación la ceremonia. Más indignación me provocaba el intelectual que los mismos profesores de quinto y sexto que me descalificaron. Cada cual cuidaba su gallinero, decía la abuelita. ¿Pero él, no debió él haberme defendido?</p>



<p>El intelectual tomó la palabra. Dijo que sentía vergüenza ajena (desde entonces llevo esa expresión como un florero en un rincón de mi cerebro.) ¿Descalificar a un niño por ser menor a los otros concursantes? Era un síntoma de la enfermedad, dijo, que cada día hundía más al país en la mierda.</p>



<p>Un suspiro ahogado recorrió la capilla. Jamás nadie había dicho mierda desde el pulpito.</p>



<p>El intelectual pidió que se pusiera de píe el autor de la composición Los curas y los gallinazos. Me puse de píe. No será El Conde de Montecristo, dijo al verme, pero es mi último libro de cuentos y te lo regalo.</p>



<p>El Padre Paredes se interpuso. Dijo que nunca era tarde para reparar un daño, y con puñales en los ojos le quitó la novela ilustrada de Dumas al profesor de sexto grado y me la entregó después de un fuerte apretón de manos, añadiendo: Al Cesar lo que es del Cesar y al Escolar Ecuatoriano lo que es del Escolar Ecuatoriano.</p>



<p>Yo tenía siete años. Mucho después, ya cuando emigré a Estados Unidos, le encontré al padre Paredes caminando de la mano con la señorita rectora en Nueva York. Solté un grito de emoción: ¡Padre Paredes! Tremenda fue su sorpresa. Estaba en viaje de compras, dijo, y al caer en cuenta que aun tenía en su mano la mano de la señorita rectora se sonrojó. Una precaución, dijo, no fuera a ser que se perdieran en un país extranjero.</p>
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		<title>Don Ramón</title>
		<link>https://neomano.com/don-ramon/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Memorias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace casi 20 años que murió mi abuelo Julio y aun conservo vívidos los recuerdos de aquella mente</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Hace casi 20 años que murió mi abuelo Julio y aun conservo vívidos los recuerdos de aquella mente inquieta, vivaz, apasionada, metódica. Dicen que &#8220;tuvo su genio&#8221; cuando joven, pero yo conocí al viejito trabajador, al inventor, el reparador de todo, que en su taller transformaba cosas viejas en cosas útiles. Al alquimista. El que me hacía horquetas (resorteras) con ramas de árbol para que jugara. Aquel que soldaba con estaño, el que me enseñó a usar el esmeril y a fabricar tarritos con latas de aceite. El que me construyó mi primera caja de herramientas de hojalata y me hizo prometer que sus viejas máquinas quedarían en mis manos cuando muera. El que me fue a ver al colegio caminando y me llevaba a comprar chatarra al tianguis dominical, con su periódico de ayer bajo el brazo y su pluma Parker en la guayabera. El que coleccionaba máquinas sumadoras, cerraduras y revistas de Mecánica Popular, y me enseñó a apreciar lo hermoso de lo antiguo. &#8220;Ya nada se fabrica como antes&#8221;. El que practicaba caligrafía por las noches y anotaba todo a puño y letra. El que me enseñó a mitigar mi alergia al polvo oliendo aguardiente de caña y a hacer rompope con un tenedor. De quien aprendí a preparar la cola de carpintero, a cepillar madera, a reparar duchas eléctricas, a hacer líquidos misteriosamente útiles con ácido muriático. Quien me contó para qué se usaba el borax y el que me contagió, sin saberlo, el amor por las locomotoras de vapor que aun conservo&#8230; Quien vio en mi el retrato de su hijo que extrañaba.</em></p>



<p><em>Contador de historias, sus anécdotas siempre guardaban algo de magia. Las hazañas de la época del ferrocarril, cuando ganó la competencia de mecanografía, cuando se disfrazaba de fantasma, cuando fue telegrafista, cuando construyó su fábrica de gaseosas de la nada, cuando puso el negocio de la planta de luz en el pueblo, cuando dormía con su revolver bajo la almohada para cuidar la casa de la montaña. Sus emprendimientos eran historias de aventura para mi. Contador de chistes, su risa a las 6 de la mañana viendo Tres Patines. Su conversación después de la merienda. Fue la única persona que conocí que tomaba café cargado para poder dormir. Le copié la costumbre de derretir una viruta de mantequilla en el café caliente.</em></p>



