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Historia·Ecuador·Curiosidades históricas··5 min de lectura

La fiebre del cacao: cuando Ecuador movía fortunas

Entre 1880 y 1920 Ecuador fue el mayor exportador de cacao del mundo. La «pepa de oro» levantó fortunas en Guayaquil hasta que una plaga lo derrumbó todo.

La fiebre del cacao: cuando Ecuador movía fortunas

Durante medio siglo, un pequeño país sudamericano alimentó buena parte del chocolate del planeta. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Ecuador fue el primer exportador de cacao del mundo, y la semilla que lo hizo posible recibió un apodo que lo dice todo: la «pepa de oro». Esa fiebre del cacao construyó mansiones en Guayaquil, financió una revolución y mandó a familias enteras a vivir a París. Y después, casi tan rápido como llegó, una plaga silenciosa la borró del mapa.

Una semilla antiquísima

El cacao no llegó a Ecuador: salió de ahí. Hallazgos arqueológicos en la cultura Mayo-Chinchipe, en la Amazonía sur del país, muestran que ese fruto se cultivaba y consumía hace más de 5.000 años, lo que la convierte en una de las evidencias más antiguas de domesticación del cacao en el mundo. Mucho antes de que los aztecas batieran su bebida amarga —la misma de la que nació la palabra «chocolate»—, la planta ya tenía siglos de historia en las estribaciones andinas.

De ahí salió una variedad propia, el cacao Nacional, célebre por su aroma floral y su sabor complejo. Los comerciantes que remontaban el río Guayas preguntaban a los campesinos de dónde venían aquellos granos perfumados, y la respuesta era siempre la misma: «de arriba», río arriba. Así, sin proponérselo, nació el nombre con el que los chocolateros europeos lo bautizaron y lo siguen pidiendo: cacao «Arriba».

El boom de la «pepa de oro»

A partir de 1870, la demanda mundial de cacao se disparó. Europa y Estados Unidos se habían enamorado del chocolate sólido y dulce, y necesitaban materia prima a raudales. La costa centro-sur del Ecuador, en torno al puerto de Guayaquil, respondió plantando cacaotales hasta donde alcanzaba la vista. Las cifras del despegue son brutales: el país pasó de exportar unos 172.000 quintales de promedio en la década de 1861-1870 a más de 817.000 en la de 1911-1920, rozando el millón de quintales en sus mejores años, hacia 1916.

En su apogeo, Ecuador surtía más de la mitad del cacao fino del planeta. El cacao encabezó las exportaciones nacionales durante décadas y se convirtió en el motor de toda la economía. Fue un caso clásico de monocultivo afortunado, parecido a otras fiebres de materia prima que enriquecieron regiones enteras de un día para otro, como cuando el caucho hizo de la Amazonía el lugar más rico del planeta.

Los «Gran Cacao»

Toda esa riqueza se concentró en un puñado de familias dueñas de las grandes haciendas. Se las conoció como los «Gran Cacao»: apellidos como Aspiazu, Seminario, Morla, Durán Ballén o Rosales que acumularon una fortuna y un poder político descomunales. Tan ricos eran que muchos vivían a caballo entre Guayaquil y París, educaban a sus hijos en Europa y movían sus capitales a través de la banca guayaquileña, que ellos mismos controlaban.

Ese dinero no se quedó al margen de la política. La oligarquía agroexportadora de la costa fue el gran respaldo económico de la Revolución Liberal de 1895 y de su líder, el general Eloy Alfaro. El cacao, literalmente, ayudó a financiar el bando que transformó el Ecuador moderno: el ferrocarril, el laicismo, el registro civil. Por unas décadas, la pepa de oro no solo movía fortunas: movía el país entero.

El derrumbe

La caída empezó con el dinero. La Primera Guerra Mundial trastornó los mercados y hundió los precios, y al mismo tiempo aparecieron competidores formidables: las colonias africanas, sobre todo la Costa de Oro (la actual Ghana), y Brasil empezaron a inundar el mercado con cacao más barato. La cuota ecuatoriana del comercio mundial se desplomó.

Pero el golpe definitivo no fue económico, sino biológico. Hacia 1916 apareció en la zona de Balao un hongo, la «monilla» (moniliasis), que pudría la mazorca antes de cosecharla. Y en 1922 llegó algo peor: la «escoba de bruja», una enfermedad que no solo arruinaba el fruto sino que deformaba y mataba la planta entera. Sin fungicidas eficaces ni conocimiento para combatirlas, las dos plagas arrasaron los cacaotales: la producción cayó hasta cerca del 30 % de lo que había sido. La pepa de oro se pudría en el árbol.

Cruces sobre el agua

El desplome del cacao no fue solo un problema de hacendados. Cuando se rompió la cadena de pagos, llegaron las quiebras, el desempleo y una miseria que se sintió con fuerza en Guayaquil, la ciudad que había vivido del puerto y de la pepa de oro. La tensión estalló en una huelga general y, el 15 de noviembre de 1922, las fuerzas del orden dispararon contra los trabajadores reunidos en el centro de la ciudad. Las estimaciones hablan de entre mil y mil quinientos muertos, cuyos cuerpos fueron arrojados al río Guayas. La memoria popular la recuerda como la masacre de «las cruces sobre el agua».

Fue el reverso oscuro de la fiebre: la misma economía de monocultivo que había levantado fortunas dejó a miles de personas sin nada cuando el árbol enfermó. Como en toda burbuja —desde el caucho amazónico hasta cualquier auge de un solo producto—, lo que sube rápido suele caer igual de rápido, y el costo lo paga quien menos tiene.

El regreso de la pepa de oro

La variedad Nacional quedó tan diezmada que estuvo a punto de perderse. En 2009, el instituto agrícola ecuatoriano INIAP analizó el ADN de miles de árboles por todo el país y descubrió que, de unas 11.000 muestras, solo seis eran cacao Nacional genéticamente puro. El aroma legendario casi se extingue con las plagas.

Y sin embargo, un siglo después, el cacao volvió a ser orgullo ecuatoriano. Hoy el país produce más del 60 % del cacao fino de aroma del mundo, el más cotizado para el chocolate de alta gama, y los precios internacionales viven un nuevo auge. La historia de la pepa de oro es la de un país que tuvo el mejor cacao del planeta, lo perdió por una plaga y una guerra, y tardó cien años en recuperar el trono. Pocas semillas han cargado con tanto: fortuna, revolución, tragedia y, al final, una segunda oportunidad.

Referencias

  1. «Nacional (cacao)», Wikipedia. es.wikipedia.org
  2. «Historia del cacao», Anecacao (Asociación Nacional de Exportadores de Cacao). anecacao.com
  3. «Huelga general de noviembre de 1922», Wikipedia. es.wikipedia.org
  4. «La época cacaotera del Ecuador», Taller de Historia Económica. the.pazymino.com

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