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Etimología·Lingüística·Historia··2 min de lectura

Sarcasmo: la palabra que significa «morder la carne»

El «sarcasmo» viene del griego «sarkázein»: morder o desgarrar la carne. La misma raíz que el sarcófago. Una ironía que, literalmente, muerde.

Por Edgar Landívar

Sarcasmo: la palabra que significa «morder la carne»

Decimos que un comentario «muerde», que una broma es «cortante», que una respuesta «desgarra». Resulta que no son simples metáforas: cuando hablamos de sarcasmo, estamos usando, sin saberlo, una palabra que en su origen significaba literalmente arrancar la carne a mordiscos. La etimología, esta vez, es tan violenta como el peor de los comentarios.

Una palabra con dientes

«Sarcasmo» llegó al español a través del latín tardío sarcasmus, pero su corazón es griego. Viene del verbo sarkázein, que los griegos usaban para describir a los perros que desgarran la carne, y también el gesto de morderse los labios de rabia o enseñar los dientes con desprecio. De ahí pasó a significar «hablar con amargura, herir con palabras».

La raíz de todo es sárx, sarkós: «carne». Así que un sarcasmo no es un chiste cualquiera, sino una mordida verbal: la imagen de alguien que, en lugar de clavar los dientes en la piel del otro, le clava una frase.

Los parientes incómodos del sarcasmo

Lo más sabroso es la familia que esa raíz «carnívora» dejó regada por el idioma. De sárx también nace el sarcófago: la palabra significa «comecarne», porque los griegos creían que cierta piedra caliza usada para los ataúdes consumía los cuerpos que guardaba. Y de la misma raíz viene el sarcoma, el tumor que crece en los tejidos «carnosos» del cuerpo. Sarcasmo, sarcófago y sarcoma son, etimológicamente, primos hermanos: todos hablan de carne, y ninguno augura nada bueno.

Es un patrón que se repite en el griego, esa cantera inagotable de palabras precisas y crueles que también nos dio el destierro político del ostracismo y el mito detrás del narcisista.

Por qué el sarcasmo «duele»

La etimología, en este caso, describe con una exactitud incómoda lo que sentimos. Un buen sarcasmo dice una cosa para significar la contraria, y lo hace con una sonrisa que no engaña a nadie. No busca solo hacer reír: busca marcar, dejar una pequeña herida en el orgullo del otro. Por eso lo asociamos con el filo, el corte, el mordisco. La palabra ya traía esa carga miles de años antes de que existieran el sarcasmo de oficina o el del comentario en redes.

Los griegos, que inventaron buena parte de nuestro vocabulario para nombrar lo que la mente y la lengua pueden hacer, no se anduvieron con rodeos: para ellos, herir con ironía era una forma de morder. La próxima vez que alguien le suelte un sarcasmo redondo, tiene todo el derecho a sentirse, lingüísticamente hablando, un poco devorado.

Referencias

  1. Henry George Liddell y Robert Scott, A Greek-English Lexicon, s. v. «σαρκάζω» (sarkázō).
  2. Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, s. v. «sarcasmo». dle.rae.es
  3. Douglas Harper, Online Etymology Dictionary, s. v. «sarcasm». etymonline.com

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «ostracismo» o explora toda la serie de etimología.

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