Neomano
← Volver al inicio
Ciencia del pasado·Historia·Ciencia y Tecnología··6 min de lectura

El fonógrafo de Edison y la primera máquina que habló

En 1877 Thomas Edison construyó el fonógrafo, la primera máquina capaz de grabar la voz humana y reproducirla. Así habló un aparato por primera vez.

El fonógrafo de Edison y la primera máquina que habló

Durante toda la historia de la humanidad, ninguna máquina había sido capaz de devolver una voz. Podíamos escribirla, dibujarla, incluso "fotografiar" su vibración, pero jamás volver a oírla. Hasta que una tarde de diciembre de 1877, un aparato tosco de latón y estaño repitió una canción infantil y dejó atónitos a los presentes.

El fonógrafo de Thomas Edison no fue la primera máquina que grabó sonido —esa historia pertenece a un francés olvidado—, pero sí fue la primera que consiguió cerrar el círculo: grabar la voz humana y volver a reproducirla. Por primera vez, una máquina habló. Esta es la historia de cómo el sonido dejó de ser eterno y fugaz para convertirse en algo que se podía guardar en una lata.

El mago de Menlo Park

En 1877 Thomas Alva Edison tenía 30 años y ya era famoso. Trabajaba en su laboratorio de Menlo Park, en Nueva Jersey, una especie de fábrica de inventos donde ensayaba mejoras para el telégrafo y el teléfono, entonces recién nacido. Fue precisamente estudiando cómo registrar los mensajes del telégrafo en una cinta de papel cuando se topó con una idea inesperada.

Edison notó que, al pasar rápido esa cinta con marcas bajo una aguja, el aparato producía un zumbido que recordaba vagamente a una voz humana. Si las vibraciones del habla podían dejar una huella física, razonó, quizá esa misma huella pudiera hacer vibrar de nuevo una membrana y devolver el sonido. La intuición era sencilla y brillante a la vez.

Cómo funcionaba: un cilindro de estaño

El diseño que Edison bosquejó era desarmante de simple. Un cilindro de latón con un surco en espiral se envolvía en una fina hoja de papel de estaño (el mismo material del que hoy llamamos "papel aluminio"). A cada lado del cilindro había una boquilla con una membrana y una aguja.

Para grabar, uno giraba una manivela y hablaba hacia la boquilla: las ondas de la voz hacían vibrar la membrana, y la aguja se hundía más o menos en el estaño según la intensidad del sonido, dejando una hendidura ondulante a lo largo del surco. Para reproducir, se volvía el cilindro a su posición inicial, se apoyaba una segunda aguja sobre esas marcas y, al girar de nuevo la manivela, aquellas hendiduras hacían vibrar la membrana a la inversa, recreando el sonido original.

Aquí está la diferencia decisiva con lo que vino antes. Diecisiete años atrás, el francés Édouard-Léon Scott ya había logrado dibujar la forma de la voz sobre papel ennegrecido con hollín, como contamos en la historia de la grabación de voz más antigua que se conserva. Pero su máquina solo sabía escribir el sonido, no leerlo en voz alta. El fonógrafo de Edison fue el primero capaz de hacer las dos cosas.

"Mary had a little lamb": la máquina responde

Edison le entregó el boceto a su maquinista de confianza, el suizo John Kruesi, que construyó el aparato en unas 30 horas durante la primera semana de diciembre de 1877. Cuenta la leyenda que Kruesi preguntó para qué servía aquello y Edison respondió, sin dar más explicaciones, que iba a hablar.

Cuando estuvo listo, Edison se inclinó sobre la boquilla, giró la manivela y recitó los primeros versos de una canción infantil que todo niño estadounidense conocía: "Mary had a little lamb, its fleece was white as snow…" (María tenía un corderito, su lana era blanca como la nieve). Volvió el cilindro a su sitio, apoyó la aguja lectora y giró otra vez. El aparato, con una voz metálica y temblorosa, repitió la frase entera. Según los propios testigos, quedaron mudos de asombro: por primera vez una máquina les devolvía una voz humana.

