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	<title>Microrelato &#8211; Neomano.com</title>
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	<description>Blog de tecnología, curiosidades e historia</description>
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	<title>Microrelato &#8211; Neomano.com</title>
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		<title>La asombrosa historia de amor de Isabel de Godín</title>
		<link>https://neomano.com/la-asombrosa-historia-de-amor-de-isabel/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 May 2023 04:50:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Toda esta historia comienza en realidad con Sir Isaac Newton y sus Leyes del Movimiento, que causaron revuelo</p>
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<p>Toda esta historia comienza en realidad con Sir Isaac Newton y sus Leyes del Movimiento, que causaron revuelo mundial y permitían a los científicos del mundo convertirse en una suerte de hechiceros y predecir cosas. Entre estas cosas el propio Newton había predicho que la tierra no era una esfera perfecta, sino que se encontraba achatada en los polos y prolongada en el ecuador. Así que, los franceses, se dieron a la tarea de demostrarlo.</p>



<p>Recordemos que Newton era inglés y la reputada Academia de Ciencias de Francia no podía permitir que un inglés brillara por el mundo sin dar guerra antes, por lo que había que corroborar que esta predicción era cierta y dispusieron de todos los recursos necesarios para ello.</p>



<p>Así que enviaron dos equipos de científicos, uno al Polo Norte y otro a La República del Ecuador (aun no se llamaba así en ese entonces). Se preveía que el equipo del Polo Norte terminara su misión al final, pues las calamidades de llegar al inclemente Polo Norte suenan mucho más severas que las de viajar al Ecuador, pero resultó al revés… y por mucho. Los europeos de ese entonces (y esto continúa hasta la actualidad) no entienden cómo funciona la sociedad hispana y sus trámites burocráticos. También hay que recordar que los colonizadores españoles de ese entonces pusieron todo tipo de controles a los franceses, por temor de que todo fuera un ardid de los franceses para estar espiando cuestiones relativas a sus “secretos&#8221; coloniales.</p>



<p>En asunto es que fue en el año 1735, cuando la expedición científica liderada por Charles-Marie de La Condamine llegó al país para llevar a cabo la medición del meridiano terrestre y contribuir al estudio de la forma y dimensiones de nuestro planeta. Entre los miembros de esta misión se encontraba Jean Godín, un joven oficial francés apasionado por la ciencia y la aventura, quien, para no alargar la historia, se enamoró perdidamente de Isabel Gramesón, una hermosa ecuatoriana que hablaba perfecto francés. En realidad muchos miembros de la misión geodésica se vieron envueltos en líos de faldas, duelos a muerte y un sinúmero de entuertos durante esta misión de medición, la cual duró años, tantos, que al final ya nadie en Europa los estaba esperando, pues habían ya corroborado la predicción de Newton con los datos del equipo del Polo Norte.</p>



<p>Jean Godín tuvo el tiempo suficiente para sus amoríos y tratándose de una distinguida dama de sociedad lo procedente era, que entablara un noviazgo formal y así fue. De hecho, tuvo tiempo de enarmorarse y hasta de proponer matrimonio, casarse y embarazar a su esposa Isabel. Fue después de esto que se le acabó el tiempo.</p>



<p>Sucedió que en algún momento Jean Godín, tuvo que regresar a Francia a pelear una herencia familiar tras la muerte de su padre. Decidió hacer un heróico viaje por el Amazonas, con destino al poblado de Cayena, en la Guayana Francesa, para alcanzar el atlántico y tomar un barco que lo lleve a Europa. Su espíritu aventurero lo había llevado por una ruta difícil e incierta, llena de tribus y peligros. Si tenía éxito, de paso, habría establecido una nueva ruta con un territorio francés en América. Isabel, recientemente embarazada, se quedó al cuidado de su vientre. </p>



<p>Jean llegó finalmente a su Francia natal, pero Isabel no lo supo y pasó 18 años sin noticias de su marido. Desesperada, abatida, angustiada, pensó lo peor y lo más probable&#8230; pero un día recibió una carta que lo cambió todo.</p>



