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Ciencia y Tecnología·Curiosidades··5 min de lectura

La historia del módem: cuando internet sonaba por teléfono

El módem convirtió los datos en sonido para viajar por la línea telefónica. Esta es su historia, del Bell 101 de 1958 al chirrido del dial-up.

La historia del módem: cuando internet sonaba por teléfono

Durante casi dos décadas, conectarse a internet empezaba con un ritual sonoro inconfundible: un tono de marcado, unos pitidos, y después ese chirrido áspero, medio metálico, que terminaba en un siseo de estática. Quien vivió los años noventa reconoce ese sonido al instante. Pero pocos sabían que estaban escuchando, en directo, a dos máquinas poniéndose de acuerdo para hablar. El aparato responsable de ese ruido —y de casi toda la comunicación entre computadoras durante medio siglo— es el módem. Esta es su historia.

Qué es un módem y por qué convierte datos en sonido

La palabra módem es la contracción de modulador-demodulador, y ahí está resumido todo lo que hace. Una computadora habla en bits, unos y ceros. La red telefónica, en cambio, fue diseñada para transportar una sola cosa: la voz humana, es decir, sonido analógico. Un módem hace de traductor entre esos dos mundos. En el extremo que envía, modula: convierte los bits en tonos audibles que la línea telefónica sí sabe transportar. En el extremo que recibe, demodula: escucha esos tonos y los vuelve a traducir a unos y ceros.

Por eso el módem suena. Aquel chirrido no era un defecto ni un adorno: era literalmente la voz de tus datos convertidos en audio, viajando por el mismo cable por el que hablabas con tu abuela. La técnica más antigua para lograrlo se llama modulación por desplazamiento de frecuencia (FSK): un tono para representar un «1» y otro tono distinto para el «0». La línea no distingue si al otro lado hay una persona o una máquina; solo transporta sonido.

1958: el primer módem nació de la Guerra Fría

El primer módem no se inventó para navegar ni para chatear, sino para vigilar los cielos. En 1958, AT&T presentó el Bell 101, diseñado para el sistema militar estadounidense SAGE (Semi-Automatic Ground Environment), la gigantesca red de defensa aérea que debía detectar bombarderos soviéticos en plena Guerra Fría. El Bell 101 permitía enviar datos digitales entre computadoras a través de líneas telefónicas normales, a la modestísima velocidad de 110 bits por segundo. En 1959 se ofreció al público, convirtiéndose en el primer módem comercial de la historia.

Cuatro años después llegó el modelo que fijaría el estándar de toda una generación. En 1962, AT&T lanzó el Bell 103, capaz de 300 bits por segundo y —lo importante— full-duplex: podía enviar y recibir al mismo tiempo, con un juego de tonos para cada dirección. El originador usaba tonos de 1.070 y 1.270 Hz; el que respondía, de 2.025 y 2.225 Hz. Durante años, «Bell 103» fue sinónimo de «así se conectan las máquinas».

La demanda que liberó el teléfono

Había un problema legal enorme: AT&T era un monopolio y prohibía conectar a sus líneas cualquier aparato que no fabricara ella misma. Eso cambió con el famoso fallo Carterfone de 1968, cuando la FCC dictaminó que se podían conectar dispositivos de terceros a la red telefónica siempre que no la dañaran. La puerta quedó abierta, y por ella entró una oleada de módems independientes.

Como todavía no siempre se permitía enchufar directamente a la línea, muchos usaban un acoplador acústico: una cuna de goma donde se encajaba el auricular del teléfono. El módem literalmente le «hablaba» a la bocina y «escuchaba» por el micrófono, igual que haría una persona. Modelos como el Novation CAT poblaron los años setenta. Era torpe y ruidoso, pero funcionaba, y sentó las bases de lo que vendría con la llegada de la primera computadora personal a los hogares.

1981: Hayes y el módem que sabía marcar solo

El salto decisivo hacia el módem doméstico llegó en 1981, cuando Dennis Hayes y Dale Heatherington presentaron el Hayes Smartmodem. Los módems anteriores eran tontos: alguien tenía que marcar el número a mano y luego conectar el aparato. El Smartmodem, en cambio, se controlaba por software mediante un conjunto de instrucciones enviadas desde la computadora, el legendario conjunto de comandos AT (por Attention, «atención»). Con un simple ATDT seguido de un número, el módem marcaba solo, esperaba tono, se conectaba y avisaba del resultado.

Fue tan influyente que casi todos los módems fabricados después adoptaron los comandos AT o una variante, y muchos de ellos siguen vigentes hoy en los módems de los teléfonos móviles. El estándar de facto lo puso una pequeña empresa de Georgia, no un gigante, en una historia que recuerda a la de otros inventos cotidianos que triunfaron por ser prácticos, como el teclado QWERTY que sobrevivió a todos sus rivales.

El chirrido explicado: dos máquinas negociando

Y así llegamos al sonido más nostálgico de internet. Cuando tu módem llamaba al del proveedor, ambos no podían simplemente empezar a mandar datos: primero tenían que ponerse de acuerdo. Ese chirrido creciente era el handshake, el «apretón de manos»: un tono de respuesta, señales de prueba que sondeaban la calidad de la línea, y secuencias de entrenamiento con las que medían el ruido y la distorsión de ese cable concreto para decidir a qué velocidad y con qué compresión hablarían.

Se oía por una razón muy práctica: si por error habías marcado a una casa en vez de al proveedor, escuchar el ruido te daba tiempo de descolgar y disculparte. Bastaba enviar el comando ATM0 antes de marcar para silenciarlo, pero por defecto los módems dejaban ese proceso al descubierto. Cada conexión sonaba parecida porque seguía siempre el mismo guion, aunque las máquinas improvisaban según lo mala que estuviera la línea ese día.

Del chirrido a la fibra invisible

La velocidad fue subiendo a saltos: 300, 1.200, 2.400, 9.600, 14.400, 28.800 bits por segundo, hasta el techo del dial-up, los famosos 56k del estándar V.90 a finales de los años noventa. Con eso, una foto tardaba minutos y un disco de música, horas. Luego llegaron el ADSL, el cable y la fibra, que dejaron la línea telefónica libre para hablar mientras navegabas, y el chirrido desapareció de nuestras vidas.

Pero el módem no murió: sigue ahí, dentro del router de tu casa y del chip de tu celular, modulando y demodulando sin que lo oigas, tan invisible como el conector USB-C o la radio Bluetooth. La diferencia es que aquel abuelo ruidoso de los noventa no se escondía: te cantaba, en directo y con voz de estática, el milagro cotidiano de dos máquinas aprendiendo a entenderse.

Referencias

  1. «Bell 101 modem», Wikipedia. en.wikipedia.org
  2. «Bell 103 modem», Wikipedia. en.wikipedia.org
  3. «Hayes Command Set History», Tedium. tedium.co
  4. «The sound of the dialup, pictured and explained», absorptions (windytan). windytan.com

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