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Isaac Peral y su submarino eléctrico

En 1888, Isaac Peral botó un submarino eléctrico capaz de navegar bajo el agua y lanzar torpedos. España tuvo el futuro en las manos, y lo dejó morir en papeles.

Por Edgar Landívar

Isaac Peral y su submarino eléctrico

Hay inventos que, curiosamente, parecen llegar demasiado temprano.

Este es el caso del submarino eléctrico de Isaac Peral.

A fines del siglo XIX, cuando los barcos todavía se medían por chimeneas, cañones, vapor y acero, un marino español imaginó algo distinto: una nave que pudiera desaparecer bajo el agua, moverse en silencio y atacar sin ser vista.

No era una fantasía de Julio Verne sino un proyecto militar real que, además, funcionó.

Un marino con cabeza de inventor

Isaac Peral nació en Cartagena el 1 de junio de 1851. Fue marino, científico e inventor; no el típico soñador encerrado en una habitación, sino un hombre formado dentro de la Armada, con experiencia técnica y una preocupación muy concreta: España tenía costas, colonias e intereses marítimos difíciles de proteger con una flota cada vez más limitada.

La Real Academia de la Historia lo presenta como un personaje de enorme formación técnica, vinculado a la Armada y a la enseñanza científica.

Retrato de Isaac Peral con uniforme naval junto a planos históricos de su submarino eléctrico.
Isaac Peral, entre el uniforme naval y la ingeniería: el hombre detrás del torpedero sumergible.

Peral quería un torpedero sumergible. No una máquina de exhibición, sino una nave capaz de navegar bajo el agua y lanzar un torpedo desde esa posición, así que en 1885 presentó su propuesta al Ministerio de Marina. Después se autorizó la construcción del prototipo, que fue botado en 1888 en el Arsenal de La Carraca, en San Fernando, Cádiz.

En 1888 el mundo todavía no había visto submarinos modernos como los del siglo XX. La guerra submarina, tal como después la conoceríamos, todavía pertenecía al futuro.

Peral estaba intentando adelantarlo.

El submarino de Peral tenía forma de puro oscuro, casi de animal metálico. Medía alrededor de 22 metros de eslora y estaba propulsado por motores eléctricos alimentados por baterías. Incorporaba tubo lanzatorpedos, sistemas de navegación en inmersión, mecanismos para controlar la profundidad y una especie de periscopio primitivo para observar desde debajo del agua.

Reconstrucción conceptual en corte lateral del submarino eléctrico de Isaac Peral, con baterías, motores eléctricos, tubo lanzatorpedos, periscopio y timones de profundidad.
Reconstrucción conceptual original del submarino de Isaac Peral. La referencia visual parte de las descripciones históricas y de la infografía reseñada por Va de Barcos, sin reutilizar su imagen.

Hoy eso puede parecer normal: un submarino con electricidad, periscopio y torpedos nos suena casi obvio, porque ya vimos demasiadas películas, documentales y videojuegos. Pero en ese momento no era obvio en absoluto. La electricidad todavía tenía olor a maravilla.

Lo fascinante es que su invento no era solo una idea brillante, sino un conjunto de soluciones técnicas metidas dentro de una misma máquina. Había que moverse bajo el agua, respirar, orientarse, mantener profundidad, conservar estabilidad, calcular rumbo y, además, convertir todo eso en un arma naval útil.

El problema de demostrar lo imposible

Las pruebas comenzaron entre 1888 y 1889. El submarino navegó, se sumergió, maniobró y realizó ensayos que demostraban que la idea no era un disparate.

Un artículo publicado por la Armada Española sobre el submarino de Isaac Peral lo describe como una innovación notable por su sistema de propulsión eléctrica, su concepción como torpedero sumergible y sus soluciones técnicas adelantadas para la época: “Isaac Peral y el submarino”.

Porque cuando alguien inventa algo demasiado nuevo, no solo tiene que resolver el problema técnico. También tiene que resolver el problema mental de los demás.

El submarino tuvo pruebas exitosas, pero el proyecto terminó envuelto en informes, dudas, resistencias, discusiones técnicas y tensiones personales.

Finalmente, el Consejo Superior de Marina concluyó que el torpedero sumergible no cumplía las condiciones prometidas por su autor, y el proyecto fue abandonado. La propia Armada ha publicado estudios históricos sobre ese proceso, como este artículo de la Revista General de Marina: “El submarino Peral”.

La vida de un innovador no siempre es sencilla ni está llena de conquistas fáciles. Sin duda Peral se topó con la barrera de un sistema viejo y lento en tomar decisiones, sin hambre por el futuro, por lo nuevo.

Visto desde lejos, queda una sensación incómoda: España tuvo entre las manos una tecnología adelantada y no supo convertirla en una línea de desarrollo sostenida.

El submarino no murió porque se hundiera. Murió en papeles.

Peral abandonó la Armada a comienzos de la década de 1890. Murió joven, en 1895, con apenas 43 años. La Armada recoge también aspectos de su vida y legado en publicaciones como esta de la Revista General de Marina: “Isaac Peral y Caballero”.

Cartagena (de España), ciudad submarina

Lo curioso de todo es que la máquina sí sobrevivió. El submarino de Peral no terminó completamente perdido. Hoy se conserva en Cartagena, en el Museo Naval, donde la Fundación Museo Naval destaca el legado del teniente de navío Isaac Peral dentro de sus colecciones vinculadas a la historia naval de la ciudad: Museo Naval de Cartagena.

Ahora el submarino está quieto, pero esa quietud también habla.

Porque frente a ese casco oscuro uno no solo mira un submarino antiguo. Mira una pregunta: ¿cuántas veces una sociedad tiene delante una posibilidad enorme y la deja pasar porque no cabe en sus costumbres?

La historia de Peral sigue muy viva en Cartagena. De hecho, la apertura de su casa natal como museo está prevista para el 1 de junio de 2026, coincidiendo con el 175 aniversario de su nacimiento, dentro de un esfuerzo por reforzar la relación de la ciudad con la memoria del inventor y la historia submarina: Cartagena Puerto de Culturas.

Cartagena parece haber entendido que Isaac Peral no es solo un personaje local, sino una ventana a una pregunta más grande: qué hace un país cuando uno de sus hijos inventa algo que se adelanta al calendario.

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