El origen de Unix: por qué vive en tu teléfono
Unix nació en 1969 en un ordenador olvidado de Bell Labs. Hoy su descendencia vive en tu celular, tu Mac y casi todos los servidores del mundo.

Si estás leyendo esto en un iPhone, tienes Unix en la mano. Si es un Android, tienes un pariente cercano. Si lo lees en una Mac, es Unix casi de manual. Y la página que estás mirando salió de un servidor que, con toda probabilidad, también corre un descendiente directo de aquel sistema. Medio siglo después de nacer en un rincón olvidado de un laboratorio, Unix sigue siendo el esqueleto invisible sobre el que se apoya buena parte de la informática moderna. Lo curioso es que empezó como un proyecto casi clandestino, hecho a ratos, en una computadora que nadie más quería usar.
Un fracaso llamado Multics
La historia arranca a mediados de los años sesenta con un proyecto ambicioso y colectivo: Multics. El MIT, la empresa General Electric y los Laboratorios Bell de AT&T se unieron para construir un sistema operativo de tiempo compartido, capaz de que muchos usuarios trabajaran a la vez en un mismo mainframe. Era un sueño de la época, pero un sueño que tardaba en cumplirse: el desarrollo se alargaba, se complicaba y no terminaba de entregar algo útil.
Hacia 1969, Bell Labs perdió la paciencia y se retiró de Multics. Varios de sus ingenieros se quedaron sin proyecto, pero con una idea clara en la cabeza de cómo debería ser un buen sistema operativo. Entre ellos estaban dos nombres que la historia de la computación no olvidaría: Ken Thompson y Dennis Ritchie.
1969: un videojuego y una máquina olvidada
El detonante de Unix no fue una gran visión estratégica, sino algo mucho más humano: Ken Thompson quería seguir jugando. Había escrito un juego llamado Space Travel que simulaba el sistema solar, y ejecutarlo en los grandes mainframes de Bell resultaba carísimo. Así que buscó una alternativa y la encontró arrinconada: una PDP-7, una minicomputadora vieja y poco usada.
Para hacer correr su juego de forma económica, Thompson terminó escribiendo, durante el verano de 1969, todo un sistema operativo: un sistema de archivos, un intérprete de comandos y las utilidades básicas para copiar, editar y borrar. Aquella base autosuficiente fue el primer Unix. El nombre llegó como una broma: los colegas lo bautizaron «Unics», un juego de palabras que se burlaba de Multics (algo así como una versión «castrada» de aquel gigante). Con el tiempo, el chiste se convirtió en UNIX, y el nombre oficial se quedó.
La jugada maestra: reescribirlo en C
El primer Unix estaba escrito en lenguaje ensamblador, atado a la máquina concreta para la que se había hecho. En 1972 y 1973, Thompson y Ritchie tomaron una decisión que parecía técnica y menor, pero que resultó visionaria: reescribieron casi todo el sistema en un lenguaje nuevo que el propio Ritchie había creado, el lenguaje C.
La consecuencia fue enorme. Al no depender de las tripas de un hardware específico, Unix se convirtió en el primer sistema operativo de uso extendido capaz de saltar de una máquina a otra y sobrevivir a la computadora para la que había nacido. Portarlo a un ordenador distinto dejó de significar reescribirlo entero. Esa portabilidad es, en el fondo, la razón por la que Unix pudo esparcirse por el mundo mientras otros sistemas morían junto con su hardware. La misma idea de separar el software de un hardware concreto reaparece hoy en proyectos como RISC-V, el procesador libre que aspira a ser el Linux del hardware.
Cómo un accidente legal lo regó por las universidades
Aquí entra un giro inesperado. AT&T, dueña de Bell Labs, era un monopolio telefónico regulado y, por acuerdos antimonopolio, tenía prohibido meterse en el negocio de los computadores. No podía convertir Unix en un producto comercial y venderlo agresivamente. Así que hizo algo que hoy suena raro: lo licenció a las universidades por cantidades casi simbólicas, con el código fuente incluido.
Para una generación de estudiantes y profesores, aquello fue un regalo del cielo. Podían leer el sistema por dentro, modificarlo y aprender de él. La Universidad de California en Berkeley se volvió un foco de mejoras y empezó a distribuir su propia versión, la BSD (Berkeley Software Distribution). Durante los años setenta y ochenta, Unix se propagó por el mundo académico como una cultura, no solo como un programa. Aquella limitación legal, pensada para frenar a AT&T, terminó siendo el mejor plan de difusión posible.
La filosofía que todavía usamos
Unix no dejó solo código: dejó una forma de pensar. Su famosa filosofía se resume en una idea sencilla: programas pequeños que hacen una sola cosa bien y que se pueden encadenar unos con otros, pasándose la salida de uno como entrada del siguiente. En lugar de un mastodonte que lo hace todo, muchas piezas modestas que colaboran. Esa manera de construir software influyó en prácticamente todo lo que vino después y sigue siendo la base de cómo trabajan hoy millones de programadores en la terminal.
De aquel entorno salieron también herramientas e ideas que damos por sentadas, y un montón de historia informática con nombre propio, como la que rodea a Grace Hopper y el origen del «bug». Unix fue el suelo común donde germinaron muchas de esas semillas.
Por qué sigue vivo dentro de tu bolsillo
Aquí está la parte que casi nadie sabe. En 1991, un estudiante finlandés llamado Linus Torvalds creó Linux, un núcleo inspirado en Unix pero escrito desde cero y libre. Linux hoy mueve la mayoría de los servidores de internet, los supercomputadores y, dentro de Android, la mayoría de los teléfonos del planeta. Es «tipo Unix»: hijo de la misma filosofía, aunque no del mismo código.
Y por el otro lado están los descendientes directos. Cuando Apple construyó macOS, lo levantó sobre un cimiento con código BSD; de hecho, macOS es un Unix certificado oficialmente. Y iOS, el sistema del iPhone, es hermano de macOS: comparte ese mismo corazón. Así que, sumando a los parientes y a los descendientes directos, la genealogía de aquel experimento de 1969 sostiene hoy tu celular, tu computadora y casi toda la web. Pocas veces una máquina vieja y arrinconada, encendida para poder jugar un videojuego, ha terminado gobernando el mundo entero. Si te gusta esta arqueología de las máquinas, quizá disfrutes también de la discusión sobre cuál fue la primera computadora personal.
Referencias
- «History of Unix», Wikipedia. en.wikipedia.org
- Dennis M. Ritchie, «The Evolution of the Unix Time-sharing System», AT&T Bell Laboratories. read.seas.harvard.edu
- «The invention of Unix», Nokia. nokia.com
- «History of the Berkeley Software Distribution», Wikipedia. en.wikipedia.org
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