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Historia·Ciencia y Tecnología·Curiosidades··6 min de lectura

La guerra de las corrientes: Edison contra Tesla

A finales del siglo XIX, Edison, Tesla y Westinghouse libraron la guerra de las corrientes: ¿iluminaría el mundo la corriente continua o la alterna?

La guerra de las corrientes: Edison contra Tesla

A finales del siglo XIX, la electricidad prometía cambiar el mundo, pero nadie sabía todavía cómo repartirla. La pregunta parecía técnica y aburrida —corriente continua o corriente alterna—, pero detrás había fortunas enormes, patentes millonarias y egos descomunales. Lo que hoy conocemos como la guerra de las corrientes enfrentó a tres de los mayores nombres de la ingeniería estadounidense: Thomas Edison, Nikola Tesla y George Westinghouse. Y terminó, como casi todas las guerras tecnológicas, no con el mejor discurso sino con el mejor negocio.

Edison y la corriente continua

En 1882, Thomas Edison inauguró en Nueva York la estación de Pearl Street, la primera central eléctrica comercial de la historia. Alimentaba con corriente continua (CC) las lámparas incandescentes que él mismo había perfeccionado, y por primera vez un barrio entero de Manhattan se iluminó desde una fuente central. Fue un triunfo espectacular, y Edison lo había patentado casi todo: las bombillas, los generadores, los contadores. Cada casa conectada le dejaba dinero.

El problema de la corriente continua era físico y no había forma de discutirlo. A los bajos voltajes que usaba Edison, la electricidad perdía fuerza rápidamente en los cables: no se podía transmitir mucho más allá de un kilómetro y medio sin que la caída de tensión la hiciera inservible. Para electrificar una ciudad grande habría que sembrarla de centrales cada pocas manzanas, con una maraña de gruesos cables de cobre. Servía para el centro de una metrópoli, pero no para llevar luz al resto del país.

Tesla, Westinghouse y la corriente alterna

La solución la traía la corriente alterna (CA), que en lugar de fluir siempre en el mismo sentido invierte su dirección muchas veces por segundo (60 en Estados Unidos, 50 en Europa). Su gran ventaja es que se puede elevar y bajar de voltaje con un aparato sencillo y sin partes móviles: el transformador. Elevando el voltaje a miles de voltios, la energía viaja por líneas delgadas y a grandes distancias con pérdidas mínimas; luego, un transformador la baja a un nivel seguro justo antes de entrar en las casas.

El ingeniero serbio Nikola Tesla, que había trabajado brevemente para Edison antes de dejarlo en 1885, patentó un sistema completo de corriente alterna polifásica, incluido el motor de inducción que hacía útil esa corriente para mover máquinas. En 1888 vendió sus patentes al industrial George Westinghouse, cuya empresa se había convertido en el gran rival de Edison. De pronto, la batalla dejó de ser entre ideas y pasó a ser entre dos compañías dispuestas a todo.

La campaña del miedo

Edison no quería perder las regalías de sus patentes de corriente continua, así que en lugar de mejorar su tecnología decidió atacar la del rival por donde más dolía: el miedo. Lanzó una campaña para convencer al público de que la corriente alterna, con sus altos voltajes, era intrínsecamente mortal. Financió en secreto a un tal Harold Brown, que organizaba demostraciones públicas en las que electrocutaba perros, gatos e incluso caballos con corriente alterna para mostrar lo peligrosa que era.

La campaña llegó a su extremo más siniestro con la silla eléctrica. El estado de Nueva York buscaba un método de ejecución «más humano» que la horca, y el entorno de Edison presionó para que funcionara con corriente alterna, de modo que quedara asociada a la muerte. El 6 de agosto de 1890, en la prisión de Auburn, William Kemmler se convirtió en la primera persona ejecutada en una silla eléctrica. La ejecución fue larga y espantosa. Los aliados de Edison intentaron incluso imponer el verbo «to be Westinghoused» como sinónimo de morir electrocutado. Westinghouse, indignado, llegó a pagar 100.000 dólares para financiar la apelación de Kemmler ante la Corte Suprema.

El elefante que Edison no mató

Aquí conviene deshacer uno de los mitos más repetidos de esta historia. Se suele contar que Edison electrocutó a Topsy, una elefanta de circo, en Coney Island en 1903, para demostrar los peligros de la corriente alterna. La escena existe —hay una película titulada Electrocuting an Elephant rodada por la compañía de Edison—, pero la realidad es más matizada.

