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Etimología·Historia·Curiosidades históricas··3 min de lectura

El verdadero origen de la palabra «gringo»

Todos repiten que «gringo» viene de “green go home”, pero la palabra ya existía en España en 1787. Esta es la verdadera historia del término.

Por Edgar Landívar

El verdadero origen de la palabra «gringo»

Si hay una etimología que todo el mundo «conoce», es la de la palabra gringo. La historia se cuenta más o menos así: durante la guerra entre México y Estados Unidos, allá por 1846, los soldados norteamericanos vestían uniformes verdes, y los mexicanos les gritaban «Green, go home!» —verde, vete a casa—. De tanto repetirlo, las dos palabritas se fundieron en una sola: green-go, gringo. Bonito, redondo y fácil de recordar.

Hay variantes para todos los gustos. En una, los soldados cantaban una canción popular que empezaba con «Green grow the lilacs», y los mexicanos los bautizaron por el estribillo. En otra, los batallones se organizaban por colores y a los del verde les gritaban «Green, go!». Todas comparten el mismo encanto… y el mismo problema: son cronológicamente imposibles.

El problema: las fechas no cuadran

Resulta que la palabra «gringo» aparece impresa en España en el siglo XVIII, décadas antes de que existiera siquiera la posibilidad de esa guerra. El jesuita Esteban de Terreros y Pando, que compiló su monumental Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes a mediados del siglo XVIII (publicado entre 1786 y 1788), registró la palabra con esta definición deliciosa:

«Gringos llaman en Málaga a los extranjeros que tienen cierta especie de acento, que los priva de una locución fácil y natural castellana; y en Madrid dan el mismo nombre con particularidad a los irlandeses.»

Es decir: sesenta años antes de la guerra entre México y Estados Unidos (1846–1848), en Málaga y en Madrid ya le decían gringo al extranjero que hablaba un castellano enredado. Y por si la cronología no bastara, hay un detalle adicional que remata la leyenda: los uniformes del ejército norteamericano de aquella época eran azules, no verdes.

La verdadera historia: hablar en griego

La explicación que aceptan los etimólogos —empezando por Joan Corominas, autor del diccionario etimológico de referencia del español— es mucho más antigua y, para mi gusto, más bonita. «Gringo» es una deformación de «griego».

Desde la Edad Media, el griego fue el símbolo universal de lo incomprensible. Los copistas medievales, cuando se topaban con un pasaje en griego que no sabían leer, anotaban al margen: Graecum est, non legitur —«es griego, no se lee»—. La idea quedó grabada en media Europa: en inglés todavía se dice «It's all Greek to me», y Shakespeare ya usaba la expresión en Julio César. En español pasó lo mismo: «hablar en griego» era hablar de forma que nadie entendiera.

De ahí que al extranjero de habla incomprensible se le dijera que hablaba «en griego», y de «griego» el uso popular fue limando la palabra hasta dejarla en «gringo». No era un insulto contra ninguna nacionalidad en particular: era, simplemente, el que habla raro.

El viaje a América

La palabra cruzó el Atlántico con los españoles y, como buena viajera, se fue adaptando a cada puerto. En Argentina y Uruguay, durante el siglo XIX, «gringo» era el inmigrante italiano. En Chile, Perú y Bolivia se aplicó a ingleses y alemanes. En México, Centroamérica y nuestro Ecuador terminó especializándose en el vecino del norte, y por extensión en cualquier extranjero rubio o de piel clara.

Para cuando los soldados de Estados Unidos pisaron México en 1846, la palabra ya llevaba generaciones esperándolos. No la inventaron los gritos de la guerra; la guerra simplemente le dio su cliente más famoso.

La leyenda del green go home es simpática y calza tan bien que da pena desmontarla. Pero, como ya nos pasó con el cocolón, que no viene de «cook too long», y con Chipipe, que no viene de «shit pipe», las palabras casi siempre tienen biografías más largas y más interesantes que la leyenda urbana de turno. Desconfíe usted de toda etimología que parezca demasiado perfecta.


¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de la palabra «ostracismo» y el origen de la palabra «sibarita», o explora toda la serie de etimología.

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