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Ciencia y Tecnología·Curiosidades··5 min de lectura

Teflón: el accidente de laboratorio que llegó a tu sartén

El teflón nació de un accidente de laboratorio en 1938, sirvió en la bomba atómica y acabó en tu sartén antiadherente. Esta es su historia.

Teflón: el accidente de laboratorio que llegó a tu sartén

Cada vez que un huevo frito se desliza de la sartén sin dejar rastro, estás usando el resultado de un experimento que salió mal. El teflón no se inventó para cocinar: nació por accidente en un laboratorio químico, pasó por el proyecto secreto de la bomba atómica y solo décadas después terminó recubriendo las sartenes del mundo entero. Es una de esas historias en las que un descubrimiento nace buscando otra cosa por completo.

El cilindro que no quería vaciarse

La mañana del 6 de abril de 1938, un joven químico de la empresa DuPont llamado Roy Plunkett trabajaba en el laboratorio Jackson, en Nueva Jersey. Su encargo no tenía nada de glamuroso: buscaba un nuevo gas refrigerante no tóxico para neveras, y para ello experimentaba con un gas llamado tetrafluoroetileno (TFE), que almacenaba comprimido en cilindros metálicos.

Esa mañana, uno de los cilindros no soltó gas al abrir la válvula. Pero al pesarlo comprobó que seguía tan pesado como lleno: algo había dentro. Intrigado, Plunkett y su ayudante cortaron el cilindro por la mitad y encontraron un polvo blanco, ceroso y resbaladizo pegado a las paredes. El gas se había polimerizado solo: sus moléculas se habían unido en largas cadenas formando un sólido nuevo, el politetrafluoroetileno (PTFE). En lugar de tirar el cilindro echado a perder, Plunkett tuvo la curiosidad de preguntarse qué era esa sustancia. Como en tantos grandes hallazgos, se trata de un caso de libro de serendipia: encontrar algo valioso mientras buscabas otra cosa.

El material más resbaladizo del mundo

Aquel polvo tenía propiedades desconcertantes. Era inerte a casi todos los químicos conocidos: ni los ácidos más agresivos lo atacaban. Aguantaba temperaturas extremas sin descomponerse, no se disolvía en nada y, sobre todo, era increíblemente resbaladizo. De hecho, el PTFE es una de las sustancias con menor coeficiente de fricción que existen; prácticamente nada se adhiere a él.

La razón está en su química. Cada cadena de PTFE es una espina dorsal de átomos de carbono blindada por átomos de flúor, que forman con el carbono uno de los enlaces más fuertes de la química orgánica. Ese escudo de flúor es tan estable y compacto que ninguna otra molécula encuentra dónde agarrarse. DuPont patentó el material en 1941 y registró la marca Teflon en 1945. Pero para entonces la sustancia ya tenía un uso secreto muy distinto de una cocina.

Un secreto de la bomba atómica

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Proyecto Manhattan —el programa que construyó la bomba atómica— se topó con un problema químico endiablado. Para enriquecer uranio había que manejar hexafluoruro de uranio, un gas tan corrosivo que devoraba los sellos, juntas y válvulas de las tuberías por donde circulaba. Casi ningún material resistía su ataque.

Casi ninguno, salvo el nuevo plástico inerte de DuPont. El PTFE, capaz de aguantar el químico más agresivo, se convirtió en el sellado ideal para las gigantescas plantas de difusión gaseosa de Oak Ridge, en Tennessee, con sus cientos de kilómetros de tuberías. El material era tan estratégico que su existencia se mantuvo clasificada durante buena parte de la guerra. El teflón, que hoy asociamos a una tortilla, empezó su vida útil como pieza secreta de la carrera nuclear.

De la sartén de Colette a tu cocina

El salto a la cocina no lo dio DuPont, sino un ingeniero francés. A comienzos de los años cincuenta, Marc Grégoire usaba teflón para recubrir moldes y facilitar el desmoldado de cañas de pescar de fibra de vidrio. Fue su esposa, Colette Grégoire, quien tuvo la idea decisiva: si esa sustancia impedía que las cosas se pegaran, ¿por qué no aplicarla a sus sartenes? Le pidió que probara.

Costó lograr que el plástico resbaladizo se adhiriera al aluminio caliente —justamente porque el teflón no se pega a nada, pegarlo a una sartén era el reto—, pero Grégoire lo consiguió y patentó el método en 1954. En 1956 la pareja fundó la empresa Tefal, un nombre que fusiona Teflón y aluminio, con un eslogan que lo decía todo: «la sartén que de verdad no se pega». El éxito fue arrollador: hacia 1960 vendían tres millones de artículos al año. La sartén antiadherente había llegado para quedarse.

La otra cara del milagro

El teflón parecía un material perfecto, pero su historia tiene una sombra. Durante décadas, fabricar PTFE requirió un compuesto auxiliar llamado PFOA (ácido perfluorooctanoico), parte de la familia de las sustancias perfluoradas hoy conocidas como PFAS o «químicos eternos», porque casi no se degradan en el ambiente. Investigaciones y demandas revelaron que la exposición al PFOA se asociaba a problemas de salud, y la industria terminó eliminándolo de la fabricación a partir de la década de 2010.

Conviene precisar: el recubrimiento de PTFE ya cocido en una sartén moderna se considera estable en uso normal; la preocupación se centró en los procesos de fabricación y en la contaminación ambiental, no en el huevo frito de esta mañana. Es una historia parecida, en su tensión entre utilidad y riesgo, a la de cuando el plomo estaba en casi todo: materiales que resolvían un problema y creaban otro que tardamos en entender.

Así que la próxima vez que veas un huevo deslizarse por la sartén sin esfuerzo, recuerda la cadena improbable que hizo posible ese gesto: un refrigerante que no salió, un cilindro que no se vació, un secreto de guerra y la ocurrencia de una mujer francesa que miró un molde de pescar y pensó en la cena. No muy distinto, en el fondo, de cómo un chocolate derretido dio origen al microondas.

Referencias

  1. «Roy J. Plunkett», Science History Institute: la biografía del químico y el accidente del 6 de abril de 1938 en el laboratorio Jackson de DuPont. sciencehistory.org
  2. «The Long, Strange History of Teflon», Smithsonian Magazine: del descubrimiento accidental al uso en el Proyecto Manhattan y su vida comercial. smithsonianmag.com
  3. «Marc Grégoire», Wikipedia: el ingeniero francés, la idea de Colette y la fundación de Tefal en 1956. wikipedia.org
  4. «The history of PFAS: From World War II to your Teflon pan», Manufacturing Dive: el PFOA, los «químicos eternos» y su eliminación de la fabricación. manufacturingdive.com

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