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Etimología·Historia·Curiosidades históricas··6 min de lectura

El origen de «OK»: la abreviatura más famosa del mundo

¿De dónde viene «OK»? La palabra más usada del planeta nació en 1839 como una broma de periódico en Boston: la abreviatura de «oll korrect».

El origen de «OK»: la abreviatura más famosa del mundo

Es, con buenos argumentos, la palabra más usada del mundo. La decimos en español, en inglés, en japonés y en swahili; la escribimos en un mensaje, la contestamos con la cabeza y la pulsamos como botón mil veces al día. Y sin embargo casi nadie sabe de dónde viene OK. Circulan decenas de teorías —que si es una palabra india, que si griega, que si africana, que si el nombre de unas galletas del ejército—, pero la verdadera historia es a la vez más tonta y más divertida: OK nació el 23 de marzo de 1839 como un chiste tipográfico en un periódico de Boston, la abreviatura de una frase mal escrita a propósito. Que semejante broma se haya convertido en el término más universal del idioma humano es una de las mayores casualidades de la lengua.

Una moda de abreviaturas mal escritas

Para entender el chiste hay que viajar al Boston de finales de la década de 1830. Entre los jóvenes cultos de la ciudad se había puesto de moda un juego de ingenio: coger una frase corriente, escribirla mal a propósito y luego abreviarla por sus iniciales. Cuanto más absurda era la deformación, más gracia tenía. Así nacieron abreviaturas efímeras como O.W. por «oll wright» (una forma jocosa de all right, «todo bien»), K.Y. por «know yuse» (por no use, «no sirve») o N.S. por «nuff said» (enough said, «basta de hablar»).

Dentro de esa fiebre de siglas, alguien decidió abreviar all correct —«todo correcto»— pero deformándolo antes en «oll korrect». De ahí salieron las dos letras: O.K. No había ninguna lengua antigua detrás, ningún jefe indio ni ningún puerto exótico. Solo el humor absurdo de unos periodistas a los que les hacía gracia escribir mal. Es el mismo tipo de origen prosaico y casi decepcionante que descubrimos cuando rastreamos la verdadera historia de la palabra «gringo»: la explicación real casi nunca es la leyenda bonita que todos repiten.

23 de marzo de 1839: la broma que lo empezó todo

El primer OK impreso del que tenemos constancia apareció en el Boston Morning Post el sábado 23 de marzo de 1839. Su editor, Charles Gordon Greene, escribía una nota burlona a costa de un periódico rival, el Providence Journal, y en medio de la chanza deslizó la sigla, aclarando entre paréntesis su significado: o.k. — all correct. El lector cómplice entendía la doble broma: la sigla y la falta de ortografía que la escondía.

Podría haber quedado en un chiste local perdido en una columna de 1839, como tantas otras siglas de aquella moda que hoy nadie recuerda. Que sepamos todo esto con fecha exacta se lo debemos a un solo hombre: el lingüista Allen Walker Read, profesor de la Universidad de Columbia, que en los años sesenta se pasó años rebuscando en periódicos antiguos y publicó una serie de artículos en la revista American Speech (1963-1964) donde reconstruyó, paso a paso, el nacimiento y la expansión de la palabra. Fue él quien fijó la partida de nacimiento de OK y quien, de paso, desmontó una por una las falsas etimologías.

Old Kinderhook: la campaña que consagró las dos letras

Una broma de periódico se agota rápido. Lo que salvó a OK del olvido fue la política. En 1840, el presidente Martin Van Buren buscaba la reelección. Van Buren había nacido y crecido en el pueblo de Kinderhook, en el estado de Nueva York, y sus partidarios lo apodaban «Old Kinderhook», «el viejo de Kinderhook». Alguien reparó en que las iniciales del apodo eran precisamente O.K., la sigla que ya circulaba por Boston.

