Avatar: del descenso de un dios a tu foto de perfil
La palabra «avatar» viene del sánscrito y nombraba la encarnación terrenal de un dios hindú. Así viajó de Vishnú a tu foto de perfil en internet.
Hoy un avatar es lo más cotidiano del mundo digital: la foto de perfil, el muñequito que nos representa en un videojuego, la cara que ponemos en una videollamada cuando no queremos mostrar la real. Usamos la palabra mil veces sin sospechar que estamos invocando, cada vez, a un dios hindú bajando del cielo. Porque «avatar» empezó siendo un término profundamente religioso, y su viaje hasta tu pantalla es uno de los más largos y extraños que ha hecho una palabra.
El descenso de los dioses
«Avatar» viene del sánscrito avatāra, que significa literalmente «descenso». Se forma con ava- («hacia abajo») y una raíz que significa «cruzar» o «pasar»: la idea de algo que baja, que cruza desde lo divino hacia lo terrenal.
En el hinduismo, un avatar es la encarnación de una divinidad que desciende al mundo para cumplir una misión. Los más famosos son los diez avatares de Vishnú, el dios que, según la tradición, baja a la Tierra en distintas formas cada vez que el orden cósmico se tambalea: un pez, una tortuga, un jabalí, un león, y también figuras tan célebres como Rama, Krishna o, según algunas escuelas, el propio Buda. Cada avatar es un cuerpo prestado por un dios para caminar entre los mortales.
De la India a los diccionarios de Occidente
La palabra llegó al inglés y a otras lenguas europeas hacia finales del siglo XVIII, de la mano de los orientalistas británicos que estudiaban y traducían los textos sagrados de la India colonial. Al principio era un tecnicismo religioso, pero pronto se aflojó: se empezó a usar para cualquier encarnación o manifestación de una idea o una cualidad. Se podía decir que alguien era «el avatar de la elegancia» o «el avatar del mal».
Es el mismo tipo de viaje semántico que han hecho otras palabras con biografía rastreable, como cuando la «nostalgia» pasó de ser una enfermedad mortal a un sentimiento: el término sobrevive, pero su significado se transforma por completo.
El salto a la pantalla
El último gran giro llegó con la informática. En los años ochenta, los primeros mundos virtuales necesitaban una palabra para nombrar el cuerpo digital con el que un usuario se movía dentro de la pantalla. Algunos videojuegos pioneros la tomaron prestada del hinduismo: si el jugador «descendía» a un mundo virtual encarnado en un personaje, ¿qué mejor nombre que avatar? La idea se popularizó en la ciencia ficción de los noventa y, con el tiempo, se volvió el término universal para nuestra representación en internet.
La metáfora, bien mirada, es preciosa y exacta. Cuando creamos un avatar, hacemos algo muy parecido a lo que la mitología atribuía a Vishnú: tomamos un cuerpo distinto del nuestro para descender a otro mundo —el digital— y actuar allí. Cambió el cielo por la nube, y al dios por un usuario, pero la idea de fondo es la misma que hace tres mil años.
Una palabra que sigue descendiendo
Pocas palabras resumen tan bien el cruce entre lo antiguo y lo nuevo. «Avatar» une, en cuatro sílabas, los himnos védicos de la India con la pantalla de tu teléfono. Y como tantas palabras que parecen recién inventadas, en realidad llevaba siglos esperando el momento de volver a descender. Es, sin saberlo, una de esas palabras cuya verdadera historia parece mentira, igual que «serendipia», nacida en una carta de 1754.
Referencias
- Monier Monier-Williams, A Sanskrit-English Dictionary, Oxford, 1899, s. v. «avatāra».
- Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, s. v. «avatar». dle.rae.es
- Douglas Harper, Online Etymology Dictionary, s. v. «avatar». etymonline.com
¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «nostalgia» o explora toda la serie de etimología.
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