<p><em>No supe darle homenaje en su momento a todo lo que me dejó. La muerte no me gusta. Pero semanas después de su partida el homenaje vino de parte de una persona cercana que me compartió, conmovida, un escrito en honor a su memoria. Lo leí una sola vez. Noté los nombres cambiados de los personajes y supuse una suerte de camuflaje de emociones. Era lo justo. No lo volví a leer, pero lo recordé claramente hasta hoy, casi 20 años después, que le dije &#8220;aun tendrás por ahí aquello que escribiste&#8221; y como si lo hubiera escrito ayer me lo envió en ese instante. Lo tenía allí guardado para siempre. Gracias Muoi.</em></p>



<p>&#8212;&#8211;</p>



<p><strong>DON RAMÓN</strong></p>



<p>by Muoi Tran</p>



<p>Don Ramon, I saw you. I saw your eyes looking at the ceiling. The light was dim in your room, and there was a strong smell of puro and herbal honey tea. There you were, reclining lazily on a bed of pillows. Ready to take a long nap after you grew bored with your faded book, pages torn from routine.</p>



<p>But I saw your pinched nerves under the blanket. And the yellow blood under your skin that betrayed the truth of immobility. I saw your eyes beneath the clouds, looking up only, waiting. Not bearing to look straight ahead at us or inwardly at yourself.</p>



<p>*****<br>“Go to the kitchen, Luisito,” Tia Rosa yelled in a whisper. “You know your</p>



<p>Grandfather Ramon can’t drink anything.”<br>“But I’m thirsty,” Luisito said again. “He can’t hear us. Grandfather doesn’t know</p>



<p>that I’m thirsty.”<br>“Keep the light on,” Tia Rosa said. “He is afraid of the dark. Let’s keep the light on</p>



<p>for my beloved Father. Let’s keep him company.”<br>After we fell like dominoes, heavy limbs criss-crossing one another, you didn’t dare</p>



<p>to blink. The artificial light didn’t fool you, Don Ramon. The neighbors’ kids were silent. The darkness from outside penetrated.</p>



<p>“Take his left hand,” Tia Rosa said. “It’s the one that works.”</p>



<p>You did not let go of whatever was in its clutches. You grabbed onto us for dear life, your life, one that was slipping out from under you and through us. We pulled our hands away. Your eyes began to weep single drops. But your hand gripped. You wanted life. We could not give you ours.</p>



<p>“Scream if he stops breathing,” Tia Rosa said. “I’m tired and I need to rest. I’m the only person here who is with him night and day, every day. I have to take care of everything. Tia Berta does not even call. She doesn’t send a dime.”</p>



<p>Your breathing made a funny sound. In and out. In and out. Our mouths feed us, quench our thirst and allow us to speak our minds. Your mouth, Don Ramon, was denied of all three functions. But it gave you air. In and out, in and out. We continued to talk and to laugh because we heard your breathing.</p>



<p>*****<br>Forgive us if we stared sometimes. Forgive us if we asked you questions you could</p>



<p>not answer. Forgive us if we talked about ourselves in loud voices and about you in tiny ones. Between tears and laughter, we turned to you.</p>



<p>“Remember how Don Ramon always walked with his eyes down, looking for discarded keys and other metallic objects?”</p>



<p>“Remember that lamp that Don Ramon built out of the broken antenna? Ha! It’s telescopic.”</p>