<p>A partir de allí, buscó desesperadamente una forma de llegar a la selva amazónica y reunirse con él. A pesar de los riesgos y las advertencias de aquellos que la rodeaban, decidió emprender una travesía épica a través de la selva, con la esperanza de encontrar a Jean y llevarlo de vuelta a casa.</p>



<p>Armada con valentía y determinación, Isabel comenzó su viaje hacia lo desconocido. Atravesó ríos caudalosos, sorteó espesos bosques y enfrentó las inclemencias de la selva. En su camino, encontró tribus indígenas amigables que la ayudaron y protegieron, mientras que otros trataron de disuadirla de continuar, preocupados por su seguridad. Sin embargo, nada podía detenerla en su búsqueda desesperada por su amado esposo.</p>



<p>Pasaron meses y las dificultades parecían insuperables, pero Isabel no renunció. Siguió adelante, alimentada por la esperanza y el amor que sentía por Jean. Finalmente, después de una travesía agotadora y llena de peligros, Isabel llegó al campamento donde se encontraba la expedición francesa. La sorpresa y la emoción inundaron el corazón de Jean al ver a su amada esposa de pie ante él, contra todo pronóstico.</p>



<p>Su reencuentro fue un momento de alegría indescriptible. El amor que habían compartido durante tantos años se materializó en un abrazo que parecía fusionar sus almas. Isabel había demostrado que ningún obstáculo era lo suficientemente grande como para separarlos. Juntos, enfrentaron los retos restantes de la expedición y finalmente regresaron a Quito, donde pudieron disfrutar de una vida juntos, rodeados de amor y gratitud.</p>



<p>La historia de amor de Isabel de Godín y Jean Godín es un testimonio de la fortaleza del espíritu humano y la capacidad del amor para superar cualquier desafío. Isabel demostró una valentía y una determinación inquebrantables al aventurarse en lo desconocido para reunirse con su esposo, desafiando las convenciones sociales y los peligros de la selva amazónica. Su historia es un recordatorio de que el amor verdadero puede mover montañas y trascender las barreras impuestas por la distancia y las circunstancias.</p>



