La viruela: la enfermedad que cambió imperios
La viruela mató a unos 300 millones de personas en el siglo XX, ayudó a derrumbar imperios enteros y fue la primera enfermedad humana erradicada.

Durante más de tres mil años, la viruela fue una de las enfermedades más temidas del planeta. No respetaba fronteras ni clases sociales: mató a faraones, emperadores y campesinos por igual, dejó ciegos y marcados de por vida a millones de supervivientes y, en más de una ocasión, decidió el destino de civilizaciones enteras. Solo en el siglo XX se calcula que causó unos 300 millones de muertes. Y sin embargo, es la única enfermedad humana que la medicina ha logrado borrar por completo de la faz de la Tierra.
Una enfermedad milenaria
La viruela estaba causada por el virus variola, y su rastro es antiquísimo. Las pústulas mejor conservadas que conocemos aparecen en la piel momificada del faraón Ramsés V, muerto hacia el año 1145 a. C. Desde entonces recorrió el mundo antiguo por las rutas comerciales y militares: hay descripciones compatibles con la enfermedad en la China de la dinastía Han, en la India, en el Imperio romano —la llamada peste antonina del siglo II pudo estar relacionada— y en la Europa medieval.
Los síntomas eran atroces: fiebre alta, y luego una erupción de pústulas que cubría el cuerpo, incluidas la cara, las palmas y las plantas de los pies. En sus formas más graves mataba a alrededor de un tercio de los infectados; a quienes sobrevivían solía dejarles cicatrices profundas y, con frecuencia, ceguera. Era una compañera tan constante de la vida humana que muchas culturas la trataban casi como un rito de paso inevitable de la infancia.
El arma involuntaria que derribó imperios
El episodio más dramático de la historia de la viruela ocurrió al otro lado del Atlántico. Cuando los europeos llegaron a América a principios del siglo XVI, trajeron consigo un virus para el que las poblaciones indígenas no tenían ninguna defensa inmunitaria: nunca habían estado expuestas a él.
En 1520, durante la campaña de Hernán Cortés, la viruela llegó a Tenochtitlan, la capital azteca. Se calcula que en un solo año la epidemia mató a una fracción enorme de la población de la ciudad —algunas estimaciones hablan de hasta un 40 %— y descabezó su liderazgo en el peor momento posible. Un puñado de españoles no habría podido doblegar a una ciudad de cientos de miles de habitantes; el virus hizo buena parte del trabajo. Cortés tomó la capital en 1521.
Algo parecido ocurrió más al sur. La viruela se adelantó a los propios conquistadores y llegó al Imperio inca hacia mediados de la década de 1520, antes de que Francisco Pizarro pusiera un pie en los Andes. La enfermedad mató al emperador Huayna Cápac y a su heredero, desatando una guerra civil entre sus hijos Huáscar y Atahualpa que dejó al imperio dividido y exhausto justo cuando llegaron los españoles. En buena medida, la viruela reescribió el mapa del continente. No es casualidad que a menudo se hable de las enfermedades importadas como el verdadero motor de la conquista, un fenómeno que también aparece cuando se estudia cómo Europa aprendió a aislar a los enfermos con la cuarentena.
Los primeros intentos de defensa
Mucho antes de que existiera una vacuna, distintas culturas descubrieron por su cuenta una idea audaz: exponer deliberadamente a una persona sana a una forma leve de la enfermedad para protegerla de una grave. Era la variolización. En China se practicaba desde hacía siglos soplando costras de viruela molidas en la nariz; en la India y en el mundo otomano se inoculaba material de una pústula bajo la piel.
Fue en Constantinopla donde una aristócrata inglesa, Lady Mary Wortley Montagu, esposa del embajador británico, vio el método en acción hacia 1717. Ella misma había sobrevivido a la viruela, que le había arruinado el rostro y matado a un hermano. Convencida, hizo inocular a sus propios hijos y, al volver a Londres, impulsó la técnica en Gran Bretaña hacia 1721, en plena epidemia. La variolización funcionaba a menudo, pero era arriesgada: un pequeño porcentaje de los inoculados enfermaba de gravedad o moría por el propio «tratamiento».
El salto decisivo llegó en 1796, cuando el médico rural Edward Jenner demostró que inocular la inofensiva viruela de las vacas protegía contra la humana, sin apenas riesgo. De ese hallazgo nació la palabra «vacuna» —una historia que merece capítulo aparte y que contamos en el origen de la palabra «vacuna»—. Por primera vez, la humanidad tenía un arma real contra su vieja enemiga.
La única enfermedad humana erradicada
Tener la vacuna no bastaba: había que llevarla, dosis a dosis, hasta el último rincón del mundo. En 1967 la Organización Mundial de la Salud lanzó un programa mundial de erradicación intensificada. En lugar de intentar vacunar a todos, la estrategia clave fue la vigilancia y contención: detectar cada brote y vacunar en anillo a todos los contactos alrededor para cortar la cadena de transmisión.
Funcionó. El último caso natural de la variante más grave se registró en 1975, y el último caso natural de viruela en el mundo fue el de Ali Maow Maalin, un cocinero de hospital de Somalia, diagnosticado en octubre de 1977. Sobrevivió, y ninguno de sus numerosos contactos se contagió. Tras dos años de búsqueda sin hallar un solo caso nuevo, la OMS declaró oficialmente la erradicación de la viruela en 1980. Fue —y sigue siendo— la primera y única enfermedad humana eliminada por completo gracias a la vacunación.
La historia de la medicina está llena de estas batallas largas y sorprendentes, como la corteza que se convirtió en remedio contra la malaria y en gin tonic. Pero pocas terminan tan bien. Hoy el virus variola solo existe, congelado, en dos laboratorios de máxima seguridad, uno en Estados Unidos y otro en Rusia. Una enfermedad que durante milenios cambió el rumbo de imperios acabó reducida a dos congeladores vigilados: quizá el mayor triunfo de la salud pública en la historia.
Referencias
- «Smallpox», Organización Mundial de la Salud (OMS). who.int
- «History of Smallpox», Centers for Disease Control and Prevention (CDC). cdc.gov
- «Smallpox», Encyclopædia Britannica. britannica.com
- «Ali Maow Maalin», Wikipedia. en.wikipedia.org
¿Te interesan las historias detrás de la ciencia? Sigue con el origen de la palabra «vacuna» o explora toda la sección de historia.
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