La historia del disquete: el icono de guardar
El disquete guardaba 80 KB en 1971 y hoy sobrevive como el ícono de «guardar» que muchos jóvenes nunca tocaron. Esta es la historia completa del disquete.

Hay un objeto que casi nadie usa ya y que, sin embargo, sigue apareciendo decenas de veces al día en tu pantalla: el disquete. Ese cuadrado con una ranura que dibuja el botón de «guardar» en casi todos los programas es la silueta de una tecnología que dominó la informática durante tres décadas y que muchos de quienes la ven a diario nunca sostuvieron en la mano. Esta es la historia del disquete, desde el laboratorio de IBM hasta el ícono que se negó a morir.
1971: un disco flexible para arrancar una mainframe
El problema que dio origen al disquete era muy concreto. A finales de los años sesenta, los enormes computadores de IBM necesitaban cargar su microcódigo —las instrucciones internas que los hacían funcionar— cada vez que se encendían, y hacerlo con tarjetas perforadas o cinta era lento y caro. En 1967, el gerente de producto Alan Shugart, en el laboratorio de IBM en San José (California), encargó a David L. Noble desarrollar un medio barato y desechable para esa tarea.
La solución llegó en 1971: el IBM 23FD, apodado «Minnow». Era un disco flexible de 8 pulgadas, de solo lectura, capaz de guardar 80 KB —el equivalente a unas 3.000 tarjetas perforadas—. El diseño del propio drive lo lideró Warren L. Dalziel, mientras que Ralph Flores y Herbert Thompson idearon una funda con tela de limpieza que protegía el disco del polvo cada vez que giraba. El disco era tan flexible —«floppy» en inglés— que ese apodo terminó dándole nombre a toda la categoría.
De IBM a todo el mundo: 8, 5¼ y 3½ pulgadas
Shugart dejó IBM en 1969 y, tras un paso por Memorex —donde su equipo lanzó en 1972 el primer disquete de lectura y escritura—, fundó en 1973 Shugart Associates, que se convirtió en el fabricante dominante de unidades de 8 pulgadas. Pero el gran salto hacia el público general llegó con la miniaturización.
En 1976 apareció el disquete de 5¼ pulgadas, más pequeño y barato, que se volvió el estándar de la primera generación de computadoras personales y guardaba unos 360 KB. Y en 1981, Sony introdujo el formato que casi todos recordamos: el rígido de 3½ pulgadas, con su carcasa dura de plástico y su obturador metálico que se corría al insertarlo. Su versión de «alta densidad», estandarizada en 1987, guardaba 1,44 MB: la cifra que quedó grabada en la memoria de una generación entera. Fue el compañero inseparable del auge del computador de escritorio, esa máquina que dejó de ser exótica como cuenta la historia de la primera computadora personal.
Por qué el botón de «guardar» es un disquete
Cuando los programas gráficos necesitaron un ícono para la acción de guardar, la elección fue obvia: durante los años ochenta y noventa, guardar era literalmente escribir en un disquete. El pequeño rectángulo de 3½ pulgadas, con su etiqueta blanca arriba y su obturador, se convirtió en el símbolo universal de «conservar tu trabajo». Nadie decidió en una reunión que fuera para siempre; simplemente se quedó.
Ese fenómeno tiene nombre: un skeuomorfo, un elemento que conserva la forma de un objeto físico que ya no se usa, solo porque el usuario lo reconoce. Es el mismo tipo de metáfora visual que llenó las pantallas de carpetas, papeleras y escritorios; de hecho, la razón por la que los archivos se llaman «files» pertenece a esa misma familia de guiños a la oficina de papel. Hoy millones de personas tocan a diario un ícono cuya forma real nunca manipularon: para ellas, el disquete no es un objeto, es un pictograma.
La lenta muerte del disquete… y sus reductos
Lo que mató al disquete fue su propia limitación: 1,44 MB se volvieron ridículos cuando una sola foto digital podía pesar más. A finales de los noventa, el CD grabable y luego la memoria USB ofrecieron cientos de veces más capacidad. El golpe simbólico llegó en 1998, cuando Apple lanzó el iMac sin disquetera, algo entonces escandaloso. En 2011, Sony —el último gran fabricante— detuvo su producción.
Y sin embargo, el disquete se resistió a desaparecer en los rincones más críticos. Hasta 2019, el sistema que coordinaba parte del arsenal nuclear de Estados Unidos seguía usando disquetes de 8 pulgadas, precisamente porque su aislamiento los hacía difíciles de hackear. En Japón, cientos de trámites gubernamentales exigían por ley entregar datos en disquete, y no fue sino hasta 2024 cuando el gobierno declaró oficialmente ganada su «guerra contra los disquetes», eliminando las últimas normativas que los obligaban. Un formato de 1971 tardó más de medio siglo en jubilarse del todo.
El fantasma más resistente de la informática
La próxima vez que pulses «guardar» y veas ese cuadradito, piensa que estás tocando el fantasma de una tecnología nacida para arrancar computadoras del tamaño de un armario. El objeto desapareció de los escritorios, pero su imagen sobrevivió porque cumplía una función que nada logró reemplazar: decir «esto es guardar» de un solo vistazo. Como tantas otras piezas de la historia de la tecnología —el módem que sonaba por teléfono o las palabras heredadas de la oficina—, el disquete demuestra que a veces lo que sobrevive de un invento no es el objeto, sino el gesto que enseñó a hacer.
Referencias
- «1971: Floppy disk loads mainframe computer data», Computer History Museum — The Storage Engine. computerhistory.org
- «Floppy disk storage», IBM History. ibm.com
- «From Idea to Icon: 50 Years of the Floppy Disk», How-To Geek. howtogeek.com
- «Japan's government is (finally) done with floppy disks», Popular Science. popsci.com
¿Te gustan estas historias de la tecnología cotidiana? Sigue con por qué los archivos se llaman «files» o explora toda la sección de tecnología.
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