El hallazgo era demasiado bueno para desaprovecharlo. Los demócratas fundaron por todo el país los «OK Clubs», clubes de apoyo cuyo nombre funcionaba en dos niveles: era el apodo del candidato y, a la vez, el guiño a la sigla de moda que significaba «todo correcto». La palabra saltó de la columna humorística a las pancartas, los mítines y los periódicos de todo Estados Unidos. Van Buren perdió aquellas elecciones frente a William Henry Harrison, pero OK ganó: la campaña la había grabado en la cabeza de millones de personas y ya no iba a salir de allí.

Las etimologías falsas: indios, griegos, galletas y puertos

Precisamente porque su origen real es tan modesto, a OK se le fueron colgando historias más vistosas. Durante más de un siglo se dieron por ciertas explicaciones que hoy sabemos falsas, y algunas siguen circulando:

La más persistente es la del choctaw, una lengua indígena del sureste de Estados Unidos, en la que existe una partícula afirmativa que suele transcribirse okeh, «así es». La teoría llegó a tener tanto prestigio que el presidente Woodrow Wilson, convencido de ella, escribía «okeh» al aprobar documentos. Pero Read no encontró ningún camino documentado que llevara de la palabra choctaw a los periódicos de Boston de 1839.

Hay muchas más. Que venía del griego ola kala (όλα καλά, «todo bien»), supuestamente escrito por maestros griegos en los cuadernos de sus alumnos. Que procedía de Orrin Kendall, un fabricante de galletas del ejército cuyas cajas llevaban las iniciales O.K. Que nacía de Aux Cayes, un puerto de Haití famoso por su ron. Que era el apellido de un tal Obadiah Kelly, empleado de ferrocarril que marcaba con sus iniciales la carga revisada. O que se remontaba a un jefe indígena llamado Old Keokuk que firmaba así los tratados. Todas comparten el encanto de una buena anécdota y el mismo defecto: ninguna resiste el rastreo de las fechas.

De un chiste a la palabra universal

Lo asombroso de OK es hasta dónde llegó desde tan poco. De una broma tipográfica de 1839 pasó al telégrafo, donde su brevedad la hizo insustituible para confirmar que un mensaje había llegado «correcto»; de ahí a la industria, a la aviación, a la informática —el botón «Aceptar» de cualquier pantalla es su heredero directo— y finalmente a casi todos los idiomas del planeta, muchas veces sin traducirse. Pocas palabras han viajado tanto y tan lejos partiendo de un origen tan humilde.

Al final, la historia de OK es un recordatorio de lo caprichosa que es la lengua: no siempre gana la palabra más noble o más antigua, sino la más útil y la que tuvo la suerte de subirse al vagón adecuado en el momento adecuado. Como ocurre con la palabra «algoritmo», que viajó de Bagdad a ChatGPT, o con «sándwich», nacida del nombre de un conde jugador, detrás de los términos que damos por eternos suele esconderse una escena concreta, casual y muchas veces ridícula. La próxima vez que digas «OK», recuerda que estás repitiendo un chiste de periodistas bostonianos de hace casi dos siglos.

Referencias

  1. «OK», Online Etymology Dictionary: resume el origen en el «oll korrect» del Boston Morning Post (1839) y el refuerzo de Old Kinderhook en la campaña de 1840, siguiendo la investigación de Allen Walker Read. etymonline.com
  2. «How ‘OK’ Became America’s Favorite Word», History.com: relata el chiste de Charles Gordon Greene, la moda de abreviaturas y los OK Clubs de Van Buren. history.com
  3. «How One Man Discovered the Obscure Origins of the Word ‘OK’», Smithsonian Magazine: sobre Allen Walker Read y sus artículos en American Speech (1963-1964) que fijaron el origen y descartaron las teorías falsas. smithsonianmag.com
  4. «OK», Wikipedia: recopila las etimologías propuestas —choctaw okeh, griego ola kala, galletas Orrin Kendall, Aux Cayes, Old Keokuk— y por qué la del Boston Morning Post es la aceptada. en.wikipedia.org

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el verdadero origen de «gringo» y el de «algoritmo», o explora toda la serie de etimología.

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