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Ciencia del pasado·Historia·Ciencia y Tecnología··6 min de lectura

El aeroplano antes de los Wright: quién casi llegó primero

Antes del vuelo de los hermanos Wright en 1903 hubo pioneros que casi lo logran: Cayley, Lilienthal, Ader y Santos-Dumont. Esta es su historia.

El aeroplano antes de los Wright: quién casi llegó primero

El 17 de diciembre de 1903, en las dunas de Kitty Hawk, los hermanos Wright hicieron volar durante doce segundos una máquina más pesada que el aire. Esa fecha quedó grabada como el nacimiento de la aviación. Pero el aeroplano antes de los Wright ya tenía casi un siglo de historia: matemáticos que dibujaron el avión sin poder construirlo, planeadores que mataron a sus pilotos y máquinas de vapor que se despegaron del suelo unos segundos antes de fracasar. Esta es la historia de quienes estuvieron a punto de llegar primero.

Sir George Cayley: el hombre que dibujó el avión (1853)

Mucho antes de que existiera un solo motor capaz de volar, un baronet inglés llamado Sir George Cayley resolvió sobre el papel el problema fundamental del vuelo. A comienzos del siglo XIX identificó las cuatro fuerzas que actúan sobre cualquier aeronave —sustentación, peso, empuje y resistencia— y describió el concepto del ala fija con cola estabilizadora. Es, en esencia, el esquema de todos los aviones que han volado desde entonces.

Cayley no se quedó en la teoría. En 1853, en Brompton Dale, construyó un planeador tripulado —lo llamó «paracaídas gobernable»— y obligó a su cochero a subirse. La máquina cruzó el valle unos 200 metros con un hombre a bordo: el primer vuelo de un adulto en un aparato más pesado que el aire, medio siglo antes de Kitty Hawk. Cuenta la leyenda que el cochero, al aterrizar, renunció en el acto: «Fui contratado para conducir, no para volar». A Cayley solo le faltó lo mismo que a todos los que vinieron después: un motor lo bastante ligero y potente.

Otto Lilienthal: dos mil vuelos y una ráfaga fatal

El siguiente gran paso lo dio un ingeniero alemán, Otto Lilienthal, al que se conoció como «el hombre pájaro». Entre 1891 y 1896 realizó unos 2.000 vuelos con al menos 16 modelos distintos de planeador, lanzándose desde colinas que él mismo mandó construir cerca de Berlín. Lilienthal fue el primero en demostrar, con datos y fotografías, que un ser humano podía sostenerse en el aire de forma repetible y controlada.

Su obsesión por medir la sustentación de las alas dejó tablas que los Wright estudiarían a fondo. Pero el 9 de agosto de 1896 una ráfaga repentina hizo entrar en pérdida a su planeador; Lilienthal cayó desde unos 15 metros y se rompió la columna. Murió al día siguiente. Sus últimas palabras, según la tradición, fueron: «Hay que hacer sacrificios». La noticia de su muerte llegó a Ohio y, años más tarde, Wilbur Wright reconocería que fue entonces cuando su interés por el vuelo se volvió serio.

Clément Ader y el Éole: despegar no es volar (1890)

Mientras los planeadores buscaban entender el aire, un ingeniero francés apostó por el motor. Clément Ader construyó el Éole, un monoplano con alas de murciélago movido por una ligerísima máquina de vapor de 20 caballos. El 9 de octubre de 1890, en una finca cerca de Armainvilliers, el Éole se despegó del suelo por sus propios medios y recorrió unos 50 metros a menos de 25 centímetros de altura.

Fue, técnicamente, el primer despegue de una máquina tripulada con su propia potencia. Pero Ader chocó con un límite que define lo que llamamos «volar»: su máquina no tenía forma de gobernar la dirección. Se levantó del suelo, sí, pero no pudo controlar hacia dónde iba, y el vapor resultó un callejón sin salida, demasiado pesado para un vuelo sostenido. Como les pasó a los constructores del primer submarino de la historia, la idea funcionaba antes de que existiera la fuente de energía adecuada para hacerla práctica.

