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Ciencia del pasado·Historia·Ciencia y Tecnología··5 min de lectura

El primer submarino de la historia, mucho antes de Peral

Antes del submarino eléctrico de Isaac Peral hubo siglos de intentos: de Drebbel en el Támesis al Turtle de 1776 y al mortal Hunley de 1864.

El primer submarino de la historia, mucho antes de Peral

Cuando pensamos en el primer submarino de la historia casi siempre aparece el mismo nombre en español: Isaac Peral y su submarino eléctrico de 1888. Pero Peral no inventó la idea de navegar bajo el agua: la heredó. Antes que él hubo casi tres siglos de inventores tercos, planos imposibles y valientes —o inconscientes— que se metieron dentro de cajones de madera y cobre para hundirse a propósito. Esta es la historia de esos primeros submarinos, mucho antes de que existiera un motor eléctrico que los hiciera de verdad prácticos.

El plano que nadie se atrevió a construir (1578)

La primera descripción escrita de un barco capaz de sumergirse no fue de un ingeniero naval, sino de un matemático inglés, William Bourne. En su libro Inventions or Devises, de 1578, Bourne imaginó una embarcación de madera forrada en cuero que podía hundirse reduciendo su propio volumen: unas paredes móviles que se contraían con tornillos accionados a mano, expulsando el agua para volver a subir.

Era, en el fondo, el principio de todos los submarinos posteriores: controlar la flotabilidad. El problema es que Bourne nunca lo construyó. Su submarino vivió solo en el papel, como tantas ideas geniales que llegan antes de que la técnica esté lista para sostenerlas.

Drebbel: el submarino que paseó a un rey (1620)

El salto del papel al agua lo dio un holandés al servicio de la corte inglesa, Cornelis Drebbel. Entre 1620 y 1624 construyó, probó y mejoró hasta tres submarinos en el río Támesis, en pleno Londres. Partió de la idea de Bourne: un casco de madera forrado con cuero engrasado para hacerlo estanco, movido por remos que salían por los costados a través de juntas selladas.

Para sumergirse usaba odres o vejigas que se llenaban de agua a modo de lastre y se vaciaban para emerger. El aire, según las crónicas, entraba por tubos con flotadores que mantenían un extremo por encima de la superficie. El modelo más grande podía llevar unos dieciséis remeros y pasajeros, mantenerse sumergido varias horas a cuatro o cinco metros de profundidad y recorrer el tramo de Westminster a Greenwich bajo el agua.

La leyenda más repetida cuenta que el propio rey Jacobo I de Inglaterra se subió a uno de estos aparatos y viajó un rato bajo el Támesis, lo que lo convertiría en el primer monarca de la historia en navegar sumergido. Miles de londinenses lo vieron desde las orillas. Y sin embargo, el Almirantazgo nunca se interesó: un submarino que funcionaba, pero para el que nadie encontró todavía una guerra.

El Turtle: la primera arma submarina (1776)

El submarino tardó siglo y medio en convertirse en arma, y lo hizo al otro lado del Atlántico. En plena Guerra de Independencia de Estados Unidos, un estudiante de Yale llamado David Bushnell construyó el Turtle («tortuga»), un cascarón de madera con forma de huevo, de poco más de dos metros, pensado para un solo tripulante.

El operador se sumergía llenando un depósito de lastre con una bomba de pie, se movía girando a mano una hélice —una de las primeras usadas para propulsión— y subía vaciando el agua. Su misión era tan audaz como la máquina: acercarse por debajo a un barco enemigo, atornillar una carga explosiva de pólvora a su casco y alejarse antes de que estallara.

La noche del 7 de septiembre de 1776, el sargento Ezra Lee pilotó el Turtle en el puerto de Nueva York para atacar el HMS Eagle, buque insignia del almirante Richard Howe. No logró fijar la carga —al parecer, no consiguió atravesar el casco— y tuvo que retirarse. El ataque fracasó, pero pasó a la historia como el primer uso de un submarino en combate.

El Nautilus de Fulton: el primer submarino «práctico» (1800)

El siguiente en intentarlo fue otro estadounidense, Robert Fulton, más famoso después por sus barcos de vapor. Instalado en la Francia de Napoleón, entre 1800 y 1801 construyó el Nautilus: un casco de planchas de cobre sobre costillas de hierro, de unos seis metros y medio, con un mástil y una vela plegables para navegar en superficie y una hélice de manivela para avanzar sumergido.

El Nautilus se sumergió a unos siete metros, se mantuvo bajo el agua con varios tripulantes y hasta llegó a hundir un barco de prueba en sus ensayos. Muchos lo consideran el primer submarino realmente práctico. Pero, como le pasaría décadas después a Peral, ni Francia ni Gran Bretaña quisieron financiarlo: el arma parecía demasiado sucia, demasiado poco caballerosa para las marinas de la época.

El Hunley: el primero en hundir un barco de guerra (1864)

El primero en cobrarse una víctima real fue un submarino confederado durante la Guerra Civil estadounidense: el H. L. Hunley. Movido a mano por una tripulación de ocho hombres que giraban un cigüeñal, cargaba en la proa una carga explosiva montada en un largo pértiga, el llamado torpedo de espeque.

La noche del 17 de febrero de 1864, en el puerto de Charleston, el Hunley clavó su carga en el casco del USS Housatonic y lo hundió: la primera vez que un submarino echaba a pique un barco de guerra. Fue una victoria amarga. El Hunley ya había naufragado dos veces en pruebas, matando a sus tripulantes —incluido el propio Horace Hunley, que le dio nombre—, y aquella noche tampoco regresó: se hundió con sus ocho hombres poco después del ataque.

Y entonces llegó la electricidad

Todos estos submarinos compartían el mismo talón de Aquiles: dependían de brazos humanos girando manivelas o de la vela en superficie. Eran lentos, agotadores y de alcance ridículo. Faltaba una fuente de energía silenciosa que funcionara bajo el agua sin consumir el aire de la tripulación, y esa pieza no llegó hasta finales del siglo XIX, cuando la electricidad empezó a mover el mundo y las baterías hicieron posible un motor sumergido de verdad.

Ahí es donde entra Isaac Peral, y donde termina esta prehistoria de locos bajo el agua. Sin Bourne, Drebbel, Bushnell, Fulton y el trágico Hunley —y sin los avances en el manejo del aire y el vacío— no habría existido el submarino eléctrico que España tuvo en las manos y dejó escapar. El primer submarino de la historia no fue uno solo: fue una cadena de intentos fallidos que, uno tras otro, enseñaron a la humanidad a respirar bajo el agua.

Referencias

  1. Encyclopædia Britannica, «Cornelis Jacobszoon Drebbel» y «Nautilus (submarine)».
  2. Naval History and Heritage Command (U.S. Navy), «Submarine Turtle: Naval Documents».
  3. American Battlefield Trust, «Bushnell's Turtle: A Revolutionary Submarine».
  4. History.com, «9 Groundbreaking Early Submarines».

¿Te gustan las historias de inventos adelantados a su tiempo? Sigue con el submarino eléctrico de Isaac Peral o explora toda la serie de ciencia del pasado.

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