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El litio: de medicamento a batería del mundo moderno

El litio pasó de cura milagrosa y refresco a estabilizar el ánimo y mover el mundo. Esta es la historia del metal más ligero, de medicamento a batería.

El litio: de medicamento a batería del mundo moderno

El litio está hoy en casi todos tus bolsillos: es lo que mantiene viva la batería del celular, del portátil y de los autos eléctricos. Pero antes de mover el mundo digital, este metal tuvo una vida larga y extraña: fue agua medicinal de balneario, ingrediente de un refresco famoso y, sobre todo, el primer fármaco capaz de calmar la manía. La historia del litio es la de una sustancia que cambió de oficio varias veces antes de convertirse en el corazón de nuestras baterías.

Un metal nacido de una piedra

El litio se descubrió en 1817 en Estocolmo. El joven químico sueco Johan August Arfwedson, que trabajaba en el laboratorio del célebre Jöns Jacob Berzelius, analizaba un mineral llamado petalita traído de una isla sueca y encontró en él un elemento desconocido. No logró aislar el metal puro —eso tardaría años más y exigiría electrólisis—, pero quedó claro que había dado con algo nuevo.

El nombre lo puso Berzelius, y encierra una pequeña ironía. Lo llamó litio, del griego lithos, «piedra». Sus parientes químicos, el sodio y el potasio, se habían descubierto a partir de cenizas de plantas y otras fuentes orgánicas; el litio, en cambio, apareció dentro de una roca. Así, el metal más ligero de la tabla periódica —tan liviano que flota sobre el agua y el aceite— quedó bautizado para siempre con la palabra «piedra».

La era de la cura milagrosa

A mediados del siglo XIX, los médicos creían que el ácido úrico era la causa secreta de medio mundo de dolencias: la gota, el reumatismo, los cálculos, hasta la melancolía. Y se descubrió que las sales de litio disolvían bastante bien el ácido úrico en el laboratorio. La conclusión —demasiado rápida— fue evidente: si el litio deshace el ácido úrico en un vaso, también lo hará dentro del cuerpo.

Así nació la moda de las «aguas de litio» (lithia water). Balnearios y embotelladoras vendían agua con trazas del metal como remedio universal contra la gota, la diabetes, el asma, los nervios y casi cualquier mal imaginable. Era la misma época en que se vendían toda clase de remedios milagrosos sin la menor base; si te divierte ese mundo, mira cuando nos lavábamos los dientes con pasta radioactiva. El detalle incómodo es que la mayoría de aquellas aguas apenas contenía litio suficiente para tener algún efecto real.

La estrella de la moda llegó tarde: en 1929, en Estados Unidos, se lanzó un refresco con el barroco nombre de «Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda», que de verdad llevaba citrato de litio y se vendía hasta como remedio para la resaca. Pronto acortó su nombre a algo mucho más recordable: 7Up. El litio se retiró de la fórmula a más tardar en 1948, cuando Estados Unidos prohibió el metal en las gaseosas. Es el mismo patrón de la cura contra la malaria que terminó convertida en gin tonic: un compuesto médico que acaba disfrazado de bebida refrescante.

El psiquiatra, los cobayos y la calma

El verdadero papel médico del litio lo descubrió, casi por accidente, un psiquiatra australiano llamado John Cade en 1949. Cade sospechaba que la manía podía deberse a alguna sustancia tóxica en la orina de los pacientes, y para estudiarla inyectaba esa orina en cobayos. Para disolver el ácido úrico usó una sal de litio y notó algo inesperado: el litio, por sí solo, volvía a los cobayos extrañamente tranquilos y dóciles.

Tras probar el compuesto en sí mismo para comprobar que era seguro, Cade lo administró a un grupo de pacientes con manía. Los resultados fueron asombrosos: personas agitadas durante años se calmaban y recuperaban una vida normal. Lo publicó ese mismo año en el Medical Journal of Australia, en un artículo hoy histórico. Había nacido el primer estabilizador del ánimo de la psiquiatría moderna.

El reconocimiento, sin embargo, tardó décadas. Justo en 1949 habían muerto varios pacientes cardíacos por usar cloruro de litio como sustituto de la sal de mesa, y eso dejó al metal con mala fama. Solo cuando se aprendió a controlar la dosis con análisis de sangre el litio se ganó su lugar; en Estados Unidos no se aprobó hasta 1970. Aún hoy, siglo y medio después de aquellas aguas milagrosas, sigue siendo uno de los tratamientos más eficaces contra el trastorno bipolar.

El salto a la batería

La segunda vida del litio empezó en los años setenta, cuando los químicos volvieron a fijarse en su mayor virtud física: es el metal más ligero y uno de los más ávidos por soltar electrones, justo lo que se necesita para almacenar mucha energía en poco peso. En 1976, Stanley Whittingham, trabajando para la petrolera Exxon, construyó la primera batería de litio recargable. Funcionaba, pero usaba litio metálico puro y tenía una fea tendencia a incendiarse.

La solución llegó por partes. En 1980, John Goodenough descubrió que un óxido de litio y cobalto permitía duplicar el voltaje. En 1985, el japonés Akira Yoshino eliminó el peligroso litio metálico y diseñó una batería basada solo en iones de litio que viajan de un electrodo a otro: mucho más segura. En 1991, Sony fabricó la primera batería de ion-litio comercial, y a partir de ahí el mundo cambió: cámaras, teléfonos, portátiles y, finalmente, los autos eléctricos que ya habían existido un siglo antes y ahora por fin tenían una batería a su altura. En 2019, Whittingham, Goodenough y Yoshino recibieron el Premio Nobel de Química por ese invento.

El «oro blanco» del siglo XXI

Hoy el litio vale tanto que lo llaman «oro blanco», y buena parte de él está bajo tierra latinoamericana. El llamado «triángulo del litio» —los salares de Bolivia, Chile y Argentina— concentra una porción enorme de las reservas mundiales del metal, escondido en salmueras bajo desiertos de altura. La carrera por extraerlo de forma limpia y justa es uno de los grandes debates económicos y ambientales de la región.

Es un cierre curioso para la historia de un elemento que empezó atrapado en una piedra sueca, pasó por los balnearios y los refrescos, calmó la mente de pacientes desesperados y terminó moviendo el mundo entero. Pocas sustancias han cambiado tantas veces de oficio: del agua milagrosa a la psiquiatría, y de ahí al bolsillo de cada persona del planeta.

Referencias

  1. «Lithium», Encyclopædia Britannica. britannica.com
  2. «John Cade», Wikipedia. en.wikipedia.org
  3. The Nobel Prize in Chemistry 2019. NobelPrize.org. nobelprize.org
  4. «Lithia water», Wikipedia. en.wikipedia.org

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