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Etimología·Curiosidades·Historia··4 min de lectura

El origen de la palabra «chuchaqui»

«Chuchaqui» es la resaca a la ecuatoriana, una palabra que casi nadie entiende cruzando la frontera. Su origen está en el quichua y en la hoja de coca.

Por Edgar Landívar

El origen de la palabra «chuchaqui»

Hay pocas palabras tan ecuatorianas como chuchaqui. La sabe usar cualquier niño antes de saber qué significa de verdad, y describe con una precisión envidiable ese estado lamentable de la mañana siguiente: la boca seca, la cabeza que retumba, el estómago en huelga y el arrepentimiento profundo de haber dicho «la última y nos vamos». Lo curioso es que, si usted cruza la frontera y se queja de su chuchaqui, lo más probable es que no le entiendan nada. La palabra es nuestra, y su biografía es mucho más antigua que la cerveza que la provocó.

Una palabra que solo se entiende en Ecuador

El malestar posterior a la borrachera tiene un nombre distinto en casi cada país de habla hispana. En España y buena parte de América es resaca; en México, cruda; en Colombia, guayabo; en Chile, caña; en Venezuela, ratón; en Centroamérica, goma. La medicina, que para todo tiene una palabra seria, lo llama veisalgia. Pero en Ecuador —y prácticamente solo en Ecuador— se llama chuchaqui.

Esa exclusividad no es casualidad: chuchaqui no viene del español, sino del quichua, la lengua que se hablaba en estas tierras mucho antes de que llegara el primer barril de aguardiente. Es uno de tantos quichuismos que se colaron en nuestro castellano cotidiano y se quedaron a vivir, como ñaño, guagua o achachay. Solo que este, en lugar de nombrar a un hermano o al frío, terminó nombrando una de las experiencias más universales de la humanidad.

La raíz quichua: «chaki» y la hoja de coca

La explicación que repiten los diccionarios y los lingüistas hace remontar la palabra al quichua «chaki» (también escrito chaqui), y la conecta con un malestar muy concreto: el que dejaba masticar hojas de coca.

Mascar coca —el acullico o chacchado de los Andes— es una práctica milenaria entre los pueblos indígenas de Sudamérica. La hoja, mezclada con un poco de ceniza alcalina, suelta un estimulante suave que quita el hambre, el cansancio y el soroche de la altura. Pero cuando el efecto pasa, deja detrás una sensación apagada, una especie de desgano y resequedad. A ese bajón posterior se le decía, en quichua, algo emparentado con chaki. La metáfora hacia el día después de la fiesta era casi inevitable: el cuerpo molido, la boca seca y las ganas de no existir un rato.

Pero «chaki» significa, sobre todo, «seco»

Y aquí está el detalle que hace que la etimología encaje a la perfección. En quechua, la raíz ch'aki / chaki significa, en su sentido más básico, «seco», y por extensión, «sed». Los vocabularios coloniales del quechua —empezando por el del jesuita Diego González Holguín, de 1608— ya registraban la palabra con ese significado. Y si hay una sensación que define el día después, no es otra que esa: la sed, la boca de cartón, las ganas de beber agua a litros.

De hecho, en los Andes centrales —el sur del Perú y buena parte de Bolivia— a la resaca la llaman directamente ch'aki: «estoy de ch'aki» es, literalmente, «estoy seco». La misma raíz, el mismo malestar, dos países más al sur. Lo que hizo el quichua ecuatoriano fue tomar esa raíz y duplicar el sonido inicial hasta dejarlo en chu-chaki, chuchaqui. Esa repetición expresiva, ese reduplicar sílabas para enfatizar, es un recurso muy propio de la lengua: el idioma estira y golpea las palabras para que pesen más en la boca. No hay, por más que alguien lo haya bromeado por ahí, ningún prefijo griego ni latino escondido en ese «chu» inicial; es quichua de principio a fin.

Así que la próxima vez que amanezca con chuchaqui, consuélese pensando que está pronunciando un pequeño fósil del idioma de los incas y de la hoja de coca, una palabra que ha sobrevivido siglos esperando, paciente, cada mañana siguiente. Como ya nos pasó con el cocolón, que no viene de «cook too long», con el término «pelucón» y con el verdadero origen de «gringo», las palabras más nuestras casi siempre tienen una historia más larga y más interesante de lo que imaginamos.

Referencias

  1. Carlos Joaquín Córdova, El habla del Ecuador. Diccionario de ecuatorianismos, Universidad del Azuay, Cuenca, 1995, s. v. «chuchaqui».
  2. Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario de americanismos, 2010, s. v. «chuchaqui» (Ec., «malestar que se siente al día siguiente de haber bebido en exceso»). asale.org
  3. Diego González Holguín, Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada lengua qquichua o del Inca, Lima, 1608, s. v. «chhaqui / chaki» ('cosa seca').
  4. El Telégrafo, «¿Qué significa chuchaqui?», sección Sociedad. eltelegrafo.com.ec

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el verdadero origen de «gringo» y los orígenes de «cocolón», o explora toda la serie de etimología.

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