<p>Hoy en día, Isabel de Godín es recordada como una heroína en Ecuador, un símbolo de coraje y amor eterno. Su historia ha inspirado a generaciones de ecuatorianos a creer en la fuerza del amor y la posibilidad de superar cualquier obstáculo en busca de la felicidad. La increíble travesía de Isabel a través de la selva amazónica es un legado perdurable que nos recuerda que cuando el amor nos guía, no hay límites para lo que podemos lograr.</p>
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		<title>Horacio de Tosango y su Insólita Virtud Estacionaria</title>
		<link>https://neomano.com/horacio-de-tosango-y-su-insolita-virtud-estacionaria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Con el pasar del tiempo, el pobre Horacio de Tosango se sentía metálico. La vertical flama solar del</p>
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<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Con el pasar del tiempo, el pobre Horacio de Tosango se sentía metálico. La vertical flama solar del medio día lo había tostado de un café rojizo, como el color del herrumbre. Pero Horacio seguía inmóvil en medio de la plaza polvorienta, subido sobre el plinto donde debía ir la estatua que nunca llegó. Tanto había demorando la llegada de la estatua que ya nadie recordaba la identidad del prócer que ocuparía ese lugar; y tanto tiempo había estado allí sentado Horacio de Tosango, que ya algunos pensaban que era en realidad la estatua de algún desconocido importante.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En la madrugada, cuando el Lucero del Alba estaba en su zenit, bebía las microscópicas gotas del aire circundante que respiraba y se alimentaba de los néctares celulares de los diminutos insectos que se filtraban en su respiración y que eran atraídos por la luz de un lánguido foco incandescente, que habían instalado los empleados de la junta parroquial. En su última visita de mantenimiento habían escrito en su reporte: <em>reemplazo de luminaria de estatua desconocida. </em>En el destartalado y semi abandonado pueblo ya nadie recordaba la identidad de la estatua, de hecho, ya nadie recordaba la historia del pueblo. Desde la gran estampida migratoria que se llevó a casi toda la población, sólo quedaron los mas necios, los que se aferraron a sus casas. Con el tiempo se volvieron ancianos desmemoriados, que morían delebles, solitarios. No era raro entrar en una casa abandonada y encontrar un cuerpo disecado en su cama, aun arropado en sus cobijas.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Sus signos vitales giraban al mínimo. Había logrado llegar al estado donde la vida era imperceptible, donde su espíritu de momia se burlaba de&nbsp;la muerte, que ya no podía reconocerlo entre sus cuentas pendientes. Nadie sabía con ciencia cierta cuánto tiempo había estado allí. Nadie recordaba ya, ese rostro&nbsp;de un pasado congelado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">En los primeros días su cabello había crecido como un largo helecho hasta tocar el piso; pero con el pasar del tiempo, se había caído, dándole un aspecto de noble anciano disecado, sosegado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">El arcilloso polvo había formado una costra gruesa y sólida sobre su piel; se había convertido en la coraza de una crisálida que se mantenía en estado suspensivo, congelado su contenido, hasta en sus pensamientos; como esperando el momento exacto para decidirse entre volver a la vida&#8230; o a&nbsp;la muerte.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Fue después de mucho tiempo, tal vez años, tal vez décadas, que llegó al pueblo una misión de monjes de un continente&nbsp;lejano. Se alojaron en el único y destartalado hotel que quedaba. El anciano que atendía no había visto un huésped&nbsp;en años, pero aún limpiaba con prolijidad la corvada mesa de la recepción y recordaba su otrora popular&nbsp;amabilidad hospitalaria, de cuando el hotel&nbsp;se llenaba de visitantes, que pernoctaban en su larga travesía de días hasta la capital; cuando el tren se detenía al final del día en la ahora abandonada&nbsp;estación.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Los forasteros le hicieron toda clase de preguntas en un idioma desconocido, que el anciano correspondía&nbsp;con sonrisas de amabilidad e historias incoherentes de cuando el pueblo era la joya resplandeciente de la vía ferroviaria. Ninguna pregunta fue respondida, ninguno entendió&nbsp;el idioma del otro, pero todos quedaron satisfechos con la conversación. Los monjes le pagaron con sueños tan serenos y placenteros que el anciano había comenzado a recuperar cierta lozanía y su espalda había dejado de doler. El jardín del hotel volvió a florecer y una nube centinela patrullaba el cielo, prodigando una sombra de oasis a la vieja casa de madera podrida.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Todas las noches, los extraños visitantes salían a la plaza a observar el esperpento embalsamado en que se había convertido Horacio&nbsp;de Tosango. Lo miraban fijamente por horas, con los ojos cerrados algunas veces, como rezando. Lo tocaban y balbuceaban palabras; hacían girar unas&nbsp;extrañas&nbsp;ruedas sobre un eje de madera, como contando.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;">Ya fuera por el constante toqueteo de los monjes, ya fuera por el calcinante rigor&nbsp;del sol ecuatorial de aquel verano, la estatua comenzó a mostrar pequeñas grietas. El pedúnculo cartilaginoso con que se encontraba adherida al plinto de mármol también comenzó a debilitarse.</p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Una noche, en la que todos estaban durmiendo se escuchó un jolgorio repentino. Algunos se despertaron asustados&nbsp;por una luz como de rayo que lo llenó todo. En la plaza, los monjes estaban en un estado de exaltación indescriptible, llorando de felicidad frente al caparazón desmenuzado&nbsp;de Horacio&nbsp;de Tosango. Sobre sus cabezas volaba en círculos una mariposa gigantesca, desparramando chorros de luz&nbsp;sobre la noche.</span></p>
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		<title>Mi Cielo está Contigo</title>
		<link>https://neomano.com/mi-cielo-esta-contigo-microrelato/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Sólo faltabas tú esa noche. A las montañas se las había comido ya esa nada color negro que se entrevera con las plumas de los mirlos y le roba el color a las cosas. Pero el cielo estaba despejado y aquella franja traslúcida se ceñía como un cinturón, dibujado en aquel inmenso domo cristalino. Era un espectáculo maravilloso el que te perdías en la lejanía ciudadana: la vía láctea.</span></p>



