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Etimología·Historia··4 min de lectura

El origen de la palabra desastre: un mal astro

¿De dónde viene la palabra desastre? De la astrología: dis- «mal» más astrum «estrella». Un desastre era, literalmente, culpa de una estrella con mala posición.

El origen de la palabra desastre: un mal astro

Cuando algo sale terriblemente mal decimos que fue un desastre, sin sospechar que estamos culpando al cielo. La palabra guarda dentro una estrella: viene del prefijo negativo dis- («mal», «en contra») y del latín astrum, «astro», que a su vez procede del griego ástron. Un desastre era, en su sentido más literal, una mala estrella: la posición desfavorable de un cuerpo celeste que, según la astrología, arrastraba a los humanos hacia la desgracia. El origen de «desastre» es la fósil de una época en la que la culpa de todo lo malo estaba escrita en el firmamento.

Cuando el destino se leía en el cielo

Durante siglos, buena parte de Europa creyó que la posición de los planetas y las estrellas influía directamente en la vida terrestre: las cosechas, las guerras, las enfermedades y la suerte de cada persona. No era una superstición marginal, sino un sistema de conocimiento respetado, enseñado en las universidades junto a la astronomía y practicado por médicos y reyes. En ese marco, nacer bajo una «buena estrella» significaba tener fortuna, y caer bajo una «mala» presagiaba la ruina.

El latín medieval llegó a acuñar la expresión astrum sinistrum, «astro siniestro», para el aspecto amenazante de un planeta de mal agüero. De esa misma lógica salió la palabra que hoy usamos para cualquier catástrofe. Cuando algo se torcía sin explicación, la respuesta estaba a la vista: los astros se habían alineado en contra.

Dis- más astrum: la anatomía de la palabra

La forma se compone con transparencia. El prefijo dis- (o des- en las lenguas romances) indica negación, separación o contrariedad; es el mismo que aparece en «disgusto», «discordia» o «disfunción». Unido a astrum produce la idea de «mal astro» o «estrella adversa». El término se formó primero en el occitano y el provenzal antiguos como desastre, donde astre significaba «estrella» y, en sentido astrológico, «suerte». De ahí pasó al italiano disastro, al francés désastre y al español desastre.

La raíz astrum es sorprendentemente fértil: la comparten «astronomía», «astronauta», «asterisco» (una estrellita), «astrología» y hasta «consternar». No es la única palabra que la astrología dejó escondida en el diccionario. «Influenza» —y por tanto «influencia»— nombraba originalmente el «influjo» que los astros derramaban sobre la Tierra, y de ahí saltó a la enfermedad que se creía causada por ese flujo celeste. Como en la historia de la canícula, esos «días de perro» que anuncia la estrella Sirio, el vocabulario del calor y de la desgracia está lleno de estrellas.

La estrella maldita de Shakespeare

La palabra entró al inglés como disaster hacia finales del siglo XVI, tomada del italiano y el francés, y desde el principio conservó su carga astrológica. William Shakespeare la usa varias veces justo en ese sentido. En El rey Lear, el personaje de Edmund se burla de la costumbre de culpar «al sol, la luna y las estrellas» de nuestros propios errores; y de esa misma cosmovisión nace la célebre expresión star-crossed lovers, «amantes cruzados por las estrellas», con que el prólogo de Romeo y Julieta anuncia una tragedia escrita en el cielo.

Era la manera natural de explicar lo inexplicable. Igual que el «pánico» atribuía el miedo súbito a un dios, el «desastre» atribuía la catástrofe a un astro. Poner nombre a la desgracia y colocarla fuera del alcance humano tenía algo de consuelo: si la culpa era de las estrellas, al menos no era del todo nuestra.

Cuando la palabra bajó del cielo

Con el tiempo, la astrología perdió prestigio científico y «desastre» se desprendió de su cielo de origen. Hoy la usamos para un terremoto, una guerra, un examen reprobado o una cena que se quema, sin el menor recuerdo de estrellas. Es el mismo recorrido que hicieron otras palabras nacidas de una creencia: como «azar», que empezó siendo el nombre de un dado antes de convertirse en el puro concepto de la suerte, «desastre» viajó de la bóveda celeste al lenguaje cotidiano y perdió por el camino su sentido literal.

Y sin embargo la estrella sigue ahí, escondida en las cuatro últimas letras. La próxima vez que llames «desastre» a un mal día, recuerda que estás repitiendo, sin quererlo, el veredicto de una astrología antiquísima: que arriba, en algún cruce de planetas, algo se torció y nos tocó la peor suerte. La palabra es un fósil hermoso de una humanidad que buscaba en el cielo las respuestas que no encontraba en la tierra.

Referencias

  1. «Disaster», Online Etymology Dictionary: de los años 1590, del italiano disastro «desgracia, calamidad», del provenzal antiguo desastre; sentido astrológico de calamidad achacada a la posición desfavorable de un planeta, de dis- «mal» y astro «estrella, planeta». etymonline.com
  2. «Desastre», Diccionario de la lengua española (RAE-ASALE): «desgracia grande, suceso infeliz y lamentable»; del occitano antiguo desastre. dle.rae.es
  3. «Disaster», Merriam-Webster Dictionary: nota etimológica sobre dis- más astro «estrella» y el sentido original de «posición desfavorable de un astro». merriam-webster.com
  4. «Desastre», Diccionario etimológico (etimologias.dechile.net): del provenzal desastre, de dis- y astro; la creencia astrológica de que el desorden celeste presagiaba desgracias y catástrofes. etimologias.dechile.net

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «canícula» y el de «azar», o explora toda la serie de etimología.

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