<p>“That was Don Ramon. Our Grandfather. My Father.” Look up now, Don Ramon. Look up now.</p>
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		<title>Medardo Ángel Silva y la Danza de Pavlova</title>
		<link>https://neomano.com/medardo-y-la-danza-de-pavlova/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Curiosidades]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[biografia de medardo angel silva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Escrito por: Vicente Adum G. Este video es de la famosa bailarina Anna Pavlova interpretando La Muerte del</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Escrito por: Vicente Adum G.</p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Este video es de la famosa bailarina Anna Pavlova interpretando La Muerte del Cisne. En mayo de 1917, Anna y el Gran Ballet Ruso se presentaron en Guayaquil, y entre el público se encontraba el poeta <strong>Medardo Angel Silva</strong>. Tan conmovido quedó Silva después de presenciar la interpretación de Pavlova del cisne moribundo que, de acuerdo con Rodolfo Pérez, escribió escondido tras las cortinas del palco de prensa del teatro Olmedo <strong>su célebre poema</strong> DANSE D&#8217;ANITRA (nombre seguramente inspirado en el drama Peer Gynt del noruego Henry Ibsen). Hoy, gracias a Youtube, tenemos a la mano esta filmación de la década de 1920 en la que Pavlova interpreta su célebre muerte del cisne, lo que nos permite tener toda una nueva dimensión para la comprensión e interpretación de aquel maravilloso poema del bardo guayaquileño, a los cien años de su muerte.<span class="\&quot;Apple-converted-space\&quot;">  </span>En la coreografía, un cisne ha sido mortalmente herido y lucha dolorosamente contra su muerte, pero al final, pierde la batalla y muere.<span class="\&quot;Apple-converted-space\&quot;">  </span>A la luz de este video y de esta explicación, les invito a leer el poema en cuestión</span>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Anna Pavlova as The Swan" width="640" height="480" src="https://www.youtube.com/embed/tkFSBkl9mmo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p><a href="https://neomano.com/wp-admin/edit.php?post_type=post"></a></p>



<h2>DANSE D&#8217;ANITRA</h2>



<p class="\&quot;p3\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Va ligera, va pálida, va fina,<br>cual si una alada esencia poseyere<br>Dios mío, esta adorable danzarina<br>se va a morir&#8230;, se va a morir&#8230;, se muere.</span></p>



<p class="\&quot;p3\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Tan aérea, tan leve, tan divina,<br>se ignora si danzar o volar quiere;<br>y se torna su cuerpo un ala fina,<br>cual si el soplo de Dios la sostuviere.</span></p>



<p class="\&quot;p3\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Sollozan perla a perla cristalina<br>las flautas en ambiguo miserere&#8230;<br>Las arpas lloran y la guzla trina&#8230;<br>¡Sostened a la leve danzarina,<br>porque se va a morir&#8230;, porque se muere!</span></p>