Esquema del fonógrafo de Edison de 1877: cilindro de latón envuelto en papel de estaño, manivela y boquilla con membrana y aguja

Una máquina que da los buenos días

Al día siguiente, el 7 de diciembre de 1877, Edison llevó su fonógrafo a las oficinas de la revista Scientific American en Nueva York. La escena, tal como la relató la propia revista en su número del 22 de diciembre, tuvo algo de sobrenatural: la máquina, escribieron sus editores, "nos preguntó por nuestra salud, quiso saber qué nos parecía el fonógrafo, nos informó de que se encontraba muy bien y nos deseó cordialmente buenas noches".

Edison presentó la solicitud de patente el 24 de diciembre de 1877 y el 19 de febrero de 1878 le concedieron la patente estadounidense n.º 200.521, titulada "Mejora en el fonógrafo o máquinas parlantes". El nombre del invento venía del griego: phonḗ (sonido, voz) y gráphein (escribir). Literalmente, "el que escribe el sonido". La prensa lo bautizó con apodos más vistosos —"la máquina parlante"— y a Edison, que ya coleccionaba fama, empezaron a llamarlo el Mago de Menlo Park.

¿Y esto para qué sirve?

Lo curioso es que ni el propio Edison tenía claro qué hacer con su invento. En un artículo de 1878 llegó a enumerar una lista de usos posibles, y la música no encabezaba precisamente el catálogo: pensaba en dictar cartas sin secretario, en libros hablados para personas ciegas, en enseñar dicción, en relojes que anunciaran la hora en voz alta y en guardar las últimas palabras de los moribundos como una forma de recuerdo familiar. La idea de vender música grabada al gran público le parecía casi secundaria.

Había además un problema práctico enorme: la hoja de estaño se deformaba tras unas pocas reproducciones y era casi imposible de reutilizar o archivar. El fonógrafo original era más un prodigio de feria que un producto útil, y Edison, ocupado con otro proyecto que le consumía la atención —iluminar el mundo con la bombilla, en plena guerra de las corrientes contra Tesla y Westinghouse—, dejó el aparato aparcado casi una década.

Del estaño al disco: la carrera por el sonido

La competencia lo obligó a volver. En los años ochenta, el laboratorio de Alexander Graham Bell —el del teléfono— perfeccionó la idea sustituyendo el frágil estaño por cilindros de cera, mucho más duraderos y grabables. Edison respondió con sus propios cilindros de cera y, por fin, el sonido grabado empezó a convertirse en un negocio real en la década de 1890.

El golpe definitivo llegó de un tercero. El alemán Emile Berliner cambió el cilindro por un disco plano y llamó a su aparato gramófono. Los discos eran fáciles de copiar en serie y de almacenar apilados, y terminaron imponiéndose sobre el cilindro. De aquel invento nacería toda la industria del vinilo que dominó el siglo XX. Edison había abierto la puerta, pero fue el disco —no su cilindro— el que se quedó con el futuro.

La primera voz que nadie puede escuchar

Queda una ironía final. Aquella histórica grabación de "Mary had a little lamb" de 1877 no se conserva: la hoja de estaño original se perdió. La versión que hoy circula por internet, con Edison recitando el poema con voz cascada, no es la de 1877, sino una recreación que él mismo grabó en 1927, cincuenta años después, para celebrar el aniversario y mostrar cómo había sonado aquel primer aparato.

Así que la primera frase que una máquina pronunció en la historia solo la escucharon quienes estaban en Menlo Park aquella tarde. Es el mismo destino frágil de tantos pioneros del registro: capturar por primera vez algo efímero y, aun así, no lograr guardarlo del todo. Le pasó a quienes intentaron atrapar la luz con las primeras cámaras y a quienes soñaron con detener el tiempo en un daguerrotipo. Edison enseñó al mundo que una voz podía sobrevivir a su dueño; solo que la primera de todas, paradójicamente, se apagó para siempre.


Referencias

Compartir¡Copiado!

También te puede interesar

Comentarios

Inicia sesión con GitHub para comentar.
Publicidad

Del autor · Noticias · IA · Audio

MiPais.com Las noticias del mundo, en audio, desde un globo terráqueo

Visitar MiPais.com