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Ciencia y Tecnología·Curiosidades··6 min de lectura

Qué significa WiFi y por qué no significa nada

WiFi no es la sigla de «Wireless Fidelity»: es una palabra inventada por una agencia de marca. Te contamos su origen real y cómo funciona la señal.

Qué significa WiFi y por qué no significa nada

Es una de esas preguntas de sobremesa que parecen tener respuesta fácil: ¿qué significa WiFi? Casi todo el mundo responde lo mismo, con la seguridad de quien recita una verdad evidente: «Wireless Fidelity», fidelidad inalámbrica. Suena lógico, suena técnico, suena a que alguien lo pensó bien. El problema es que es falso. WiFi no significa eso. En realidad, WiFi no significa nada: es una palabra que una agencia de publicidad se sacó de la manga porque «IEEE 802.11b» no cabía en ningún anuncio. Esta es la historia de cómo el nombre más repetido de la tecnología moderna terminó siendo un rima sin sentido.

Primero existió la tecnología, no el nombre

Antes del nombre bonito hubo años de ingeniería nada glamorosa. En 1997, un comité técnico llamado IEEE publicó el estándar 802.11, las reglas que permiten que dos aparatos intercambien datos por radio en vez de por cable. Aquella primera versión alcanzaba unos modestos 2 Mbit/s y trabajaba en la banda libre de 2,4 GHz, la misma franja sin licencia que usan los microondas y el Bluetooth. No era rápido ni barato, pero funcionaba: era posible conectar una computadora a una red sin arrastrar un cable por el piso.

Buena parte del truco para que esa señal sobreviviera al ruido vino de un lugar insólito: la radioastronomía. En los años ochenta, el ingeniero australiano John O'Sullivan y su equipo del organismo científico CSIRO intentaban detectar los débiles ecos de radio de diminutos agujeros negros al explotar. El experimento astronómico fracasó, pero la técnica de procesamiento de señales que inventaron para rescatar una señal débil entre la interferencia resultó perfecta para transmitir datos por el aire en una habitación llena de estorbos. CSIRO la patentó en 1992 y esa matemática terminó incrustada en el corazón del 802.11. Quien puso orden en todo aquello, coordinando a fabricantes que no se ponían de acuerdo, fue el ingeniero Vic Hayes, que presidió el grupo del estándar y por eso suele llamarse «el padre del WiFi».

El problema: nadie iba a pedir «802.11b» en una tienda

Para 1999, la tecnología estaba lista, pero tenía un defecto comercial fatal: su nombre. Imagine entrar a una tienda y preguntar por un «router IEEE 802.11b Direct Sequence». Los fabricantes sabían que con semejante nombre el invento jamás saldría del mundo de los ingenieros. Peor aún: cada marca vendía su versión y nada garantizaba que el equipo de una funcionara con el de otra, justo el problema de incompatibilidad que había frenado a otras tecnologías.

Para resolverlo, un grupo de empresas fundó en 1999 una alianza con otro nombre impronunciable —la Wireless Ethernet Compatibility Alliance (WECA)— con dos misiones: certificar que los aparatos de distintas marcas se entendieran entre sí, y encontrar un nombre que un ser humano normal pudiera recordar. Para lo segundo hicieron lo que hace cualquier empresa seria: contrataron a una agencia de branding, la firma Interbrand.

El nombre que no quiere decir nada

Interbrand entregó una lista de una decena de nombres posibles. El elegido fue Wi-Fi, y la razón era puramente sonora: rimaba con Hi-Fi, la vieja etiqueta de «alta fidelidad» que desde los años cincuenta acompañaba a los buenos equipos de sonido. La idea era que el oído asociara WiFi con algo de calidad, tal como Hi-Fi evocaba un buen tocadiscos. Pero era solo eso: un juego de palabras, un eco fonético. Wi-Fi no era la abreviatura de nada.

Quien lo ha dicho con más claridad es Phil Belanger, uno de los miembros fundadores de la alianza que presidió la elección del nombre: «WiFi no significa nada. No es un acrónimo. No hay ningún significado». Punto. La palabra nació vacía, a propósito, como una marca cualquiera.