<p class="\&quot;p4\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En el video se escucha el audio superpuesto correspondiente a El Cisne de El Carnaval de los Animales de Saint-Säens, que es la música sobre la que Anna Pavlova ejecutó, guiada por el coreógrafo Mikhail Fokine, su ahora célebre ballet conocido popularmente como La Muerte del Cisne. <span class="\&quot;Apple-converted-space\&quot;">&nbsp; </span>Es necesario aclarar esto ya que debido al nombre que escogió Silva para su poema, se ha creído erróneamente que la música que bailó Pavlova en el teatro Olmedo era la compuesta por Edvard Grieg para la obra Peer Gynt, supuesto que difiere ampliamente de la realidad.</span></p>
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		<title>Horacio de Tosango y su Insólita Virtud Estacionaria</title>
		<link>https://neomano.com/horacio-de-tosango-y-su-insolita-virtud-estacionaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con el pasar del tiempo, el pobre Horacio de Tosango se sentía metálico. La vertical flama solar del</p>
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<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Con el pasar del tiempo, el pobre Horacio de Tosango se sentía metálico. La vertical flama solar del medio día lo había tostado de un café rojizo, como el color del herrumbre. Pero Horacio seguía inmóvil en medio de la plaza polvorienta, subido sobre el plinto donde debía ir la estatua que nunca llegó. Tanto había demorando la llegada de la estatua que ya nadie recordaba la identidad del prócer que ocuparía ese lugar; y tanto tiempo había estado allí sentado Horacio de Tosango, que ya algunos pensaban que era en realidad la estatua de algún desconocido importante.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En la madrugada, cuando el Lucero del Alba estaba en su zenit, bebía las microscópicas gotas del aire circundante que respiraba y se alimentaba de los néctares celulares de los diminutos insectos que se filtraban en su respiración y que eran atraídos por la luz de un lánguido foco incandescente, que habían instalado los empleados de la junta parroquial. En su última visita de mantenimiento habían escrito en su reporte: <em>reemplazo de luminaria de estatua desconocida. </em>En el destartalado y semi abandonado pueblo ya nadie recordaba la identidad de la estatua, de hecho, ya nadie recordaba la historia del pueblo. Desde la gran estampida migratoria que se llevó a casi toda la población, sólo quedaron los mas necios, los que se aferraron a sus casas. Con el tiempo se volvieron ancianos desmemoriados, que morían delebles, solitarios. No era raro entrar en una casa abandonada y encontrar un cuerpo disecado en su cama, aun arropado en sus cobijas.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Sus signos vitales giraban al mínimo. Había logrado llegar al estado donde la vida era imperceptible, donde su espíritu de momia se burlaba de&nbsp;la muerte, que ya no podía reconocerlo entre sus cuentas pendientes. Nadie sabía con ciencia cierta cuánto tiempo había estado allí. Nadie recordaba ya, ese rostro&nbsp;de un pasado congelado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En los primeros días su cabello había crecido como un largo helecho hasta tocar el piso; pero con el pasar del tiempo, se había caído, dándole un aspecto de noble anciano disecado, sosegado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">El arcilloso polvo había formado una costra gruesa y sólida sobre su piel; se había convertido en la coraza de una crisálida que se mantenía en estado suspensivo, congelado su contenido, hasta en sus pensamientos; como esperando el momento exacto para decidirse entre volver a la vida&#8230; o a&nbsp;la muerte.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Fue después de mucho tiempo, tal vez años, tal vez décadas, que llegó al pueblo una misión de monjes de un continente&nbsp;lejano. Se alojaron en el único y destartalado hotel que quedaba. El anciano que atendía no había visto un huésped&nbsp;en años, pero aún limpiaba con prolijidad la corvada mesa de la recepción y recordaba su otrora popular&nbsp;amabilidad hospitalaria, de cuando el hotel&nbsp;se llenaba de visitantes, que pernoctaban en su larga travesía de días hasta la capital; cuando el tren se detenía al final del día en la ahora abandonada&nbsp;estación.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Los forasteros le hicieron toda clase de preguntas en un idioma desconocido, que el anciano correspondía&nbsp;con sonrisas de amabilidad e historias incoherentes de cuando el pueblo era la joya resplandeciente de la vía ferroviaria. Ninguna pregunta fue respondida, ninguno entendió&nbsp;el idioma del otro, pero todos quedaron satisfechos con la conversación. Los monjes le pagaron con sueños tan serenos y placenteros que el anciano había comenzado a recuperar cierta lozanía y su espalda había dejado de doler. El jardín del hotel volvió a florecer y una nube centinela patrullaba el cielo, prodigando una sombra de oasis a la vieja casa de madera podrida.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Todas las noches, los extraños visitantes salían a la plaza a observar el esperpento embalsamado en que se había convertido Horacio&nbsp;de Tosango. Lo miraban fijamente por horas, con los ojos cerrados algunas veces, como rezando. Lo tocaban y balbuceaban palabras; hacían girar unas&nbsp;extrañas&nbsp;ruedas sobre un eje de madera, como contando.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;">Ya fuera por el constante toqueteo de los monjes, ya fuera por el calcinante rigor&nbsp;del sol ecuatorial de aquel verano, la estatua comenzó a mostrar pequeñas grietas. El pedúnculo cartilaginoso con que se encontraba adherida al plinto de mármol también comenzó a debilitarse.</p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Una noche, en la que todos estaban durmiendo se escuchó un jolgorio repentino. Algunos se despertaron asustados&nbsp;por una luz como de rayo que lo llenó todo. En la plaza, los monjes estaban en un estado de exaltación indescriptible, llorando de felicidad frente al caparazón desmenuzado&nbsp;de Horacio&nbsp;de Tosango. Sobre sus cabezas volaba en círculos una mariposa gigantesca, desparramando chorros de luz&nbsp;sobre la noche.</span></p>
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		<title>Mi Cielo está Contigo</title>
		<link>https://neomano.com/mi-cielo-esta-contigo-microrelato/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sólo faltabas tú esa noche. A las montañas se las había comido ya esa nada color negro que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Sólo faltabas tú esa noche. A las montañas se las había comido ya esa nada color negro que se entrevera con las plumas de los mirlos y le roba el color a las cosas. Pero el cielo estaba despejado y aquella franja traslúcida se ceñía como un cinturón, dibujado en aquel inmenso domo cristalino. Era un espectáculo maravilloso el que te perdías en la lejanía ciudadana: la vía láctea.</span></p>



