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Historia·Curiosidades históricas··3 min de lectura

El canal se construyó en Panamá gracias a una estampilla

En junio de 1902, cada senador de EE.UU. recibió una estampilla de Nicaragua con un volcán humeante. Tres días después, el canal se fue a Panamá.

Por Edgar Landívar

El canal se construyó en Panamá gracias a una estampilla

Hoy parece inevitable que el canal interoceánico esté en Panamá, pero durante medio siglo el candidato favorito fue otro: Nicaragua, con su ruta «natural» por el río San Juan y el gran lago. En noviembre de 1901, la comisión oficial del gobierno de Estados Unidos recomendó formalmente la ruta nicaragüense, y la Cámara de Representantes la aprobó por aplastante mayoría. Si usted hubiera apostado en ese momento, habría apostado por Nicaragua. Lo que torció la historia en los meses siguientes fue una mezcla de dinero, lobby — y, en el último acto, el objeto más pequeño que haya decidido jamás una obra de ingeniería: una estampilla de un centavo.

El vendedor más motivado del mundo

Del lado panameño empujaba Philippe Bunau-Varilla, un ingeniero francés con un interés nada sentimental: era accionista de la compañía que heredó las ruinas del intento francés de canal —el fracaso colosal de Lesseps— y necesitaba que Estados Unidos comprara esos activos. Su primera jugada fue brutalmente efectiva: la compañía bajó el precio de sus derechos y excavaciones de 109 a 40 millones de dólares, y la misma comisión que había recomendado Nicaragua se retractó en enero de 1902. De pronto Panamá era la opción barata. Pero el Senado seguía dividido, y Nicaragua seguía siendo la favorita sentimental.

El año en que los volcanes salieron en los diarios

Entonces la geología entró en campaña. El 8 de mayo de 1902, el monte Pelée, en la isla caribeña de Martinica, arrasó la ciudad de Saint-Pierre y mató a unas treinta mil personas en minutos — la peor catástrofe volcánica del siglo. Los volcanes pasaron de curiosidad científica a terror de portada. Y resulta que Nicaragua tiene una hilera entera de ellos, incluido el Momotombo, del que llegaron reportes de actividad ese mismo año. El gobierno nicaragüense, oliendo el peligro para su canal, lo negó todo oficialmente: en Nicaragua no había volcanes activos, punto.

Bunau-Varilla, que conocía el país, recordó algo delicioso: Nicaragua había emitido en 1900 una estampilla postal que mostraba con orgullo el Momotombo humeando majestuosamente detrás de un muelle. El país negaba en los despachos diplomáticos lo que celebraba en su propio correo. El francés recorrió las tiendas filatélicas de Washington, compró noventa ejemplares, pegó cada uno en una hoja y se lo envió a cada senador de Estados Unidos con una leyenda seca: «Testigo oficial de la actividad volcánica de Nicaragua». Era el 16 de junio de 1902. Tres días después, el Senado eligió Panamá: 42 votos contra 34.

¿De verdad fue la estampilla?

Esta serie tiene la costumbre de desconfiar de las historias perfectas, así que seamos honestos: los historiadores consideran que la estampilla fue el florete final, no la espada. Lo decisivo fue el descuento de 69 millones, el lobby incansable, y el discurso del senador Hanna con sus mapas de volcanes. Puede que ningún senador cambiara su voto por una estampilla. Pero el margen fue de ocho votos, la imagen del volcán humeante llegó tres días antes de votar, en el año en que un volcán caribeño acababa de matar a treinta mil personas — y la estampilla era, a diferencia de los discursos, evidencia emitida por el propio acusado. Como mínimo, fue el golpe de teatro mejor ejecutado de la historia parlamentaria.

El resto es conocido y ya lo hemos rozado en este blog: Colombia rechazó el tratado, Panamá se independizó en 1903 con bendición estadounidense, el canal se inauguró en 1914 y hasta le regaló su nombre a un sombrero ecuatoriano. Nicaragua se quedó esperando un canal que todavía, más de un siglo después, le siguen prometiendo cada tantos años. Y el Momotombo sigue ahí, humeando de vez en cuando — el único volcán del mundo que aparece en los libros de historia no por sus erupciones, sino por su carrera filatélica. El Darién ya había demostrado que esa franja de tierra podía quebrar países; en 1902 demostró que también podía elegirlos.

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