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Cómo funciona Bluetooth y el rey vikingo del nombre

Bluetooth conecta audífonos, autos y teclados sin cables. Te contamos cómo funciona esa radio invisible y por qué lleva el nombre de un rey vikingo.

Cómo funciona Bluetooth y el rey vikingo del nombre

Sacas los audífonos del estuche y suenan solos. Subes al carro y el teléfono se enlaza con la radio sin que toques nada. Escribes en un teclado que no tiene ningún cable. Detrás de todos esos gestos cotidianos hay una misma tecnología discreta y casi mágica: el Bluetooth, una radio de corto alcance que se ha vuelto tan común que ya casi nadie se pregunta cómo funciona… ni por qué lleva un nombre tan raro. Esta es la historia de las dos cosas.

Qué es exactamente el Bluetooth

El Bluetooth es una forma de comunicación inalámbrica de corto alcance pensada para reemplazar los cables entre dispositivos cercanos: unos 10 metros en la versión clásica, aunque en la práctica funciona mejor a pocos metros. Trabaja en la banda de radio de 2,4 GHz, la misma franja libre de licencia que usan el WiFi, los microondas y los teléfonos inalámbricos, y que está disponible en casi todo el mundo sin necesidad de permiso.

La idea original no era conectar audífonos, sino algo más modesto: eliminar el cablerío que en los años noventa colgaba de todo teléfono y computadora. Un ingeniero de Ericsson, Sven Mattisson, y su colega Jaap Haartsen trabajaban desde 1994 en una radio diminuta y barata que pudiera enlazar un celular con sus accesorios sin ningún hilo. De ese proyecto salió lo que hoy usamos cien veces al día.

Cómo funciona: saltar de frecuencia mil veces por segundo

Aquí está lo ingenioso del asunto. La banda de 2,4 GHz está saturada: por ahí pasan el WiFi de tu casa, el del vecino, el microondas encendido y cualquier otro aparato Bluetooth cercano. ¿Cómo evita el Bluetooth ahogarse en ese ruido? Con un truco llamado salto de frecuencia (frequency-hopping spread spectrum).

En vez de quedarse en un solo canal, el Bluetooth divide la banda en 79 canales de 1 MHz cada uno y va brincando entre ellos hasta 1.600 veces por segundo, siguiendo una secuencia que solo el emisor y el receptor conocen de antemano. Si un canal está ocupado o tiene interferencia, no importa: en una fracción de segundo ya saltaron a otro. Las versiones modernas incluso aprenden cuáles canales están congestionados y los esquivan a propósito, lo que se llama salto de frecuencia adaptativo.

Ese baile constante hace dos cosas a la vez. Vuelve la conexión robusta frente a la interferencia —por eso tus audífonos no se cortan aunque el WiFi esté a tope— y le da una capa de privacidad, porque quien no conozca la secuencia de saltos escucha apenas pedacitos inconexos de la señal. Es la misma familia de trucos de radio que hace que otras tecnologías cercanas, como el NFC de las tarjetas y celulares, funcionen sin estorbarse entre sí.

De un rey vikingo a tu bolsillo

Y llegamos al nombre. «Bluetooth» significa literalmente «diente azul» en inglés, y no es una metáfora publicitaria: es el apodo de un rey de verdad. Harald Blåtand Gormsson gobernó Dinamarca y Noruega en el siglo X y pasó a la historia por haber unificado las tribus danesas bajo una sola corona hacia el año 958. El apodo «diente azul» venía, según la tradición, de un diente muerto de color oscuro, entre azulado y gris, que llevaba en la boca.

La conexión con la tecnología nació en una conversación de bar. En 1996, mientras Intel, Ericsson y Nokia intentaban ponerse de acuerdo en un estándar común, el ingeniero de Intel Jim Kardach salió de copas con Sven Mattisson, el de Ericsson. Kardach, aficionado a la historia, acababa de leer sobre los vikingos, y su colega le habló de Los orquídeos del mar (The Longships), una novela sobre la Dinamarca de Harald. Kardach vio la analogía perfecta: así como el rey había unido pueblos enemigos, aquella radio uniría teléfonos, computadoras y accesorios de fabricantes distintos. Propuso «Bluetooth» como nombre en clave provisional para el proyecto.

Se suponía que era temporal, un apodo interno hasta encontrar algo comercial. Pero el nombre real elegido no llegó a tiempo, el clave se quedó pegado, y así una tecnología del siglo XXI terminó bautizada con el mote de un monarca del año 958. Hasta el logo es un homenaje: ese símbolo azul que ves en tantos aparatos es en realidad la unión de dos runas del alfabeto vikingo, la ᚼ (Hagall) y la ᛒ (Bjarkan), que son las iniciales de Harald Blåtand.

Del primer audífono a los AirPods

En mayo de 1998, cinco empresas —Ericsson, Intel, Nokia, Toshiba e IBM— fundaron el Bluetooth SIG, el grupo sin fines de lucro que define desde entonces cómo deben entenderse todos los aparatos con Bluetooth. El primer producto llegó en 1999: un audífono manos libres que ganó un premio en la feria COMDEX. Los primeros celulares comerciales con Bluetooth aparecieron poco después, encabezados por el Ericsson T39 en 2001.

De ahí en adelante la tecnología no dejó de mejorar. La versión Bluetooth Low Energy (BLE), llegada con la especificación 4.0 en 2010, redujo tantísimo el consumo que hizo posible que un sensor o una pulsera funcionaran meses con una pila de reloj: es lo que hoy alimenta relojes inteligentes, balanzas, juguetes y los rastreadores como el AirTag de Apple. La popularización de los audífonos sin cables —los AirPods en 2016 y toda la ola que vino detrás— terminó de volver el Bluetooth invisible: dejó de ser una función que se activaba a mano para ser algo que simplemente está ahí.

Por qué a veces falla (y por qué es seguro)

Si el Bluetooth es tan robusto, ¿por qué a veces se corta? Casi siempre por el mismo motivo: la banda de 2,4 GHz está muy concurrida, y aunque el salto de frecuencia ayuda, un microondas encendido o una decena de dispositivos peleando por el aire pueden degradar la señal. El alcance también engaña, porque una pared o tu propio cuerpo bastan para atenuarla. Por eso el consejo de siempre —acercar los aparatos, quitar obstáculos— funciona de verdad.

En cuanto a seguridad, el Bluetooth moderno cifra la comunicación y exige un emparejamiento explícito antes de conectar dos aparatos, lo que evita que cualquiera se cuele. No es infalible —han existido vulnerabilidades y ataques—, y por eso conviene apagarlo cuando no se usa y no aceptar emparejamientos que uno no haya iniciado. Pero, como el conector USB-C, el Bluetooth es una de esas tecnologías que usamos sin pensar precisamente porque funcionan tan bien que se vuelven invisibles… con la diferencia de que esta, además, carga con el apodo de un vikingo del año 958.

Referencias

  1. «Bluetooth», Wikipedia. en.wikipedia.org
  2. «Origin of the name», Bluetooth Technology Website. bluetooth.com
  3. «Harald Bluetooth», Wikipedia. en.wikipedia.org
  4. «A little history of Bluetooth: Everything you need to know», Android Authority. androidauthority.com

¿Te gustan estas tecnologías cotidianas que casi nadie entiende? Sigue con cómo funciona el NFC o explora toda la sección de tecnología.

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