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Ciencia y Tecnología·Historia··5 min de lectura

La primera computadora personal no fue la que crees

Casi todos creen que la primera computadora personal fue el Altair de 1975, pero hubo varias antes: del Olivetti de 1965 al Kenbak-1 de 1971.

La primera computadora personal no fue la que crees

Pregúntale a cualquiera cuál fue la primera computadora personal y lo más probable es que responda «el Apple» o, si sabe un poco más, «el Altair 8800 de 1975». La segunda respuesta suena erudita y casi todo el mundo la da por buena. El problema es que está equivocada, o por lo menos incompleta. Cuando el Altair apareció en la portada de Popular Electronics, ya habían existido varias máquinas que se ganan el título con todo derecho. La historia de la primera computadora personal no tiene un único ganador: tiene varios, y depende por completo de qué entendamos por «personal».

El problema es la definición

Antes de coronar a nadie hay que ponerse de acuerdo en las reglas. ¿Qué convierte a una máquina en «computadora personal»? Si exigimos que quepa en un escritorio y la use una sola persona, ganan unos candidatos. Si exigimos que sea programable de forma general, ganan otros. Y si exigimos que lleve dentro un microprocesador —ese chip que reúne toda la unidad de cálculo en una sola pastilla—, entonces descartamos de golpe a máquinas anteriores que, para su época, eran igual de revolucionarias.

Esa es la trampa: la mayoría repite «Altair 8800» porque fue la primera en venderse por miles y hacerse famosa, no porque fuera la primera en existir. Ser el más popular no es lo mismo que ser el primero, igual que ocurre con tantos inventos que atribuimos a la persona equivocada, como pasó con el famoso «bug» de Grace Hopper.

1965: la italiana que llegó a la Luna

Diez años antes del Altair, la empresa italiana Olivetti presentó en Nueva York la Programma 101, obra del ingeniero Pier Giorgio Perotto. Era una máquina del tamaño de una máquina de escribir grande, que cabía en un escritorio, la manejaba una sola persona sin bata de laboratorio y —esto es lo decisivo— se podía programar: guardaba instrucciones en tarjetas magnéticas y repetía cálculos complejos a voluntad. No era una simple calculadora.

La P101 se vendió entre 1965 y 1971, y no en cantidades simbólicas: unas 44.000 unidades, la mayoría en Estados Unidos. La NASA compró varias y las usó para cálculos del programa Apollo; se dice que ayudaron a preparar el alunizaje del Apollo 11 en 1969. Para muchos historiadores, aquella caja italiana de líneas elegantes es, con todo derecho, la primera computadora de escritorio de la historia. Y sin embargo casi nadie la recuerda.

1971: el Kenbak-1, el «primero» oficial

Si hay una máquina que ostenta el título de forma casi institucional, es el Kenbak-1. Lo diseñó en 1971 el estadounidense John Blankenbaker en su garaje, cuatro años antes del Altair. No era un kit para armar: llegaba montado y funcionando, listo para enchufar, por 750 dólares. Se programaba con interruptores y mostraba los resultados con lucecitas, tenía apenas 256 bytes de memoria y, curiosamente, no llevaba microprocesador: estaba hecho con circuitos integrados sueltos, porque el microchip aún no existía como producto comercial.

En 1986, un panel de expertos convocado por el Computer Museum de Boston revisó la historia y declaró al Kenbak-1 la primera computadora personal del mundo. El Computer History Museum de California lo sostiene hasta hoy. El detalle amargo: solo se vendieron unas 40 unidades. Fue un primero absoluto y un fracaso comercial absoluto, casi al mismo tiempo.

1973: la francesa que sí tenía microchip

Los puristas dirán, con razón, que ni la Olivetti ni el Kenbak eran «de verdad» computadoras personales, porque les faltaba el corazón moderno: el microprocesador. Pues bien, ese hueco lo llena una máquina francesa casi olvidada, el Micral N, fabricado por la empresa R2E y lanzado en enero de 1973. Llevaba dentro un Intel 8008 y suele considerarse la primera computadora personal comercial —no un kit— construida alrededor de un microprocesador. Es decir: la primera que se parece técnicamente a lo que hoy llamamos computadora, y salió al mercado dos años antes que el Altair.

El Micral se vendió sobre todo a empresas e institutos en Francia y nunca cruzó el Atlántico con fuerza. Por eso, cuando la industria estadounidense escribió su propia historia, esta pionera europea quedó en una nota al pie.

Entonces, ¿por qué todos dicen «Altair»?

El Altair 8800 de la empresa MITS llegó en 1974 y estalló en enero de 1975 con su famosa portada en Popular Electronics. No fue el primero en casi nada, pero fue el primero en encender una revolución: se vendió por decenas de miles, creó una comunidad de aficionados enloquecidos y dio origen a toda una industria. Su lenguaje de programación, el Altair BASIC, fue además el primer producto de una empresita recién nacida llamada Microsoft. Se atribuye a su creador, Ed Roberts, incluso la popularización del término «computadora personal».

Ahí está la clave: el Altair no ganó por ser el primero, sino por ser el que cambió el mundo. La memoria colectiva no premia a quien llega primero, sino a quien deja una huella tan grande que borra a los que iban delante. Es el mismo mecanismo por el que celebramos a ciertos pioneros de la informática y olvidamos a otros igual de importantes, como cuando redescubrimos que Ada Lovelace escribió el primer programa casi un siglo antes de que existiera una máquina capaz de ejecutarlo.

La respuesta honesta

¿Cuál fue, entonces, la primera computadora personal? La respuesta sincera es incómoda: no hay una sola. Si cuenta ser de escritorio y programable, fue la Olivetti Programma 101 de 1965. Si cuenta el reconocimiento oficial, fue el Kenbak-1 de 1971. Si cuenta llevar microprocesador, fue el Micral N de 1973. Y si cuenta encender la revolución que puso una máquina en cada casa, fue el Altair 8800 de 1975. Todas son verdad; ninguna es «la» verdad.

Quizá esa sea la mejor lección de la historia de la tecnología: los grandes saltos casi nunca tienen un padre único ni una fecha limpia. Se van cocinando en garajes, laboratorios y fábricas de varios países a la vez, y solo mucho después decidimos, un poco arbitrariamente, a quién ponerle la medalla. Si te fascina esa arqueología de las máquinas, echa un vistazo a los clubes que hoy rescatan computadoras antiguas: allí siguen vivos estos primeros que casi nadie recuerda.

Referencias

  1. «What Was The First PC?», Computer History Museum. computerhistory.org
  2. «Kenbak-1», Wikipedia. en.wikipedia.org
  3. «Programma 101», Wikipedia. en.wikipedia.org
  4. «Micral», Wikipedia. en.wikipedia.org
  5. «Altair 8800», Wikipedia. en.wikipedia.org

¿Te gusta la historia oculta de la tecnología? Sigue con Grace Hopper y el origen del «bug» o explora toda la sección de Ciencia y Tecnología.

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