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Ciencia y Tecnología·Curiosidades··7 min de lectura

Cómo funciona el GPS y por qué sabe dónde estás

El GPS de tu celular te ubica gracias a satélites a 20.000 km de altura y relojes atómicos. Te explicamos cómo funciona esa magia cotidiana, paso a paso.

Cómo funciona el GPS y por qué sabe dónde estás

Abres el mapa en el celular y ahí está: un punto azul que eres tú, parpadeando sobre la calle exacta en la que caminas. No importa si estás en Quito, en medio del mar o perdido en una carretera desconocida: en pocos segundos el aparato sabe dónde estás con un margen de pocos metros. Detrás de ese gesto tan cotidiano hay una de las máquinas más asombrosas jamás construidas: una red de satélites que giran a 20.000 kilómetros de altura, relojes atómicos que miden el tiempo en milmillonésimas de segundo y hasta una corrección basada en la teoría de la relatividad de Einstein. Esto es cómo funciona el GPS… y por qué es mucho más ingenioso de lo que parece.

Qué es exactamente el GPS

GPS son las siglas de Global Positioning System (Sistema de Posicionamiento Global). Es una red de satélites operada por Estados Unidos —hoy a cargo de la Fuerza Espacial (Space Force)— que emite señales de radio desde el espacio para que cualquier receptor en la Tierra pueda calcular su posición. Lo notable es que el sistema es de una sola vía: los satélites solo transmiten, nunca reciben. Tu celular no le «pide» nada a ningún satélite; simplemente escucha lo que cae del cielo y hace las cuentas él solo. Por eso el GPS puede atender a un número infinito de usuarios a la vez sin saturarse.

La constelación consta de al menos 24 satélites operativos (en la práctica suele haber más de 30), repartidos en seis órbitas de modo que, desde cualquier punto del planeta y a cualquier hora, siempre haya al menos cuatro a la vista. Vuelan a unos 20.200 kilómetros de altura, en lo que se llama órbita media terrestre, y dan dos vueltas completas al mundo cada día. Cada uno lleva a bordo su tesoro más valioso: varios relojes atómicos, tan precisos que se atrasan o adelantan apenas unos nanosegundos, es decir, milmillonésimas de segundo.

Cómo sabe dónde estás: la trilateración

Aquí está el corazón del truco. Cada satélite transmite sin parar un mensaje que dice, en esencia, dos cosas: «soy el satélite tal, estoy en esta posición exacta» y «este mensaje salió en tal instante preciso». Tu celular recibe esa señal un poquito después, porque las ondas de radio, aunque viajen a la velocidad de la luz (unos 300.000 km por segundo), tardan un tiempo medible en cruzar esos 20.000 kilómetros. Multiplicando ese retraso por la velocidad de la luz, el receptor calcula a qué distancia está de ese satélite.

Con la distancia a un solo satélite, sabes que estás en algún punto de una enorme esfera alrededor de él. Con dos satélites, la cosa se reduce al círculo donde se cruzan las dos esferas. Con tres, esos círculos se cortan en apenas dos puntos, y uno de ellos suele estar en el espacio o dentro de la Tierra, así que se descarta solo. Este método de cruzar distancias se llama trilateración (no «triangulación», que mide ángulos y es otra cosa). En teoría bastarían tres satélites, pero en la práctica hace falta un cuarto, y por una razón preciosa.

El reloj de tu celular es bueno, pero no es un reloj atómico: un error de una millonésima de segundo se traduciría en un error de 300 metros en tu posición. La solución es elegante: con la señal de un cuarto satélite, el receptor tiene ecuaciones de sobra para resolver a la vez tu posición y la hora exacta. Es decir, el GPS no solo te dice dónde estás, sino que convierte tu teléfono barato en un cronómetro casi tan preciso como un reloj atómico. Es la misma lógica de precisión que, en otra escala, permitió durante siglos orientarse con la historia de la brújula y las estrellas.

El detalle que casi nadie conoce: Einstein en tu bolsillo

Aquí viene lo que suele dejar a la gente con la boca abierta. Para que el GPS funcione, hay que corregir los efectos de la teoría de la relatividad de Einstein. No es un adorno teórico: sin esa corrección, el sistema sería inservible en cuestión de minutos.