<p>Me sentí más sólo que de costumbre. Ni siquiera mis fantasmas vienen cuando te espero, porque saben que eres mi única aparición posible. Saben que te pienso y que sonrío… y me olvido de todo lo demás, hasta de mi.</p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">A propósito, hace un rato cerré mis ojos y te vi encendiendo la luz de alguna luna vagabunda. ¿Vuelas conmigo? ¿Jugamos a enfriar soles lejanos? ¿Escribimos versos en las estelas de los astros?. o mejor soñamos que desenredo tu pelo a tientas mientras termina la noche y te duermes a mi lado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Creo que estoy algo nostálgico, sabes?. A lo mejor es este horizonte<span class="\&quot;Apple-converted-space\&quot;"> </span>y sus escarchas, o a lo mejor es que tengo el cuerpo cansado de recorrer el cielo sin caminos.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Quieres que te hamaquee en mis brazos y te duermes? ¿Quieres navegar a una galaxia desconocida, tomada de la mano… yo no te suelto nunca.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Un destello en mi cabeza te dibuja. ¿Será que estás viniendo? ¿Será que ya te liberaste de la crisálida que te tenía prisionera? ¿Será que viajas pasajera en la cola de un cometa? </span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Tengo un plan por si no llegas, un consuelo. Escribiré para ti más noches de lunas sonrientes, de enjambres brillantes. Las regaré por la bóveda celeste, en un patrón de corazón desordenado… y las pondré fugaces o del color de tu luna preferida. Las voy a decorar con cintas caprichosas y jugaré a encontrar tus ojos en el fondo de alguna nebulosa.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Miramos las estrellas? ¿Tu conmigo?… No importa nos separe la distancia, siempre el cielo que tu ves es como el mío. A pesar de que no escuche tus palabras, en el fondo de este espacio distanciado, lo importante de tu cielo está a mi lado.</span></p>
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		<item>
		<title>Historia de un alma liberada</title>
		<link>https://neomano.com/historia-de-un-alma-liberada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me iré una noche, cuando nadie me vea. Cuando el silencio y la oscuridad camuflen mi identidad inexplicable.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Me iré una noche, cuando nadie me vea. Cuando el silencio y la oscuridad camuflen mi identidad inexplicable. Saldré del castillo moribundo antes que los pájaros despierten, cuando aun estés dormida y tus latidos resuenen con los míos; para que de este modo no me notes, para que no sientas como mi respiración se pierde entre los aires de la noche.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Si te preguntan qué pasó, diles que fui un sueño de la fiebre. Que el mal de las montañas corría por tu sangre, inyectado por un diente de serpiente.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Todos te creerán. Nunca nadie dio su fe de mi presencia. Nunca nadie a mi me vio, encarnado aquí en mi cuerpo y si alguien vio mi sombra, fue tal vez cuando escondido entre ropajes, vivía entreverado entre tus prendas.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Fui tu piel, casi tu mismo. Vivimos tan unidos, que tejimos juntos la crisálida envolvente que nos une. Ahí estuve siendo líquido en tus llantos, apretando el corazón en tus quebrantos. Fui tu mano y tu mis dedos, y tu vientre fue mi hogar en los inviernos. Cuando vino aquel recuerdo abandonado, fui también aquella historia que callaste.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Por eso, el día que me exhales, no te quedarás en el castillo reposada. Vendrás conmigo, incrustada en mi mismo, para siempre, dejando atrás el hilo etéreo que un día nos unía con tu cuerpo.</span></p>
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		<title>La extraña historia de aquella vez que amaneció a la medianoche (parte 1)</title>
		<link>https://neomano.com/la-extrana-historia-de-aquella-vez-que-amanecio-a-la-medianoche-parte-1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta es la primera parte de una historia basada en hechos reales, ocurridos en Siberia, en 1908. Un</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Esta es la primera parte de una historia basada en hechos reales, ocurridos en Siberia, en 1908. Un extraño fenómeno aun sin clara explicación, conocido como el Bólido de Tunguska.</em></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">La tarde del 27 de Junio de 1908, William Tallack se encontraba cerrando su zapatería. Caminó por la pequeña calle empedrada en dirección al río —le gustaba ver la entretenida vida fluvial antes de tomar el tranvía hacia su hogar, no muy lejos de allí. Al llegar vio un grupo de muchachos colgados del pasamanos de metal, mirando al cielo desde la mitad del puente… “está verde!” decían, mientras señalaban al cielo “mira, por detrás de esas nubes”.