<p>Me sentí más sólo que de costumbre. Ni siquiera mis fantasmas vienen cuando te espero, porque saben que eres mi única aparición posible. Saben que te pienso y que sonrío… y me olvido de todo lo demás, hasta de mi.</p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">A propósito, hace un rato cerré mis ojos y te vi encendiendo la luz de alguna luna vagabunda. ¿Vuelas conmigo? ¿Jugamos a enfriar soles lejanos? ¿Escribimos versos en las estelas de los astros?. o mejor soñamos que desenredo tu pelo a tientas mientras termina la noche y te duermes a mi lado.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Creo que estoy algo nostálgico, sabes?. A lo mejor es este horizonte<span class="\&quot;Apple-converted-space\&quot;"> </span>y sus escarchas, o a lo mejor es que tengo el cuerpo cansado de recorrer el cielo sin caminos.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Quieres que te hamaquee en mis brazos y te duermes? ¿Quieres navegar a una galaxia desconocida, tomada de la mano… yo no te suelto nunca.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Un destello en mi cabeza te dibuja. ¿Será que estás viniendo? ¿Será que ya te liberaste de la crisálida que te tenía prisionera? ¿Será que viajas pasajera en la cola de un cometa? </span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Tengo un plan por si no llegas, un consuelo. Escribiré para ti más noches de lunas sonrientes, de enjambres brillantes. Las regaré por la bóveda celeste, en un patrón de corazón desordenado… y las pondré fugaces o del color de tu luna preferida. Las voy a decorar con cintas caprichosas y jugaré a encontrar tus ojos en el fondo de alguna nebulosa.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Miramos las estrellas? ¿Tu conmigo?… No importa nos separe la distancia, siempre el cielo que tu ves es como el mío. A pesar de que no escuche tus palabras, en el fondo de este espacio distanciado, lo importante de tu cielo está a mi lado.</span></p>
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		<item>
		<title>Historia de un alma liberada</title>
		<link>https://neomano.com/historia-de-un-alma-liberada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me iré una noche, cuando nadie me vea. Cuando el silencio y la oscuridad camuflen mi identidad inexplicable.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Me iré una noche, cuando nadie me vea. Cuando el silencio y la oscuridad camuflen mi identidad inexplicable. Saldré del castillo moribundo antes que los pájaros despierten, cuando aun estés dormida y tus latidos resuenen con los míos; para que de este modo no me notes, para que no sientas como mi respiración se pierde entre los aires de la noche.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Si te preguntan qué pasó, diles que fui un sueño de la fiebre. Que el mal de las montañas corría por tu sangre, inyectado por un diente de serpiente.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Todos te creerán. Nunca nadie dio su fe de mi presencia. Nunca nadie a mi me vio, encarnado aquí en mi cuerpo y si alguien vio mi sombra, fue tal vez cuando escondido entre ropajes, vivía entreverado entre tus prendas.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Fui tu piel, casi tu mismo. Vivimos tan unidos, que tejimos juntos la crisálida envolvente que nos une. Ahí estuve siendo líquido en tus llantos, apretando el corazón en tus quebrantos. Fui tu mano y tu mis dedos, y tu vientre fue mi hogar en los inviernos. Cuando vino aquel recuerdo abandonado, fui también aquella historia que callaste.</span></p>



<p class="\&quot;p1\&quot;"><span class="\&quot;s1\&quot;">Por eso, el día que me exhales, no te quedarás en el castillo reposada. Vendrás conmigo, incrustada en mi mismo, para siempre, dejando atrás el hilo etéreo que un día nos unía con tu cuerpo.</span></p>
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		<item>
		<title>El Atarvante</title>
		<link>https://neomano.com/el-atarvante/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un buen día desperté temprano, salí por la ventana y me subí al primer árbol que vi. No</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Un buen día desperté temprano, salí por la ventana y me subí al primer árbol que vi. No había viento y el chismorreo de la hojarasca se detuvo por completo. Una calma de ojo de huracán lo invadió todo, de repente. En cierto momento, el silencio era insoportable, hasta que me escuché a mi mismo. Allí, escarbando en esa nada silenciosa, comencé a notar el susurrar de mis latidos, el sonido gutural de mis digestiones, la áspera brisa de mi respiración.</p>