Pasan dos cosas a la vez. Por la relatividad especial, como los satélites viajan muy rápido respecto a nosotros, sus relojes atómicos deberían atrasarse unos 7 microsegundos al día. Pero por la relatividad general, como están lejos de la Tierra donde la gravedad es más débil, sus relojes deberían adelantarse unos 45 microsegundos al día. El saldo neto es que los relojes de los satélites corren unos 38 microsegundos más rápido cada día que los de la superficie.

Treinta y ocho microsegundos suena a nada. Pero recuerda que aquí el tiempo se traduce en distancia a la velocidad de la luz: sin corregir ese desfase, el error de posición crecería alrededor de 10 kilómetros por día. Tu mapa te ubicaría en otra provincia antes del almuerzo. Por eso los relojes de los satélites vienen ajustados de fábrica para «tictaquear» un poco más despacio, de modo que, ya arriba, marchen sincronizados con la Tierra. Cada vez que usas el GPS estás confirmando, sin saberlo, que Einstein tenía razón.

De un pitido de Sputnik a tu bolsillo

La idea nació casi por accidente. Cuando la Unión Soviética lanzó el Sputnik en 1957, unos físicos de la Universidad Johns Hopkins se pusieron a escuchar su pitido por radio y notaron algo: la frecuencia de la señal subía cuando el satélite se acercaba y bajaba cuando se alejaba, el conocido efecto Doppler. Con eso podían calcular la órbita del satélite desde el suelo. Y entonces alguien dio vuelta a la idea: si conociendo la órbita se puede ubicar al oyente, entonces un satélite de posición conocida podría servir para ubicar a alguien en tierra.

De esa intuición salió primero Transit, un sistema que la Marina de Estados Unidos usó desde los años sesenta para guiar submarinos. El GPS moderno, bautizado Navstar, empezó a construirse en los setenta: el primer satélite se lanzó en 1978 y la constelación quedó completa a mediados de los noventa. Durante años fue de uso militar, y las señales civiles se degradaban a propósito con un mecanismo llamado Selective Availability, que metía un error de decenas de metros. Eso terminó en el año 2000, cuando Estados Unidos apagó esa degradación y, de un día para otro, el GPS civil pasó a ser diez veces más preciso. Ese fue el verdadero big bang de los navegadores, las apps de mapas y el punto azul que hoy das por sentado.

Por qué tu celular te ubica tan rápido

Si el GPS depende de escuchar satélites lejanos y débiles, ¿por qué tu teléfono te ubica casi al instante, incluso dentro de un edificio? Por un par de ayudas. La primera se llama A-GPS (GPS asistido): en vez de esperar a que el receptor descargue del cielo, lentamente, dónde está cada satélite, el celular baja esos datos por internet en un segundo y usa las antenas de telefonía y el WiFi cercano para hacerse una idea aproximada de dónde estás. Con esa pista, encontrar los satélites es mucho más rápido.

La segunda es que tu teléfono ya no escucha solo al GPS estadounidense. Los chips modernos oyen también al GLONASS ruso, al Galileo europeo y al BeiDou chino. Al conjunto se le llama GNSS, y significa que en cualquier momento tu celular puede estar combinando la señal de más de una veintena de satélites de cuatro países distintos. Más satélites a la vista significan más precisión y menos «huecos» entre edificios. Es, como el Bluetooth que conecta tus audífonos, una de esas tecnologías que usamos cien veces al día sin pensar en la ingeniería descomunal que hay detrás.

La próxima vez que abras el mapa, acuérdate de todo lo que ocurrió para que apareciera ese punto azul: una constelación heredada de la Guerra Fría, relojes atómicos volando a 14.000 km/h, una corrección firmada por Einstein y señales que cruzaron 20.000 kilómetros de vacío para encontrarte. No está nada mal para algo que consultamos incluso para no tomar la ruta más corta al viajar en avión.

Referencias

  1. «Global Positioning System», Wikipedia. en.wikipedia.org
  2. «Real-World Relativity: The GPS Navigation System», Ohio State University (R. Pogge). astronomy.ohio-state.edu
  3. «Brief History of GPS», The Aerospace Corporation. aerospace.org
  4. «GPS.gov: How GPS Works», National Coordination Office for Space-Based PNT. gps.gov

¿Te gustan estas tecnologías cotidianas que casi nadie entiende? Sigue con cómo funciona el Bluetooth o explora toda la sección de ciencia y tecnología.

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