Nostalgia: la palabra que fue un diagnóstico médico
La «nostalgia» nació en 1688 como una enfermedad mortal: un médico suizo la inventó para el mal de los soldados que añoraban su hogar.

Hoy la nostalgia es un sentimiento agridulce y hasta agradable: la canción que nos devuelve a la adolescencia, el olor que nos lleva a la cocina de la abuela. Cuesta imaginar que esa palabra naciera como el nombre de una enfermedad grave, capaz de matar, y que durante más de un siglo los médicos la trataran con la misma seriedad que a una fiebre. Pero así fue: la nostalgia tiene fecha de nacimiento, autor y un diagnóstico clínico.
Un estudiante inventa una palabra en 1688
La palabra la acuñó en 1688 un joven médico suizo, Johannes Hofer, en su tesis doctoral en Basilea. Hofer necesitaba un término culto para nombrar un mal que veía a su alrededor y que en alemán llamaban Heimweh, «dolor del hogar». Echó mano del griego, como tantos otros, y combinó dos raíces: nóstos, «el regreso a casa», y álgos, «dolor». Nostalgia: el dolor por el regreso, la pena de no poder volver.
No fue el único término que se sacó de la manga en aquella época de palabras inventadas con precisión quirúrgica; siglos después, otros seguirían el mismo método para bautizar fenómenos sin nombre, como cuando se acuñó «petricor» para el olor de la lluvia.
La enfermedad mortal de los soldados suizos
Para Hofer y sus colegas, la nostalgia no era una metáfora poética, sino una dolencia real y peligrosa. Sus víctimas más célebres eran los mercenarios suizos, que servían en ejércitos por toda Europa, lejos de sus valles y sus montañas. Lejos de casa, algunos caían en una melancolía profunda: dejaban de comer, adelgazaban, ardían en fiebre, se apagaban. Y algunos, efectivamente, morían.
El cuadro era tan reconocido que los mandos militares tomaban medidas insólitas. Se cuenta que en algunos regimientos suizos llegó a prohibirse cantar o tocar ciertas tonadas alpinas —el Ranz des Vaches, la melodía con que los pastores llamaban al ganado—, porque despertaba en los soldados un anhelo tan violento por el hogar que los empujaba a desertar o a enfermar de nostalgia. Una canción podía desarmar a todo un batallón.
De diagnóstico a sentimiento
Durante los siglos XVIII y XIX, los médicos discutieron mucho sobre la nostalgia: dónde se alojaba en el cuerpo, si era del cerebro o del alma, cómo curarla. La única receta que funcionaba de verdad era también la más obvia: mandar al enfermo de vuelta a casa.
Con el tiempo, sin embargo, la palabra se fue «desmilitarizando» y «desmedicalizando». Dejó de ser el mal de los soldados desarraigados para volverse algo más amplio y más suave: no solo la añoranza de un lugar, sino la de un tiempo. Hoy no sentimos nostalgia únicamente de nuestra tierra, sino de nuestra infancia, de una época, de personas que ya no están. La enfermedad se transformó en emoción.
Una palabra que cambió de género
Es uno de los viajes semánticos más bonitos que conozco: una palabra que empezó en la fría jerga de un hospital del siglo XVII y terminó siendo la materia de la que están hechas las canciones, las películas y las tardes de domingo. Como pasa con «serendipia», la palabra que nació en una carta de 1754, a veces sabemos exactamente cuándo y por qué apareció un término, y aun así lo usamos como si hubiera existido desde siempre. La nostalgia, irónicamente, ya nos da nostalgia de lo que un día significó.
Referencias
- Johannes Hofer, Dissertatio medica de nostalgia, oder Heimwehe, Basilea, 1688.
- Svetlana Boym, The Future of Nostalgia, Basic Books, 2001.
- Jean Starobinski, «The Idea of Nostalgia», Diogenes, vol. 14, n.º 54, 1966.
¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «serendipia» o explora toda la serie de etimología.
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