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Historia·Ecuador·Antigüedades·Curiosidades históricas··3 min de lectura

Rescatando a la Torre Bardellini

Estuvo en el Malecón solo cuatro años antes de caer por mal cálculo estructural. Reconstruyo en 3D la torre del reloj que Guayaquil casi olvida.

Por Edgar Landívar

Rescatando a la Torre Bardellini

Hay edificios que desaparecen y, sin embargo, siguen dando vueltas en la cabeza.

No es que estorben. Dan vueltas, precisamente, porque ya no están. Eso me pasó con la Torre Bardellini. La había visto en fotos antiguas del Malecón, pero casi siempre como aparecen las cosas que la historia no tuvo tiempo de retratar bien: al fondo, borrosa, tapada por cables y postes, recortada por la mala fortuna de haber existido antes de que todos cargáramos una cámara en el bolsillo.

No es la Torre Morisca que conocemos hoy, sino una anterior: un ensayo extraño, elegante y fugaz que durante apenas cuatro años sostuvo el reloj público de Guayaquil.

Fue construida en el Malecón, frente a la calle 10 de Agosto. La obra fue adjudicada al ingeniero Nicolás Virgilio Bardellini —de quien tomó el nombre— y se inauguró el 25 de abril de 1923. Medía unos 23,5 metros, estaba formada por cuatro volúmenes cúbicos que crecían hacia arriba y terminaba en una cúpula. En la parte superior se montó la maquinaria del reloj municipal (Urbipedia — Torre del Reloj, Guayaquil).

Duró poco. En 1927 el reloj fue desmontado, guardado, y la torre demolida. La razón que se repite en las crónicas es dura y sencilla: la estructura tenía problemas de cálculo y no soportaba bien su propio peso.

Una cosa es saber que una torre existió. Otra muy distinta es saber cómo era. No queda un plano detallado, ni una memoria descriptiva, ni una fotografía de alta resolución que nos lo diga con certeza. Reconstruirla en 3D, a partir de las imágenes que sobreviven y del lenguaje arquitectónico de la época, es la forma más honesta que se me ocurre de decir: “quizá se veía de esta manera”.

Modelo 3D de la Torre Bardellini

Arrastra con el ratón o el dedo para rotarla; usa la rueda o pellizca para acercarte.

Reconstrucción 3D (hipótesis visual) — pesa ~28 MB, puede tardar unos segundos.

Una torre de transición

Antes de la Bardellini, el reloj público había pasado por otros lugares. Hay referencias desde la época colonial, incluso vinculadas a los jesuitas, y luego el reloj fue instalado en la Casa del Cabildo. En 1842 llegó desde Inglaterra una nueva máquina, gestionada durante el gobierno de Vicente Rocafuerte, y ese reloj sería el que continuó su vida en las distintas torres de Guayaquil.

Después de la Bardellini vendría la Torre Morisca, inaugurada en 1931, la que hoy conocemos cerca del Palacio Municipal (Municipio de Guayaquil — Torre Morisca). La Bardellini fue, más bien, la torre intermedia: una idea de ciudad que se levantó, se probó, falló estructuralmente y fue reemplazada.

Esa época es clave. Guayaquil estaba pasando de una arquitectura dominada por la madera a una más pesada, más “moderna”, más resistente al fuego, con cemento, hierro y hormigón. A finales de los años veinte y principios de los treinta la construcción en cemento ya estaba muy extendida, y varias compañías —incluidas empresas con técnicos italianos— tuvieron un papel importante en esa transformación urbana (El Telégrafo — La arquitectura de Guayaquil).

Era una modernidad con adornos: cornisas, cúpulas, pilastras, arcos, relojes enormes y edificios que hablaban con solemnidad. No es casual que pocos años después la Torre Morisca adoptara un lenguaje aún más reconocible, con cúpula árabe-bizantina y detalles moriscos. La Bardellini, en cambio, era otra cosa: menos famosa, menos sobreviviente, quizá menos refinada. Pero no por eso menos interesante.

Fuentes consultadas

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