<p>Escuché con atención y percibí un sonido como de beso cada vez que pestañeaba&#8230; y sonreí. Sonreí otra vez. Lo supe porque escuché el crujido de mis labios mientras se movían, <em>muecamente</em>. Después me di cuenta que siempre supe reconocer mis sonidos orgánicos; a lo mejor lo supe hasta antes de nacer, mientras flotaba en esa otra nada acuosa, invadida de sonidos que lo iluminaban todo.</p>



<p>La luz! a lo mejor fue la luz, pensé. La luz que vi al nacer fue lo que me distrajo de aquel génesis sonoro que ahora distingo. La magia de la luz, ese arcoíris luminoso que maravilla pero que a veces también se convierte en una gran luminotecnia confusora, confundidora, confusa&#8230; que hace que todos los demás sentidos parezcan accesorios, sobrantes.</p>



<p>Así que, cerré los ojos, huyendo de los filudos rayos luminosos y me dejé llevar por la música que fluía de mi mismo, prominente, en la oscuridad absoluta&#8230; hasta que sentí que todo yo era un torrente de <strong>fluidos</strong> que producían sonidos chisgueteantes, fluidos confinados dentro de finísimas mangueras conectadas unas con otras en una telaraña. Un revoltijo tubular, que recorría mi cerebro y bajaba hasta mis pies, llevando <strong>humedad</strong> a todo mi cuerpo. Yo, era un yo de <strong>agua</strong>.</p>



<p>Me encontraba ya extasiado, imaginando que era líquido, nadando en un insalobre mar infinito, entretenido entre sonidos acuosos, como de arroyo invernal, como de mar, como de lluvia&#8230; cuando el atarvante de mi primo Juanito Javier me despertó.</p>



<p>Lo vi con odio al principio, porque me despertó para discutir sus banalidades de siempre: que si había escuchado la última contratación para la delantera del Barcelona, me dijo. Lo ignoré como siempre lo ignoro cuando viene con sus idioteces e intenté dormir nuevamente, intentando retomar aquel maravilloso sueño licuado.</p>



<p>Pensé en agua, pensé en mar, pensé en arroyito invernal, hasta que escuché el grito estridente de mi primo&#8230; &#8220;<em>Jajajaja&#8230; Este bobazo se ha meado dormido!!!</em>&#8220;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La Última Redención</title>
		<link>https://neomano.com/la-ultima-redencion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La mujer entró en el pequeño consultorio. Por la agitación evidente en su rostro, todos los que se</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La mujer entró en el pequeño consultorio. Por la agitación evidente en su rostro, todos los que se hallaban en la salita de espera entendieron que subió corriendo las escaleras que conectaban el segundo piso con la calle.</p>



<p>Se sentó y no dijo nada por un par de minutos. Tomó&nbsp;una bocanada de aire y&nbsp;luego dijo con&nbsp;voz fuerte y desesperada.</p>



<p><em>&#8212; Siento la cabeza pesada!</em></p>



<p>Y se puso de pie súbitamente, como si algún mecanismo la hubiera catapuntado de su asiento.</p>



<p>La robusta mujer que atendía la recepción replicó casi de inmediato, con tono&nbsp;angustiado.</p>



<p><em>&#8212; Tranquilicese Sra Liliana, no le va a pasar nada!</em><br>
<em>&#8212; Siento como si se me fuera a caer la cabeza, como si se moviera para todos lados</em><br>
<em>&#8212; Serénese Señora Liliana, su cabeza sigue en su sitio. Ha tomado sus medicamentos?</em><br>
<em>&#8212; Sí, he tomado todas mis pastillas, pero esta vez es diferente</em><br>
<em>&#8212; El doctor está en consulta y tiene pacientes. Le va a tocar esperar un buen rato</em></p>