Samuel Langley: dinero, prensa y un fracaso público (1903)

En Estados Unidos, el rival más serio de los Wright tenía nombre y presupuesto. Samuel Langley, secretario de la prestigiosa Institución Smithsonian, recibió fondos del gobierno para construir su Aerodrome, una máquina tripulada lanzada con catapulta desde una barcaza en el río Potomac.

Sus modelos a escala sin piloto sí habían volado años antes. Pero la versión tripulada fracasó dos veces en 1903: el 7 de octubre y el 8 de diciembre, el Aerodrome se hundió en el río nada más ser catapultado, ante los periodistas convocados para el evento. Nueve días después de ese segundo fracaso, dos fabricantes de bicicletas casi anónimos lo lograban en Kitty Hawk. Langley murió en 1906 sin haber volado nunca, arruinado su prestigio por la prensa que antes lo había ensalzado.

Whitehead, Pearse y las reclamaciones imposibles de probar

La historia de la aviación está llena de «primeros» difíciles de verificar. El alemán Gustave Whitehead, emigrado a Connecticut, afirmó haber volado en 1901, dos años antes que los Wright; en 2013 el estado de Connecticut llegó a reconocerlo por ley. Pero no existe una sola fotografía del vuelo, y los testimonios se contradicen entre sí. El historiador David McCullough fue tajante: «No hay ninguna prueba de ello».

Algo parecido ocurre con el neozelandés Richard Pearse, que habría hecho saltar del suelo un monoplano por sus propios medios en marzo de 1903. En todos estos casos falta lo mismo: la prueba documental clara, con fecha y testigos, que sí tuvieron los Wright. Sin registro fiable, un vuelo pertenece más a la leyenda que a la historia.

Santos-Dumont y el 14-bis: el primero «oficial» (1906)

El caso más interesante llega después de 1903. El brasileño Alberto Santos-Dumont, ya célebre por sus dirigibles sobre París, hizo volar en la capital francesa su biplano 14-bis. El 23 de octubre de 1906 recorrió unos 60 metros, y el 12 de noviembre, unos 220, ante más de mil espectadores.

La clave: fue el primer vuelo homologado por una institución, el Aeroclub de Francia, y despegó sin catapultas ni rieles, solo con sus ruedas y su motor. Por eso en Brasil y en buena parte de Europa se enseñó durante décadas que el inventor del avión fue Santos-Dumont. La controversia no es tanto sobre las fechas —bastante bien documentadas— como sobre qué cuenta como «volar»: ¿despegar por sí mismo?, ¿ante testigos oficiales?, ¿poder gobernar el aparato?

Entonces, ¿por qué los Wright?

Porque fueron los primeros en reunir las tres condiciones a la vez: vuelo propulsado por motor, sostenido en el tiempo y —sobre todo— controlado en los tres ejes por el piloto. Cayley diseñó el ala, Lilienthal dominó el planeo, Ader logró el despegue y Santos-Dumont conquistó al público. Los Wright juntaron todas esas piezas, más un detalle decisivo: un sistema de alabeo que permitía girar y corregir el rumbo, algo que a Ader y a Langley les faltó.

Como en la historia del primer automóvil eléctrico o en tantas otras invenciones, el «inventor único» es un mito cómodo. El aeroplano no nació una mañana de diciembre de 1903: fue el último eslabón de una cadena de un siglo de soñadores, muchos de los cuales pagaron con su vida el privilegio de acercarse. La próxima vez que un avión cruce el cielo —incluso cuando descubras por qué los aviones no vuelan en línea recta—, vale la pena recordar a los que casi llegaron primero.

Referencias

  1. Encyclopædia Britannica, «Ader Éole», «Clément Ader» y «Otto Lilienthal».
  2. Fédération Aéronautique Internationale (FAI), «9 October 1890: first take-off of Ader's Eole».
  3. Wikipedia, «Claims to the first airplane flight».
  4. Scientific American, «Scientific American Debunks Claim Gustave Whitehead Was First in Flight».
  5. Yorkshire Air Museum, «Cayley Glider».

¿Te gustan las historias de inventos adelantados a su tiempo? Sigue con el primer submarino de la historia o explora toda la serie de ciencia del pasado.

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