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">William miró con atención. En realidad el cielo se había pintado de color verde intenso en dirección al horizonte. Miró hacia el otro lado y vio el natural resplandor naranja de todas las tardes. Llegada la noche, todos en el puerto de Bristol estaban hablando de lo mismo, del extraño fenómeno de colores aparecido en el firmamento.</span></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="576" height="400" src="https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/castle-park.jpeg" alt="" class="wp-image-5289" srcset="https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/castle-park.jpeg 576w, https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/castle-park-300x208.jpeg 300w" sizes="(max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En el tranvía, William notó que todos comentaban del extraño acontecimiento. Que horas antes vieron unas luces intensas en el cielo, que era el halo de un ángel que cayó en la tierra, que eran experimentos con la luz eléctrica, que era un castigo de Dios que se acercaba. Él no habló con nadie. Tenía el cansancio acumulado de toda la semana presionándole las palabras.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Llegó a su departamento en el último piso de un pequeño edificio de tres plantas cerca del río Avon, en el barrio de Hotwells. Era noche de sábado y William acostumbraba a tomar una taza de té en su pequeña mesa de madera. Solitario. El té no era un acontecimiento social para él, sino más bien todo lo contrario, un momento para refugiarse de la sociedad y disfrutar de las cosas elementales, que están de la piel para adentro, un acto de reflexión. Cerraba los ojos de vez en cuando y se imaginaba de chico, metido en el taller de su padre en la casa de campo, en las montañas de Dartmoor, al sur de Inglaterra. </span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Todo el día atendiendo clientes en la zapatería, en medio del bullicio de la zona comercial de la bullente ciudad, le habían hecho apreciar sus momentos de ermitaño.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">No podía dormir esa noche. Se acordaba del cielo verde fulgurante al final de la tarde. Recordaba también una leyenda de su abuelo en Dartmoor. De aquella vez que la iglesia de San Pancracio fue impactada por una gigante bola de luz que vino del cielo y que mató a varios fieles en medio de la prédica. Un esférico latigazo luminoso que dañó parte del techo de la iglesia. Trataba de asociar ambos acontecimientos de algún modo, no podía recordar si la leyenda de su abuelo estaba pintada de verde en algún lado, pero sí recordaba que su abuelo le decía que el rayo aniquilador había sido enviado por el demonio para llevarse las almas de los que juegan cartas o apuestan en secreto durante la misa. Luego de examinar los cadáveres se confirmó que se trataba de los apostadores más voraces de la región.</span></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" width="470" height="599" src="https://neomano.com/wp-content/uploads/2021/06/gran-tormenta-microcuento.gif" alt="" class="wp-image-5291"/></figure>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Amaneció como cualquier domingo. William sacó la cabeza por la buhardilla y miró al cielo con dirección al Este. No vio nada raro, sólo un hermoso y no muy frecuente, pero tampoco imposible, cielo azul. Tenía una carta de su hermana sin abrir sobre su mesa, que no había podido leer la noche anterior por andar pensativo. La abrió.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Su hermana le contaba de la apacible vida en el campo y le confesaba su preocupación por el estilo de vida que él llevaba, que se dé un descanso de tanto trabajar y que deje la zapatería encargada con su primo y ayudante por unos días, que se tome unas vacaciones, que ya tenía 25 años y aun no tenía descendencia, que ya era mucho tiempo sin verlo, que sus padres lo echaban de menos, que tenía mucho que contarle.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">El domingo transcurrió sin sobresaltos, se sentó a revisar las cuentas del negocio, se puso a responder la carta de su hermana —se le hizo difícil decidir una respuesta, pues le atraía la idea de despejar la cabeza e ir unos días a Dartmoor.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En la tarde salió a visitar a un amigo. Había quedado en llevarle un par de zapatos recién reparados. Caminó por el empedrado de la vereda y de repente notó un súbito alboroto en la calle, en dirección al río. Siguió a la multitud movido por la curiosidad. No hizo falta preguntar a nadie, la razón del alboroto de mostró obvia ante sus ojos justo antes de llegar a la multitud. Un verde fulgor en el cielo, más intenso que el del día anterior, se develaba hacia el Este, con magnitud variable, como latiendo y despidiendo de cuando en cuando destellos luminosos, incluso después de entrada la noche. La curiosidad de la ciudad, despertada el día anterior, se comenzó a transformar en temor, temor a lo desconocido.</span></p>