<p>Liliana Preciado&nbsp;tenía 54 años, extremadamente delgada y con una cara de piel cansada, que parecía que se chorreaba hasta el suelo, como si se estuviera derritiendo. Sacudía las piernas nerviosamente haciendo crujir las débiles tablas del piso del consultorio.</p>



<p><em>&#8212; Yo no puedo esperar tanto Claudia. Es una emergencia!</em><br>
<em>&#8212; Está bien Señora Liliana, espereme un momentito, voy a hablar con el doctor para ver si la puede atender</em></p>



<p>Y la oronda recepcionista organizó su monumental cuerpo para despegarse de su silla. Salió en medio de dos lánguidas palmeras de plástico que decoraban el mostrador, moviendo sus inmensas caderas, batiendo toda la pulpa de sus carnes. Tuvo que caminar de lado para no tropezar con las piernas de los pacientes que abarrotaban la salita de espera. Algunos se agarraban de los reposa brazos de sus sillas como pensando que las tablas del piso iban a ceder por el peso de la gorda.</p>



<p>La mujer&nbsp;entró al consultorio y salió en seguida.</p>



<p><em>&#8212; Dice el doctor que hará una excepción debido a la emergencia. Pero debe&nbsp;ingresar después de que salga el paciente que está dentro.</em></p>



<p>Liliana no le respondió, solo susurró para ella misma<em> “esta vez es diferente, esta vez es diferente”.</em></p>



<p>Esperó que Claudia regresara para no cruzarse&nbsp;con ella en el angosto corredor&nbsp;y caminó hacia la puerta del doctor. Allí esperó de pie, acomodandose contra la pared en todas las posiciones imaginables, como si se rascara la espalda, como si le doliera algo, como si estuviera incómoda. Se agarraba la cabeza y se secaba la frente frecuentemente.</p>



<p>Después de cinco interminables minutos, el doctor salió junto con su paciente a despedirlo desde la puerta. Se despidió con tranquilidad, intercambiando sonrisas, parecía no perturbarle la impaciencia de Liliana, quien levantaba sus cejas tratando de que su mirada se cruzara con la del médico.</p>



<p>Al final, dijo, interrumpiendo la despedida&#8230; <em>“Doctor, siento que me hormiguean las manos, esta vez es diferente!”</em>.</p>



<p>El doctor hizo una mueca burlesca y dijo <em>“Liliana, confíe en mi, no le va a pasar absolutamente nada, tiene mi palabra”.</em></p>



<p>Liliana dijo <em>“esta vez es diferente doctor”.</em></p>



<p>Fue luego de eso que Liliana se desplomó como un saco de huesos sueltos. Las tablas del piso resortearon haciendo que el cuerpo flácido rebotara hasta quedar inerte.</p>



<p>El doctor, ahora inquieto, mandó a pedir sales de amonio para reanimarla, pero fue inútil, poco a poco el cuerpo se fue desfigurando y poniendo rígido, mientras los pacientes alborotados salían y entraban del consultorio en correntadas humanas sin saber cómo ayudar, provocando que las tablas del piso se batieran como olas, haciendo que el cuerpo desparramado brincara, adoptando&nbsp;diversas posiciones.</p>



<p>Liliana murió ese 3 de Abril, con una sonrisa fosilizada en sus labios, una mueca que parecía gritar <em>“yo les dije que&nbsp;esta vez iba a ser diferente!”.</em></p>
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		<title>El Hombre Invisible</title>
		<link>https://neomano.com/el-hombre-invisible/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La invisibilidad no había sido como él se imaginaba. Se había vuelto invisible en la noche, mientras dormía.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La invisibilidad no había sido como él se imaginaba.</p>



<p>Se había vuelto invisible en la noche, mientras dormía. Por eso no se dio cuenta sino hasta la mañana siguiente, cuando se paró legañoso frente al espejo del baño y vio un cepillo de dientes hamaquearse de un lado para el otro sobre el aire invisible.</p>



<p>Quedó pasmado, emocionado, no estaba aterrorizado ni ofuscado. Sonrió. Lo supo porque sintió arrugarse su cara con una transparente sonrisa.</p>