Topsy fue sacrificada en 1903 por decisión de los dueños del parque Luna Park, no de Edison, y la guerra de las corrientes ya había terminado diez años antes. No hay ninguna prueba de que Edison ordenara ni presenciara la ejecución; su nombre quedó pegado al episodio solo porque su empresa filmó la escena. Es un buen recordatorio de que las historias tecnológicas, cuando se cuentan mil veces, tienden a volverse más limpias y más crueles de lo que fueron.

Chicago 1893: el golpe de gracia

La guerra no la ganó un experimento, sino una licitación. En 1893, Chicago celebró la Exposición Universal Colombina, y quien la iluminara ante millones de visitantes tendría el mejor escaparate imaginable. General Electric —heredera de las empresas de Edison— ofreció electrificar la feria con corriente continua por 554.000 dólares. Westinghouse presentó una oferta con corriente alterna por solo 399.000 dólares y ganó el contrato.

El resultado fue deslumbrante, literalmente: cerca de 200.000 lámparas encendidas transformaron la exposición en una «Ciudad Blanca» que dejó boquiabierto al público. Millones de personas vieron con sus propios ojos que la corriente alterna no solo funcionaba, sino que era espectacular y segura. Fue la mejor publicidad que Westinghouse pudo soñar, y la peor pesadilla para la campaña del miedo.

Niágara: el futuro empieza a fluir

El golpe definitivo llegó del agua. Ese mismo 1893, la Niagara Falls Power Company adjudicó a Westinghouse —que había licenciado el motor polifásico de Tesla— el contrato para aprovechar la fuerza de las cataratas del Niágara. La central se puso en marcha el 26 de agosto de 1895, y el 16 de noviembre de 1896 la corriente alterna generada en el Niágara encendió la ciudad de Buffalo, a más de 30 kilómetros de distancia. Ninguna central de corriente continua podría haber transmitido energía tan lejos.

Aquel tendido se considera el final no oficial de la guerra de las corrientes. La corriente alterna se impuso como el estándar para llevar la energía de las centrales hidroeléctricas hasta las ciudades y así sigue siendo hoy en las tomas de corriente de casi todo el planeta.

¿Quién ganó de verdad?

A largo plazo ganó la corriente alterna para el transporte de energía, y eso es lo que llega a los enchufes de tu casa. Pero la historia dio un giro irónico: casi todo lo que enchufas a esos tomacorrientes funciona por dentro con corriente continua. Los teléfonos, las computadoras, los LED, los paneles solares y los coches eléctricos —herederos de aquellos primeros autos de finales del siglo XIX— dependen de baterías que solo entienden la corriente continua. Por eso cada cargador lleva dentro un pequeño transformador y rectificador que convierte la CA de la pared en la CC que necesita el aparato.

Incluso las líneas de muy alta tensión que cruzan continentes usan hoy corriente continua de alto voltaje, porque a esas escalas vuelve a ser más eficiente. En cierto modo, Edison no estaba del todo equivocado; simplemente llegó un siglo antes de que la tecnología le diera la razón parcial. Tesla, por su parte, murió arruinado y olvidado en 1943, soñando todavía con transmitir energía sin cables por el aire. La guerra de las corrientes no la ganó el genio más puro, sino quien supo unir la mejor idea con el mejor negocio.

Referencias

  1. «The War of the Currents: AC vs. DC Power», U.S. Department of Energy: síntesis oficial de la disputa, la estación de Pearl Street (1882) y el motivo físico por el que la CC no viajaba lejos. energy.gov
  2. «How Edison, Tesla and Westinghouse Battled to Electrify America», HISTORY: la venta de las patentes de Tesla a Westinghouse en 1888, la campaña de Edison, la Exposición de 1893 y el Niágara. history.com
  3. «War of the currents», Wikipedia: cronología detallada, la silla eléctrica, la ejecución de William Kemmler (1890) y el término «Westinghoused». en.wikipedia.org
  4. «Myth Buster: Topsy the Elephant», Thomas Edison Papers, Rutgers University: por qué Edison no ordenó ni presenció la muerte de la elefanta Topsy en 1903. edison.rutgers.edu

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