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Etimología·Historia·Curiosidades··4 min de lectura

El origen de la palabra asesino: la secta del hachís

«Asesino» viene del árabe hashshashin, «los del hachís»: el mote de una secta medieval liderada por Hasan-i Sabbah desde el castillo de Alamut.

El origen de la palabra asesino: la secta del hachís

Cuando hoy llamamos asesino a quien mata a otra persona, estamos usando, sin saberlo, un apodo medieval cargado de hachís, montañas persas y propaganda de guerra. La palabra no nació describiendo el acto de matar, sino señalando a un grupo muy concreto: una secta que aterrorizó a reyes y cruzados desde castillos casi inexpugnables. Detrás del término hay historia real y, sobre todo, una leyenda que Occidente se encargó de inflar durante siglos.

La secta de la montaña

Hacia 1090, un líder religioso persa llamado Hasan-i Sabbah tomó la fortaleza de Alamut, encaramada en las montañas del norte de la actual Irán. Desde allí fundó el estado de los nizaríes, una rama del islam ismailí chií, y construyó una red de castillos que se extendía por Persia y Siria. Rodeados de enemigos mucho más poderosos —el imperio selyúcida, los abasíes—, los nizaríes recurrieron a un arma que no dependía de grandes ejércitos: el asesinato político selectivo.

Sus agentes, los fidā'īs («los que se sacrifican»), se infiltraban durante meses en la corte de un enemigo y lo eliminaban en público, a menudo a plena luz del día y sin intentar escapar. El objetivo no era solo matar, sino sembrar el terror: cualquier gobernante podía tener a un asesino esperando a su lado sin saberlo. Entre sus víctimas figuran visires, califas y cruzados, y su fama se extendió por todo el Mediterráneo.

De dónde salió realmente la palabra

Sus rivales musulmanes no los llamaban por su nombre. Les colgaron el mote despectivo de ḥašišiyya o ḥaššāšīn, algo así como «los del hachís» o «gentuza de baja ralea». Los cruzados y viajeros europeos que llegaron a Siria oyeron ese apodo, lo tomaron por el verdadero nombre del grupo y se lo llevaron a casa. Del árabe pasó a las lenguas romances: al italiano y al francés como assassin, y de ahí al castellano asesino. Con el tiempo, el nombre de la secta se convirtió en el nombre común de cualquiera que mata por encargo o por motivos políticos.

Es el mismo tipo de salto que ya vimos cuando el apellido de un capitán irlandés se volvió la palabra «boicot»: un nombre propio o un mote que termina designando toda una categoría. Y, como en otras etimologías, el propio origen árabe conecta con la misma época y el mismo mundo del que salió la palabra «algoritmo».

La leyenda del jardín del paraíso

Aquí es donde la historia se vuelve novela. El relato más famoso lo popularizó el veneciano Marco Polo en el siglo XIII. Según él, Hasan-i Sabbah —al que los europeos llamaron «el Viejo de la Montaña»— tenía un jardín secreto lleno de palacios, arroyos de vino y miel, frutas exóticas y hermosas doncellas. A los jóvenes reclutas los drogaban con hachís y, dormidos, los llevaban a ese paraíso durante unas horas. Al despertarlos de vuelta en la fortaleza, les prometían que solo volverían al paraíso si morían cumpliendo las órdenes del maestro. Así, decía la leyenda, se explicaba su fanática entrega.

Es una historia magnífica. También es, casi con certeza, falsa.

Cuando la etimología es propaganda

Los historiadores modernos son muy escépticos con todo el relato del hachís. El especialista Farhad Daftary, en The Assassin Legends, sostiene que fueron los propios europeos quienes fabricaron y difundieron estas historias, mezclando rumores, mala información de los cruzados y un desconocimiento total del mundo ismailí. No hay pruebas fiables de que los nizaríes consumieran hachís para lanzarse al combate; el mote ḥaššāšīn era simplemente un insulto de sus enemigos, no una descripción literal.

De hecho, según textos hallados en la propia Alamut, los seguidores de Hasan-i Sabbah se llamaban a sí mismos asāsiyyūn, «los fieles al fundamento» (la base de la fe). Algunos estudiosos creen que viajeros como Marco Polo confundieron esa palabra con hashish y ataron el cabo equivocado. Sea cual sea la raíz exacta, el resultado es paradójico: llamamos «asesino» a un criminal a partir de un insulto medieval que probablemente ni siquiera era cierto.

Como pasa con el disputado origen de la palabra «gringo», aquí conviven varias explicaciones y una buena dosis de mito. Lo seguro es la historia: una secta real, unas fortalezas reales y unos asesinatos muy reales que dejaron su nombre grabado en media docena de idiomas. La próxima vez que oigas la palabra, recuerda que empezó siendo el apodo burlón de unos guerreros de la montaña a los que sus enemigos acusaban de fumar demasiado.

Referencias

  1. «Order of Assassins», Wikipedia. en.wikipedia.org
  2. «The Assassins», World History Encyclopedia. worldhistory.org
  3. Farhad Daftary, The Assassin Legends: Myths of the Isma'ilis, The Institute of Ismaili Studies. iis.ac.uk
  4. «Asesino», Diccionario etimológico de Chile. etimologias.dechile.net

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «boicot» o explora toda la serie de etimología.

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