<p>Ahora que era invisible, salió a la calle corriendo de contento. Se divirtió tropezando transeúntes distraídos, que no lo podían ver; se distrajo orinando con su chorrito invisible los árboles del parque; se metió corriendo a la heladería de la esquina y les apagó la luz sin que nadie lo agarrara; desordenó los precios de los productos en el supermercado y se coló sin pagar en tres autobuses de transporte público. Se mataba&nbsp;de la risa, se tapaba la boca para ahogar la carcajada.</p>



<p>Pasó un día increíble, no era él mismo, era el hombre invisible más feliz del mundo!</p>



<p>Pero, ahora que hago memoria&#8230; no era la primera vez que se había vuelto invisible. Ya de chico le había pasado una vez y había hecho asustar a su madre, quien con suerte le logro asestar un escobazo en la cabeza. De allí, cuando ya recuperó su visibilidad, lo llevaron a la clínica para cogerle puntos&#8230; A partir de ese día&nbsp;fue que su mamá se aficionó a&nbsp;darle de escobazos. &#8220;A ver si sientes esta escoba invisible&#8221; le decía.</p>



<p>Pero en&nbsp;este nuevo periodo de invisibilidad adulta, ya con más uso de razón, se puso a pensar en qué hacer con su inverosímil don. Podía hacerse famoso y le pagarían por salir en comerciales de televisión &#8211;bueno, cuando se lo pudiese ver&#8211;, o podía ser un héroe anónimo y hacer justicia donde otros no pueden. Su identidad permanecería escondida detrás de un sobrenombre, así como lo habían hecho con bastante acierto Batman o Superman. Y de algún modo sería famoso, pero una fama menos corruptora y en pro de un fin más noble. Sí&#8230; eso le gustaba más!!!</p>



<p>Así pasó Arturo el resto de sus días, bajo el etéreo traje&nbsp;del Hombre Invisible. Haciendo el bien&nbsp;como el super héroe más anónimo que ha existido, pues no se puede ser más anónimo que cuando se es invisible.</p>



<p>Lo malo es que al final del día siempre sintió el triste vacío que se siente cuando uno es ignorado, pero eran los gajes del oficio y él lo sabía.</p>



<p>El día que murió, nadie extrañó al Hombre Invisible, no porque fuera&nbsp;invisible, sino porque a nadie le interesaba lo suficiente&#8230; al final de cuentas, toda la vida habían ignorado al Loco Arturo, el Hombre Invisible del barrio.</p>
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		<title>De cómo Abelino se le &#8220;lanzó&#8221; a la Profe</title>
		<link>https://neomano.com/de-como-abelino-se-le-lanzo-a-la-profe/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 02:05:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Estimada Maestra, Junto con la presente, encontrará el documento con el proyecto de fin de curso tal como</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Estimada Maestra,</p>



<p>Junto con la presente, encontrará el documento con el proyecto de fin de curso tal como me lo encomendó. Lo he tratado de realizar de tal forma que me ponga un 10.</p>



<p>Si la calificación que espero le parece desorbitada o usted tuviera algún reparo en otorgármela, considere que puedo invitarla a cenar para discutir el tema. En la cena espero poder disertar y sustentar el tópico con la holgura que se requiera, además, en un ambiente menos tenso que el de las frías paredes del aula de la facultad, donde por cierto, la naturalidad de mi discurso puede resultar intimidada por la aglomeración del estudiantado; y si no logro convencerla, al menos podemos disfrutar de una botella de Château Margaux o si prefiere una experiencia más espumante, de un Perrier Jouet o de un muy bien seleccionado Don Pérignon. Seguro, luego de paladear el elixir de esta uva de la región de Champagne, me sentiré más seguro de que su crítica es sincera, pues, como dice Alberto Cortéz en uno de sus poemas: <em>\&#8221;El vino puede sacar cosas que el hombre se calla\&#8221; </em>&#8230; y tal como ve, me he tomado la liviandad de extrapolar el anterior verso al género que usted ostenta, pues el placer de una buena copa de vino no es privilegio exclusivo de los hombres, sino también de las mujeres brillantes, como usted, distinguida maestra.</p>