De dónde salió el mito de «Wireless Fidelity»

Entonces, ¿por qué media humanidad jura que significa «Wireless Fidelity»? Por un error de la propia alianza. Según cuenta Belanger, varios colegas se pusieron nerviosos: no concebían lanzar un nombre sin una explicación literal detrás, algo que la gente pudiera «entender». Así que, como concesión, aceptaron acompañar el logotipo con un eslogan: «The Standard for Wireless Fidelity» (el estándar para la fidelidad inalámbrica).

Fue, en palabras del propio Belanger, un error. Aquella frase de relleno hizo creer a todo el mundo que WiFi era la sigla de «Wireless Fidelity», cuando el eslogan se había inventado después de elegir el nombre, precisamente para justificar un nombre que no necesitaba justificación. La alianza terminó retirando la coletilla, pero ya era tarde: el malentendido se había vuelto más popular que la verdad. Es un caso de manual de cómo una palabra llega a su destino por caminos absurdos y luego el público le inventa un origen que suena mejor. Hasta el logo —ese símbolo de yin y yang en blanco y negro— salió de la misma agencia, y no esconde ningún mensaje secreto.

Cómo funciona la señal que hoy llamamos WiFi

Más allá del nombre, lo que ocurre cuando su celular «se conecta al WiFi» es elegante. El router traduce los datos de internet en ondas de radio y las emite en la banda de 2,4 GHz o en la de 5 GHz. El aparato receptor —teléfono, laptop, televisor— capta esas ondas con su antena y las vuelve a convertir en unos y ceros. Es una conversación de radio de ida y vuelta, invisible y a la velocidad de la luz, muy parecida en principio a la de otras señales inalámbricas que usamos a diario.

La banda de 5 GHz, más moderna, ofrece más velocidad pero menos alcance: las ondas más cortas atraviesan peor las paredes. Por eso la señal se debilita al alejarse del router o al cruzar tabiques, y por eso a veces conviene un repetidor. Y como esa misma banda de 2,4 GHz está saturada de aparatos —del microondas al Bluetooth de los audífonos—, las versiones modernas del estándar hacen malabares para esquivar la interferencia y repartir el aire entre decenas de dispositivos a la vez.

Una palabra hueca que llenó el mundo

Cada generación trae su etiqueta comercial —WiFi 5, WiFi 6, WiFi 7— que no es más que una forma amable de nombrar versiones del estándar 802.11 cuyos códigos seguirían sin caber en un anuncio. La marca cumplió exactamente lo que Interbrand prometió: hoy «WiFi» es una de las palabras más pronunciadas del planeta, y casi nadie sabe que no quiere decir absolutamente nada. Como tantas tecnologías cotidianas, la usamos sin pensar; solo que esta, además, carga con un nombre que fue inventado para no significar nada… y con un mito que insiste en darle un significado que nunca tuvo.

Referencias

  1. «Wi-Fi», Wikipedia (el nombre fue acuñado por la firma Interbrand como juego de palabras con «hi-fi»; no es un acrónimo de «Wireless Fidelity»). en.wikipedia.org
  2. Cory Doctorow, «WiFi isn't short for "Wireless Fidelity"», Boing Boing, 2005 (recoge la declaración de Phil Belanger, miembro fundador de la Wi-Fi Alliance, explicando que el nombre no significa nada y que el eslogan «Wireless Fidelity» fue un añadido posterior). boingboing.net
  3. «What Does 'Wi-Fi' Stand For?», Snopes, 2024. snopes.com
  4. «Bringing fast wireless connectivity to the world», CSIRO (la patente de 1992 del equipo de John O'Sullivan, nacida de la radioastronomía, quedó incorporada al estándar 802.11). csiro.au

¿Te gustan las tecnologías cotidianas que casi nadie entiende? Sigue con cómo funciona el Bluetooth y el rey vikingo de su nombre o con cómo funciona el NFC.

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