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Etimología·Lingüística·Ecuador··4 min de lectura

El origen de la palabra guagua en los Andes

«Guagua» significa bebé en buena parte de los Andes y viene del quechua y aimara wawa. Esta es la historia de la palabra y de su curioso doble: el autobús.

El origen de la palabra guagua en los Andes

En buena parte de Sudamérica, llamar «guagua» a un bebé es lo más natural del mundo. En Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y el sur de Colombia, una guagua es una criatura pequeña, un recién nacido, y muchas veces también un apodo cariñoso para un hijo, sin importar la edad. La palabra suena tan cotidiana que casi nadie se detiene a pensar de dónde viene. Y sin embargo, detrás de esas dos sílabas hay una de las lenguas más habladas de América antes de la llegada de los españoles, y una historia que termina, de manera inesperada, en un autobús.

Una palabra que viene del quechua (y del aimara)

«Guagua» es un préstamo de las lenguas andinas. En quechua y en aimara la palabra es wawa, y significa exactamente lo mismo: niño pequeño, bebé, cría. Es un término antiquísimo, compartido por las dos grandes familias lingüísticas del altiplano, lo que da una idea de lo profundamente enraizado que está en la cultura andina.

Cuando esa voz pasó al español, sufrió un cambio fonético muy regular. El sonido /w/ del quechua, que en español no tenía una grafía cómoda, se adaptó como /gu/: el mismo fenómeno que convierte el inglés whisky en «güisqui» o que explica por qué muchos hablantes dicen «güevo» por «huevo». Así, wawa se volvió guagua, una palabra perfectamente castellana en su forma pero indígena en su corazón. No es un caso aislado: el español andino está lleno de estos préstamos, como el soroche del mal de altura o el chuchaqui de la resaca quiteña.

Por qué suena casi como un llanto

Hay una teoría encantadora sobre por qué la palabra es wawa y no otra cosa: sería de origen onomatopéyico. Es decir, imitaría el sonido que hace un bebé al llorar —ese «¡guaaa, guaaa!» universal— igual que «pío» imita al pájaro o «tic-tac» al reloj. No es una idea exclusiva del quechua: en muchísimos idiomas del mundo, sin contacto entre sí, las palabras para «bebé» o «mamá» se parecen sospechosamente (baby, baba, mama, papa), porque nacen de los primeros balbuceos que un niño puede pronunciar.

Sea o no onomatopeya, lo cierto es que guagua ya aparece documentada en textos del español americano desde el siglo XVII y nunca dejó de usarse. A diferencia de tantos cultismos que se sienten ajenos, esta es una palabra de la intimidad: la que dice una madre, la que se susurra junto a una cuna. Por eso ha sobrevivido cinco siglos sin perder ni un gramo de ternura.

De las cunas a los altares: las guaguas de pan

En Ecuador, la palabra dio origen a una de las tradiciones más queridas del año. Cada 2 de noviembre, en el Día de los Difuntos, las panaderías se llenan de guaguas de pan: figuras de masa con forma de niño envuelto, decoradas con colores y rellenas de dulce, que se acompañan con la espesa y morada colada morada. La guagua de pan representa, de forma tierna, a los seres queridos que ya no están, especialmente a los más pequeños.

El nombre lo dice todo. Viene del aimara y quechua t'anta wawa, literalmente «niño de pan» (t'anta es pan; wawa, niño). En 2023, el Ministerio de Cultura del Ecuador incluyó la colada morada y las guaguas de pan en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, reconociendo que esas figuras comestibles son mucho más que un postre: son memoria, identidad y un puente entre vivos y muertos que se mastica una vez al año.

El otro guagua: el que tiene ruedas

Aquí viene la sorpresa. Si un cubano, un canario, un puertorriqueño o un dominicano oye «guagua», no piensa en un bebé: piensa en un autobús. Y no, no es la misma palabra que viajó cambiando de sentido. Son dos homónimos con orígenes completamente distintos que, por casualidad, suenan igual.

La guagua-autobús es de origen cubano y nació en el siglo XX a partir del inglés waggon («vagón», «carromato»), pronunciado más o menos como «guagón». De Cuba el término saltó a Canarias llevado por los emigrantes, y hoy esos cuatro lugares —Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y las Islas Canarias— son casi los únicos del mundo hispanohablante donde uno «coge la guagua» para ir al trabajo. Es uno de esos casos en que dos palabras nacidas en mundos opuestos —el altiplano andino y un puerto caribeño— terminan escribiéndose exactamente igual, como ocurre también con tantas palabras de raíz indígena que el español absorbió y transformó.

Así que la próxima vez que alguien diga «guagua», vale la pena preguntarse a cuál se refiere. Puede ser un autobús cubano con ecos del inglés, o puede ser lo que fue primero y lo que sigue siendo en la mitad de un continente: la manera más antigua y más dulce de nombrar a un recién nacido, una palabra que los pueblos andinos llevan diciéndose, junto a sus hijos, desde mucho antes de que existiera el español.

Referencias

  1. Eva Bravo, «Guagua: una palabra viajera con alma americana». ebravo.es
  2. RAE-ASALE, Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española, s. v. «guagua». rae.es
  3. «T'anta wawa», Wikipedia. en.wikipedia.org
  4. Infobae, «Colada morada y guagua de pan: la historia de una tradición prehispánica». infobae.com

¿Te gustan las historias detrás de las palabras? Sigue con el origen de «soroche» o explora toda la serie de etimología.

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