El origen de la palabra cuarentena: 40 días en Venecia
¿De dónde viene la palabra cuarentena? De los 40 días que Venecia y Ragusa obligaban a esperar a los barcos durante la peste negra. Esta es su historia.

Cuando en 2020 el mundo entero aprendió a decir «cuarentena», casi nadie reparó en que estaba pronunciando un número. La palabra cuarentena no significa «encierro» ni «aislamiento»: significa, literalmente, «unos cuarenta». Viene del italiano quarantena —de quaranta giorni, «cuarenta días»—, que a su vez sale del latín quadraginta, «cuarenta». Detrás de esa cuenta hay puertos medievales, barcos sospechosos y una de las peores catástrofes de la historia: la peste negra. Esta es la historia de cómo un plazo de cuarenta días terminó convertido en una de las palabras más usadas del planeta.
Ragusa y la primera cuarentena (que duraba treinta días)
A mediados del siglo XIV, la peste negra arrasó Europa y mató quizá a un tercio de su población. Nadie entendía cómo se contagiaba —faltaban cinco siglos para descubrir la bacteria y el papel de las pulgas y las ratas—, pero las ciudades portuarias notaron algo: la enfermedad llegaba con los barcos. Y si llegaba con los barcos, tal vez se pudiera detener en el muelle.
La ciudad-estado de Ragusa —la actual Dubrovnik, en Croacia, entonces bajo influencia veneciana— fue la primera en convertir esa intuición en ley. El 27 de julio de 1377, su Gran Consejo decretó que quienes llegaran de zonas apestadas no podrían entrar en la ciudad hasta pasar un tiempo de aislamiento en un islote deshabitado o en un pueblo cercano, para comprobar si enfermaban. El plazo era de treinta días, y por eso aquella primera medida se llamó trentino, de trenta, «treinta».
Es decir: la primera «cuarentena» de la historia, en rigor, era una «treintena». La palabra que usamos hoy nació poco después, cuando alguien decidió que treinta días no bastaban.
De la trentina a la quarantena: por qué se sumaron diez días
Otras ciudades del Mediterráneo copiaron el método de Ragusa y lo endurecieron. Venecia, potencia comercial que recibía barcos de medio mundo, extendió el plazo de treinta a cuarenta días: la quarantena. Los navíos sospechosos debían fondear lejos del puerto y esperar cuarenta jornadas antes de que tripulación y mercancías pudieran desembarcar. Para hospedar a los enfermos y a los sospechosos, la República levantó en una isla de la laguna el Lazzaretto Vecchio, considerado el primer hospital de cuarentena permanente del mundo (hacia 1423). De aquella isla viene, de hecho, otra palabra que seguimos usando: el «lazareto», el recinto donde se aislaba a los apestados.
El sistema funcionó lo bastante bien como para exportarse. Génova lo adoptó en 1467 y Marsella instaló su propio lazareto poco después. Durante siglos, en los grandes puertos europeos ondeó la bandera amarilla que avisaba: barco en cuarentena, prohibido acercarse.
¿Por qué cuarenta y no otro número?
Aquí está lo curioso: nadie sabía que cuarenta días fueran médicamente los correctos, porque no había forma de saberlo. ¿Por qué entonces ese número y no treinta, o cincuenta? Los historiadores manejan varias explicaciones que probablemente se reforzaron entre sí.
La más práctica es médica. La escuela hipocrática, ya en la Antigüedad, sostenía que las enfermedades agudas se manifestaban dentro de un plazo de cuarenta días; pasado ese tiempo sin síntomas, se suponía que el peligro había quedado atrás. Cuarenta días era, en la medicina heredada de los griegos, la frontera entre lo agudo y lo crónico.
La más poderosa, quizá, es simbólica y religiosa. El cuarenta aparece una y otra vez en la Biblia como número de prueba y purificación: los cuarenta días del diluvio, los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto, los cuarenta días de ayuno de Jesús, los cuarenta días de la Cuaresma. En una Europa profundamente cristiana, un aislamiento de cuarenta días no solo sonaba prudente: sonaba a penitencia purificadora. Como cuando se creía que las desgracias venían escritas en las estrellas, la ciencia y la fe se mezclaban sin costuras.
De los muelles al idioma
Con el tiempo, la palabra se despegó de los barcos y del número exacto. Ya no importaba que fueran cuarenta días, treinta o quince: cuarentena pasó a nombrar cualquier periodo de aislamiento preventivo para frenar un contagio. Del italiano saltó al español, al francés (quarantaine), al inglés (quarantine) y a casi todas las lenguas europeas, siempre arrastrando dentro, como un fósil, la cuenta de los cuarenta días venecianos.
Es un recorrido parecido al de tantas palabras que hoy usamos sin pensar en su origen: igual que «vacuna» esconde una vaca y «salario» esconde la sal, «cuarentena» esconde un número. La próxima vez que alguien mencione una cuarentena de una semana, recuerda que está usando, sin saberlo, la vieja cuenta de los puertos medievales: cuarenta días para dejar que la peste, si venía a bordo, se delatara sola.
Referencias
- «Quarantine», Online Etymology Dictionary: del italiano quarantina giorni, «espacio de cuarenta días», de quaranta, «cuarenta», por el periodo que debían esperar los barcos frente a Venecia durante la peste. etymonline.com
- «Etymologia: Quarantine», Emerging Infectious Diseases (CDC): la palabra deriva de quaranta giorni, los cuarenta días de aislamiento impuestos a los barcos en la Venecia del siglo XIV. ncbi.nlm.nih.gov
- Tognotti, E., «The concept of quarantine in history: from plague to SARS»: la trentina de Ragusa (1377), su extensión veneciana a cuarenta días y las razones médicas e hipocráticas del número. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
- «The "quarantine": an intuition of the fifteenth century», 1600 Venezia: el Lazzaretto Vecchio de Venecia y el papel de la ciudad en la invención de la cuarentena. 1600.venezia.it
¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «vacuna» y el de «desastre», o explora toda la serie de etimología.
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