<p>Por favor, no tome esto como un soborno, pues la costumbre de las coimas es una de las ligerezas más reñidas con mis cánones morales. Sin embargo, la cena también se la he propuesto, con todo respeto, con una segunda intención: porque si al menos, luego de todos mis intentos por convencerla no lo logro, la cena ya se encontrará justificada, sólo por el hecho de permitirme disfrutar de su conversación inteligente y de su superlativo esplendor. Además, de que le retribuiré el tiempo invertido,&nbsp;con mi mejor esfuerzo de que pase un momento maravilloso, en el que le contaré una muy seleccionada miríada de anéctodas y hasta apostaría mi nota entera del semestre a que le robaré algunas sonrisas y pasará una inolvidable velada.</p>



<p>Si accede a esta académica, decorosa y muy respetuosa invitación, no tiene ni que responderme, solo asegúrese de que mi nota no sea un 10 y pasaré por usted la noche del jueves, carruaje mediante, para dirigirnos al restaurante con la mejor vista de toda la ciudad y donde al menos espero, si me permite matizar de algún modo la velada, deleitarla con una exquisita selección de música clásica, encabezada por \&#8221;Sueño de Amor\&#8221; de Franz Liszt. Por supuesto, el volumen de la música será el exacto para que podamos disfrutar de una agradable conversación y al mismo tiempo estremecer nuestro espíritu con los pizzicatos y fugas del cuarteto que he contratado.</p>



<p>Por favor, no tome mi carta como un arrebato de alumno desesperado por aruñar unos puntos más para el promedio, pues lo que más anhelo es que no me ponga el 10.</p>



<p>Respetuosamente,</p>



<p>&nbsp; Abelino</p>



<p>&nbsp; Su Alumno</p>



<p>(Edgar Landívar, 2013)</p>
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		<title>No te vayas nunca</title>
		<link>https://neomano.com/no-te-vayas-nunca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Edgar Landivar]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Jun 2020 01:54:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Microrelato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aun no te vas y ya te espero. Porque sé que pasará tarde o temprano, en una tarde</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Aun no te vas y ya te espero.</em><br>
<em> Porque sé que pasará tarde o temprano,</em><br>
<em> en una tarde gris</em><br>
<em> donde las nubes sean el cielo</em><br>
<em> y tu ausencia entre a la casa.</em></p>



<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.0.1/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p><em>Las hojas caen lentamente</em><br>
<em>y van marcando el tiempo,</em><br>
<em>como un reloj inmenso, que no se puede ver.</em><br>
<em>Y el tiempo cae también, detrás de mi frente,</em><br>
<em>oxidando tu silueta, comiendose tus dedos.</em></p>



<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.0.1/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p><em>A lo mejor no te vas, soy yo el que me quedo,</em><br>
<em> arrullando en una silla mi miedo a las distancias,</em><br>
<em> cortándome las anclas&#8230; me duele tu partida.</em></p>



<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.0.1/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p><em>Pero todavía no pasa y aun queda tiempo,</em><br>
<em> para decirte de dentro&#8230;</em><br>
<em> que no te vayas nunca,</em><br>
<em> que tu ausencia me mata,</em><br>
<em> que son muchas las historias</em><br>
<em> que necesito contarte,</em><br>
<em> que aun hay besos en tu boca</em><br>
<em> que todavía me faltan,</em><br>
<em> que si te vas yo me muero</em><br>
<em> aunque no me haya muerto.</em></p>



<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.0.1/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p><em>Quédate, te prometo mil hamacas,</em><br>
<em> una nube que no llueva y el ocaso en tu ventana.</em><br>
<em> Te meceré escondido,</em><br>
<em> con un vaivén esmeralda</em><br>
<em> y una tarde me llevas</em><br>
<em> a visitar tus estatuas.</em></p>



<p><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/13.0.1/72x72/2666.png" alt="♦" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>



<p>(Edgar Landívar, 2005) (Cambios menores en 2013)</p>
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