<p>(Continuará)</p>
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		<title>El Atarvante</title>
		<link>https://neomano.com/el-atarvante/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un buen día desperté temprano, salí por la ventana y me subí al primer árbol que vi. No</p>
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<p>Un buen día desperté temprano, salí por la ventana y me subí al primer árbol que vi. No había viento y el chismorreo de la hojarasca se detuvo por completo. Una calma de ojo de huracán lo invadió todo, de repente. En cierto momento, el silencio era insoportable, hasta que me escuché a mi mismo. Allí, escarbando en esa nada silenciosa, comencé a notar el susurrar de mis latidos, el sonido gutural de mis digestiones, la áspera brisa de mi respiración.</p>



<p>Escuché con atención y percibí un sonido como de beso cada vez que pestañeaba&#8230; y sonreí. Sonreí otra vez. Lo supe porque escuché el crujido de mis labios mientras se movían, <em>muecamente</em>. Después me di cuenta que siempre supe reconocer mis sonidos orgánicos; a lo mejor lo supe hasta antes de nacer, mientras flotaba en esa otra nada acuosa, invadida de sonidos que lo iluminaban todo.</p>



<p>La luz! a lo mejor fue la luz, pensé. La luz que vi al nacer fue lo que me distrajo de aquel génesis sonoro que ahora distingo. La magia de la luz, ese arcoíris luminoso que maravilla pero que a veces también se convierte en una gran luminotecnia confusora, confundidora, confusa&#8230; que hace que todos los demás sentidos parezcan accesorios, sobrantes.</p>



<p>Así que, cerré los ojos, huyendo de los filudos rayos luminosos y me dejé llevar por la música que fluía de mi mismo, prominente, en la oscuridad absoluta&#8230; hasta que sentí que todo yo era un torrente de <strong>fluidos</strong> que producían sonidos chisgueteantes, fluidos confinados dentro de finísimas mangueras conectadas unas con otras en una telaraña. Un revoltijo tubular, que recorría mi cerebro y bajaba hasta mis pies, llevando <strong>humedad</strong> a todo mi cuerpo. Yo, era un yo de <strong>agua</strong>.</p>



<p>Me encontraba ya extasiado, imaginando que era líquido, nadando en un insalobre mar infinito, entretenido entre sonidos acuosos, como de arroyo invernal, como de mar, como de lluvia&#8230; cuando el atarvante de mi primo Juanito Javier me despertó.</p>



<p>Lo vi con odio al principio, porque me despertó para discutir sus banalidades de siempre: que si había escuchado la última contratación para la delantera del Barcelona, me dijo. Lo ignoré como siempre lo ignoro cuando viene con sus idioteces e intenté dormir nuevamente, intentando retomar aquel maravilloso sueño licuado.</p>



<p>Pensé en agua, pensé en mar, pensé en arroyito invernal, hasta que escuché el grito estridente de mi primo&#8230; &#8220;<em>Jajajaja&#8230; Este bobazo se ha meado dormido!!!</em>&#8220;</p>
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